Las ciudades europeas están en la primera línea de los efectos del cambio climático sobre la salud. En las del sur del continente, la mortalidad relacionada con el calor ha aumentado un 160,6 % entre la década de 1991-2000 y el periodo 2015-2024, según el primer informe sobre ciudades de Lancet Countdown Europe, publicado este jueves. Los ayuntamientos han ampliado sus planes climáticos, pero esas medidas no avanzan al ritmo de unos riesgos que siguen creciendo.

Sumario

 

El trabajo se ha publicado en la revista The Lancet Public Health (1) y se ha presentado en Barcelona. En él han participado 58 expertos de 31 instituciones académicas, que han analizado 28 indicadores de clima y salud en más de 850 ciudades europeas (2). Lancet Countdown Europe está codirigido por Cathryn Tonne, del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), y Joacim Rocklöv, de la Universidad de Heidelberg (Alemania).

 

Calor, incendios y polen en aumento

 

Europa se calienta más deprisa que cualquier otra región del mundo, y las ciudades son el lugar donde muchos de esos impactos sobre la salud se sienten con más fuerza. Según el informe, la isla de calor urbana –el fenómeno por el que la ciudad acumula más calor que el campo que la rodea–, la alta densidad de población y el propio entorno construido amplifican la exposición de los vecinos a los peligros climáticos.

Las olas de calor y los incendios forestales de este año no son catástrofes aisladas, sino síntomas de un clima que se está calentando

JOSÉ CHEN, Lancet Countdown Europe

“Las olas de calor y los incendios forestales de este año no son catástrofes aisladas, sino síntomas de un clima que se está calentando”, ha afirmado José Chen, investigador y autor principal del informe de Lancet Countdown Europe. Chen ha advertido de que ese calentamiento hace más probables los fenómenos extremos, cada vez más frecuentes y peligrosos, y ha defendido que los datos permiten señalar dónde se concentran los mayores riesgos.

Esos riesgos no se reparten por igual. El informe subraya que afectan de forma desproporcionada a la salud de niños, personas mayores, trabajadores al aire libre y comunidades con bajos ingresos. Además del salto en la mortalidad por calor, el sur de Europa es donde más ha aumentado el peligro de incendios forestales: un 7 % entre 2003 y 2023.

El calor no es la única amenaza. Las concentraciones de polen alergénico se han más que duplicado en las ciudades del sur y del este de Europa entre 1991-2000 y 2015-2024, lo que aumenta la exposición de las personas con rinitis alérgica, la inflamación de la nariz provocada por la alergia.

Algo similar ocurre con las enfermedades transmitidas por mosquitos. La idoneidad climática para el dengue –es decir, lo favorables que son las condiciones del clima para su transmisión– ha aumentado un 369,3 % en las ciudades de Europa oriental en el periodo 2015-2024, en comparación con 1982-2010.

 

España: dónde se disparan las muertes

 

En las ciudades españolas analizadas, la mortalidad anual atribuible al calor ha pasado de una media de 82,8 muertes por millón de habitantes en 1991-2000 a 176,3 en 2015-2024: más del doble. No son fallecimientos certificados como golpes de calor, sino una estimación epidemiológica de las muertes que provocan las altas temperaturas, expresada por millón de habitantes para comparar ciudades de tamaño muy distinto.

Castellón de la Plana encabeza el aumento: su mortalidad atribuible al calor ha pasado de 25,7 a 168,1 muertes anuales por millón de habitantes

Castellón de la Plana encabeza el aumento: su mortalidad atribuible al calor ha pasado de 25,7 a 168,1 muertes anuales por millón de habitantes, un 553,5 % más. Le siguen Torrevieja (Alicante), con un aumento del 529,3 % hasta 229 muertes por millón, y Barcelona, con un 482,6 %, tras pasar de 28 a 165.

Completan la lista de mayores subidas Sagunto (323,1 %), Eivissa (286,3 %) y Torrejón de Ardoz (279 %). En el extremo opuesto se sitúan Pontevedra, con un alza del 13 %; Irún, con un 10 %, y Oviedo, donde la tasa ha bajado un 7 %.

Las mayores subidas no coinciden con las tasas más altas. Jaén registra la mayor mortalidad atribuible al calor, con unas 371 muertes anuales por millón, frente a 129 en los años noventa. Le siguen Linares (324), Talavera de la Reina (312) y Salamanca (309), mientras que las tasas más bajas corresponden a A Coruña (63), Ferrol (79) y Vigo (93).

Las ciudades más cálidas no son necesariamente las que más muertes por calor acumulan: entre las tasas más elevadas figuran también ciudades del interior con temperaturas medias más bajas, como Salamanca, Zamora, Ávila o León. Llevado a cifras absolutas, en Torrevieja, con unos 113.000 habitantes, la tasa actual equivale a unos 26 fallecimientos al año.

El diseño urbano también pesa. En Granada, entre 2003 y 2020 se registraron más de 300 días en los que la temperatura de la ciudad superó en más de 1,5 °C a la de las zonas rurales cercanas, un ejemplo del efecto de isla de calor.

 

Ciudades más verdes, pero sin fondos

 

El informe también recoge buenas noticias. En el 88 % de las ciudades analizadas, las medidas para hacerlas más verdes y menos propensas a absorber calor, como las superficies reflectantes, se han asociado con una menor intensidad de la isla de calor urbana en verano. De media, esa intensidad se ha reducido 0,7 °C en los meses estivales entre 2014 y 2019.

Algunos avances ya se han logrado a escala urbana en toda Europa, y las ciudades más verdes ya están proporcionando beneficios medibles

Algunos avances ya se han logrado a escala urbana en toda Europa, y las ciudades más verdes ya están proporcionando beneficios medibles, subraya el informe. Entre 2000 y 2020, los mayores aumentos de la cubierta arbórea urbana se han registrado en el norte de Europa, con un 24,5 %, y en el este, con un 21,8 %.

Las ciudades son cada vez más reconocidas como actores esenciales de la transición climática en Europa, pero su ambición supera a menudo su capacidad de ejecución. Casi un tercio de las ciudades encuestadas señala las limitaciones financieras y técnicas como obstáculos importantes para abordar los problemas de clima y salud (3).

Las necesidades de financiación adicional comunicadas por las ciudades se concentran en transporte (16,4 %), edificios (14,3 %) y energías renovables (13,6 %). En 2024, las urbes declararon contar con fondos para el 94,5 % de sus 1.519 acciones de adaptación y para el 63,3 % de sus 1.967 acciones de mitigación.

La salud, sin embargo, apenas aparece en esos proyectos. Solo el 0,5 % de las actuaciones de adaptación y mitigación comunicadas por las ciudades se dirige directamente a los sistemas y servicios sanitarios.

Anil Markandya, profesor Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3) y colaborador del análisis socioeconómico del informe, ha señalado que los nuevos datos urbanos muestran cómo el calor, el riesgo de enfermedades infecciosas, el peligro de incendios y la exposición al polen están elevando los riesgos para la salud de millones de residentes urbanos.

Para cerrar esa brecha, los autores piden a los gobiernos más inversión pública y privada en la adaptación local, una gobernanza más sólida entre administraciones y la integración de la salud pública en la política climática. Barrios verdes, aire limpio, transporte público y activo –a pie o en bicicleta– y sistemas alimentarios más saludables pueden, según el trabajo, reducir emisiones y mejorar la salud física y mental.

Debemos aprovechar su ambición y garantizar que las ciudades cuenten con los medios necesarios para proteger la salud y el bienestar

CATHRYN TONNE, Lancet Countdown Europe

“Debemos aprovechar su ambición y garantizar que las ciudades cuenten con los medios necesarios para proteger la salud y el bienestar de las poblaciones de toda Europa”, ha reclamado Cathryn Tonne, codirectora de Lancet Countdown Europe. Para Tonne, las ciudades tienen una oportunidad única de ofrecer a sus residentes un futuro más saludable, sostenible y resiliente.

 

Referencias

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