Las ONG ecologistas que asistieron a la última Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP19) celebrada hace dos semanas en Varsovia, criticaron que se hubiera designado como sede de la misma la capital de Polonia, un país nada escrupuloso en materia medioambiental que todavía genera en torno al 90% de su electricidad y el 85% de su calefacción empleando como materia prima el carbón, una de las fuentes energéticas más contaminantes y que contribuye en mayor medida al calentamiento global.

Hasta 1989, esto podría haberse considerado una herencia de más de cuatro décadas de régimen comunista. Pero, alegando los elevados costes de la reconversión que le reclama la Unión Europea, las autoridades democráticas no han hecho nada para renovar la infraestructura de generación energética y el peso de la industria del carbón en la política interna no parece ajeno a este inmovilismo.

En 2011, el Gobierno polaco proclamó que había rebajado las emisiones un 29% respecto a los valores de 1988 (el año base establecido por el Protocolo de Kioto para fijar objetivos de reducción). Pero los expertos atribuyen esa disminución al colapso y cierre de numerosas industrias pesadas que siguió a la caída del comunismo. Desde que Varsovia ratificó Kioto en 2002, sus emisiones han crecido un 8,2%, mientras otros países de su entorno lograban reducirlas, como es el caso de Chequia (un 5,7% menos), Hungría (-15,4%) o Eslovaquia (-11,5%).

El sector carbonero conserva gran influencia en el noveno productor mundial

Mientras, el Gobierno polaco planea inaugurar al menos una docena de nuevas plantas energéticas de carbón, que podrían añadir 100 millones de toneladas de CO2 a su balance de emisiones, lo que las haría aumentar en un tercio, incumpliendo los objetivos europeos y arriesgándose con ello a ser sancionado por el Tribunal Europeo de Justicia con elevadas multas.

Polonia, que ha sido el único de la Unión Europea que no ha caído en recesión económica y en los últimos años ha registrado un crecimiento considerable del Producto Interior Bruto (PIB), acogió simultáneamente, mientras la cumbre de la ONU entraba en su segunda semana, una Conferencia Internacional del Carbón y el Clima organizada por la Asociación Mundial del Carbón. Cabe recordar que el país fue el noveno productor mundial de carbón en 2012 y que ha vetado diversas iniciativas de la UE en favor de la reducción de las emisiones de carbono generadas por la combustión de este material.

Para algunas delegaciones gubernamentales y la práctica totalidad de las ONG y movimientos sociales, la coincidencia de las dos reuniones internacionales en Varsovia fue algo más que una paradoja. “Parece una provocación” que Polonia haya acogido la COP19 y a la vez la conferencia sobre el carbón, declaró Julia Michalak, militante ecologista polaca y miembro de la Red de Acción Climática.

Las ONG participantes en la reunión convocada por la ONU, que la acabaron abandonando en protesta por la falta de avances de la comunidad internacional en la lucha contra el calentamiento global, denunciaron repetidamente la influencia y el protagonismo que los lobbies del carbón, el petróleo y el gas tuvieron en el evento con la anuencia de las autoridades polacas.

La industria del carbón contó con una sólida presencia en la COP19 a través de un organismo como la World Coal Association (Asociación Mundial del Carbón, en español), entre cuyos miembros se encuentran compañías como Rio Tinto y BHP Billiton.

Ciudades contaminadas

Activistas de Greenpeace desplegaron en la fachada del ministerio polaco de Economía una gran pancarta con el mensaje: "¿Quién manda en Polonia? ¿La industria del carbón o el pueblo?". El ministro polaco de Medio Ambiente, Marcin Korolec, presidente también de la COP19, afirmó que la cumbre del carbón es "uno más de los cientos de encuentros que se organizan en el marco de la cumbre de las Naciones Unidas".

Julia Michalak recuerda que Cracovia (al sur de Polonia) se encuentra entre las ciudades más contaminadas del mundo. La parte meridional del país, especialmente la industrializada región de Silesia, que cuenta con numerosas minas de carbón, es también una zona extremadamente contaminada y degradada. Pero al Gobierno de centroderecha del liberal Donald Tusk no parece importarle demasiado esta triste realidad, y hace poco dio a conocer su apuesta por el carbón hasta 2030 y la renovación de las plantas energéticas basadas en este combustible.

El experto en medio ambiente y profesor del Instituto de Desarrollo Sostenible de Polonia Andrzej Kassenberg considera que “hay que entender la posición del Ejecutivo polaco en clave electoral, ya que el próximo año tendrán lugar elecciones europeas y el Gobierno teme perder apoyos si cede ante las políticas energéticas de la Unión Europea”.

Mientras Chequia, Eslovaquia o Hungría reducen sus emisiones, las polacas aumentan

El lobby de la industria del carbón, que incluye también a los sindicatos y tiene un gran apoyo popular entre la población polaca, es muy poderoso en Silesia, y presiona a los gobernantes para que defiendan sus intereses. “La ONU no tiene que decidir sobre el futuro de los mineros polacos”, sostienen los grandes sindicatos.
Greenpeace cifra en 5.000 las muertes prematuras provocadas por las centrales térmicas de carbón cada año en Polonia.

Como destaca la periodista francesa Laure Noualhat, “abordar las cuestiones climáticas en Polonia es un poco como organizar un congreso ateo en el Vaticano”. La mayoría de la sociedad es insensible a los temas ambientales y las autoridades defienden solapadamente la vieja tesis de que el crecimiento económico tiene que ir inevitablemente de la mano de la contaminación.

Según Adam Ostolski, copresidente del partido verde Zieloni, “en este país somos capaces de importar madera de Rusia para quemarla en una central de carbón y declarar que utilizamos un 15% de energías renovables”. La apuesta por las energías limpias, en la que han participado muchas empresas españolas, ha sido un fracaso, y la estrategia nuclear, que cuenta con el apoyo de Estados Unidos y Francia, se ha pospuesto provisionalmente hasta 2020.