El ser humano lleva contaminando el planeta con mercurio desde hace unos 4.000 años, al menos desde la Edad de Bronce y mucho antes de lo que se pensaba. Así lo ha revelado un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publicado este viernes en la revista Science Advances (1), que ha reconstruido la historia de la contaminación por este metal tóxico a partir de un núcleo de hielo de 1.250 metros de profundidad extraído en Groenlandia.
El registro, que conserva evidencias de los últimos 12.000 años, demuestra además que el problema no ha dejado de agravarse: la acumulación de mercurio en Groenlandia se multiplicó por 2,7 desde el siglo XIII y por 7,4 a partir de 1840, coincidiendo con la revolución industrial.
Milenios de huella humana
Solemos pensar que los humanos llevamos contaminando el planeta solo un par de siglos, pero esta nueva investigación revela que, en el caso de mercurio, hablamos de milenios
ARI FEINBERG, investigador del IQF-CSIC
“Solemos pensar que los humanos llevamos contaminando el planeta solo un par de siglos, pero esta nueva investigación revela que, en el caso de mercurio, hablamos de milenios”, ha explicado Ari Feinberg, investigador del Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF-CSIC) y autor del estudio. Los resultados apuntan a que las emisiones antrópicas –las causadas por la actividad humana– comenzaron al menos durante la Edad de Bronce, y que fueron de una magnitud lo suficientemente relevante como para dejar huella en el hielo de Groenlandia.
Las fuentes de aquellas primeras emisiones podrían haber sido el refinado de minerales de cobre y estaño o el uso de cinabrio, un mineral rico en mercurio muy apreciado en la antigüedad como pigmento rojo y como medicamento.
“Arqueólogos han encontrado niveles altos de mercurio en huesos humanos procedentes de yacimientos funerarios de la península ibérica, lo que sugiere que el cinabrio se utilizó de forma generalizada en ese periodo”, ha señalado Feinberg. La señal captada en la remota zona central de Groenlandia podría ser un indicio temprano de que las emisiones ya eran lo suficientemente elevadas como para extenderse por toda la atmósfera del hemisferio norte.
La metodología empleada permite además distinguir las emisiones humanas de los picos naturales de mercurio provocados por erupciones volcánicas, como las del volcán Laki, en Islandia, en 1783, o la del Novarupta, en Alaska, en 1912.
Un registro único del Holoceno
Este registro es único por su duración y su alta resolución temporal
ARI FEINBERG, investigador del IQF-CSIC
“Este registro es único por su duración y su alta resolución temporal”, ha destacado Feinberg. El núcleo de hielo glaciar se extrajo en el marco del Proyecto de Núcleos de Hielo del Este de Groenlandia y abarca todo el Holoceno, el periodo geológico actual, que comenzó hace 11.700 años.
Tras su extracción, el hielo fue tratado en tres fases: primero se cortó meticulosamente en trozos más pequeños, equivalentes a periodos de cinco años; después se limpió para evitar la contaminación cruzada; y, por último, los fragmentos se derritieron en el laboratorio para su análisis. En el trabajo han participado, junto al IQF-CSIC, la Universidad de Manitoba, la Universidad de Copenhague y el Consejo Nacional de Investigación Italiano.
Este estudio podría ayudar a determinar cuándo comenzaron las emisiones humanas, un dato que no solo zanjaría un debate abierto en la comunidad científica, sino que permitiría monitorizar con más precisión el cumplimiento de los convenios internacionales sobre el uso de este metal tóxico
ALFONSO SAIZ LÓPEZ, investigador del IQF-CSIC
“Este estudio podría ayudar a determinar cuándo comenzaron las emisiones humanas, un dato que no solo zanjaría un debate abierto en la comunidad científica, sino que permitiría monitorizar con más precisión el cumplimiento de los convenios internacionales sobre el uso de este metal tóxico”, ha concluido Alfonso Saiz López, investigador del IQF-CSIC y autor del estudio. Este avance contribuye a conocer mejor el origen y la evolución de las emisiones históricas de este contaminante.
Proteger la salud y el ecosistema
La capacidad para evaluar la eficacia del Convenio y pronosticar la recuperación del ecosistema de la contaminación por mercurio se ve dificultada por las incertidumbres asociadas a las emisiones históricas causadas por el ser humano a lo largo de la historia
ARI FEINBERG, investigador del IQF-CSIC
“La capacidad para evaluar la eficacia del Convenio y pronosticar la recuperación del ecosistema de la contaminación por mercurio se ve dificultada por las incertidumbres asociadas a las emisiones históricas causadas por el ser humano a lo largo de la historia”, ha advertido Feinberg. El investigador se refiere al Convenio de Minamata sobre el Mercurio, en vigor desde 2017, cuyo objetivo es proteger el ecosistema y la salud humana mediante la reducción del uso de este metal.
El mercurio ha fascinado durante siglos a la humanidad por ser un metal líquido escurridizo a temperatura ambiente y por su resistencia a reaccionar con su entorno. Por estas razones, la atmósfera contiene trazas de mercurio gaseoso que provienen de fuentes naturales, como las erupciones volcánicas, y, sobre todo, de procesos humanos como la metalurgia. Ese mercurio atmosférico acaba transformándose mediante reacciones de oxidación y se deposita en mares y continentes muy apartados de las zonas donde se emitió, como sucede en el hielo de Groenlandia.
La exposición humana a este metal se produce habitualmente a través del consumo de marisco, ya que el mercurio se acumula en la cadena alimentaria marina y alcanza niveles elevados en los peces, especialmente en los de mayor tamaño, como el atún. Al tratarse de un metal tóxico, su consumo puede causar daños neurológicos y cardiovasculares.
El estudio aporta nuevas evidencias de que los seres humanos comenzaron a alterar los niveles de mercurio en el medio ambiente antes de lo que se pensaba, lo que obligará a reevaluar la cantidad de mercurio de origen humano presente en la actualidad. “Esperamos que esto ayude a mejorar los modelos actuales de emisiones de mercurio y, con ello, poder monitorizar y limitar su uso”, ha concluido el investigador.
Referencias
- (1) Mercury accumulation over the Holocene revealed from a Greenlandic ice core. Science Advances.
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