Un parque que da sombra, una fachada rehabilitada que aísla del calor o un refugio climático a cinco minutos de casa pueden tener un efecto inesperado: hacer el barrio tan atractivo que sus vecinos de toda la vida acaben sin poder pagarlo. Es la llamada gentrificación climática, el desplazamiento de los residentes más vulnerables provocado tanto por los impactos del clima como por las propias medidas de adaptación, que encarecen las zonas más frescas y resilientes de las ciudades.
Un equipo internacional encabezado por las investigadoras Amalia Calderón-Argelich e Isabelle Anguelovski ha desarrollado el primer índice participativo para anticipar este riesgo a escala metropolitana. El estudio, publicado en la revista Journal of City Climate Policy and Economy(1), ha analizado 2.051 secciones censales de los 36 municipios del área de Barcelona y concluye que la mayor vulnerabilidad se concentra en la periferia, donde coinciden alta exposición, precariedad social y escasa capacidad de adaptación.
Un mapa del riesgo de desplazamiento
El índice combina las tres dimensiones clásicas de los estudios de vulnerabilidad climática. La exposición incluye la temperatura durante las olas de calor, la contaminación, la antigüedad de las viviendas y la presencia de zonas verdes y azules; la sensibilidad recoge factores como la renta, los hogares de alquiler, la población nacida en el Sur Global, la pobreza energética o la gentrificación reciente; y la capacidad adaptativa mide refugios climáticos, equipamientos públicos y vivienda social.
El cambio climático casi triplicó la mortalidad por calor en 12 ciudades europeas
“El cambio climático casi triplicó la mortalidad por calor en 12 ciudades europeas” durante la ola de junio de 2025, recuerda el estudio, con 286 muertes atribuibles a este efecto solo en Barcelona. La capital catalana es, además, la ciudad europea con más muertes evitables por el efecto isla de calor urbana, y las proyecciones apuntan a que registrará una de las mayores tasas de mortalidad por calor a final de siglo.
La novedad del trabajo es su carácter participativo. Los pesos de cada indicador no los fijaron solo los investigadores: en talleres celebrados entre 2024 y 2025, 17 técnicos municipales y metropolitanos y activistas de organizaciones como el Sindicat de Llogateres o la Aliança contra la Pobresa Energètica repartieron puntos entre los factores que consideraban más determinantes, y el mapa se recalculó con cada una de esas ponderaciones.
La periferia, más expuesta que Barcelona
Con pesos iguales para todos los indicadores, el mapa dibuja una clara brecha entre centro y periferia. La mayor vulnerabilidad se concentra fuera de la ciudad de Barcelona, en municipios del oeste y el suroeste como Sant Boi de Llobregat o Viladecans –con más verde y menos densidad, pero elevada precariedad social– y en barrios obreros fronterizos como Nou Barris o L’Hospitalet de Llobregat.
Los alquileres del Eixample se han encarecido más de un 60 % en una década
“Los alquileres del Eixample se han encarecido más de un 60 % en una década”: entre 2014 y 2024 pasaron de 10,28 a 16,64 euros por metro cuadrado al mes, según los datos que recoge el estudio. Tras la pandemia, los residentes con más recursos han comenzado a trasladarse hacia áreas suburbanas más atractivas, y la tensión ha llegado a la calle: las movilizaciones por la vivienda de noviembre de 2024 y abril de 2025 reunieron a más de 170.000 personas.
El mecanismo es conocido. Los barrios más frescos y verdes resultan cada vez más atractivos para las rentas altas, que pueden elegir dónde vivir, mientras los hogares vulnerables permanecen en viviendas mal aisladas y sin refrigeración. Los activistas consultados citan el caso de Sant Antoni, en el centro de Barcelona, donde han detectado subidas de alquiler del 50 % o más solo por vivir cerca de una superilla.
Técnicos y activistas, dos diagnósticos distintos
Los talleres revelaron dos diagnósticos muy distintos. Los técnicos de la administración dieron más peso a la capacidad adaptativa (un 27,9 % frente al 22,5 %) y a las soluciones de infraestructura, y muchos dudaban de que el verde urbano genere por sí solo gentrificación. Las organizaciones vecinales, en cambio, priorizaron la exposición (37,5 %) y, sobre todo, la cercanía a los parques, los hogares de alquiler y la población nacida en el Sur Global como factores de riesgo.
Menos del 2 % de las viviendas de Barcelona son sociales o públicas
“Menos del 2 % de las viviendas de Barcelona son sociales o públicas”, subraya el trabajo, y en ese punto ambos grupos coinciden: ampliar la vivienda social y regular los alquileres a escala metropolitana son las medidas estructurales clave para frenar el desplazamiento. Mientras tanto, la red de refugios climáticos ofrece 555 espacios gratuitos y más del 90 % de la población de Barcelona vive a menos de cinco minutos a pie de uno de ellos.
El estudio también señala obstáculos concretos. Los fondos europeos NextGenerationEU destinados a rehabilitar viviendas mal aisladas no están llegando a muchos de sus beneficiarios por trabas administrativas, y existe el riesgo de que esas mismas reformas acaben subiendo alquileres y precios. A ello se suman los silos institucionales: las áreas de vivienda y de clima apenas cooperan entre sí, reconocen los propios técnicos.
Que la adaptación no se haga a costa de los más vulnerables
“Que la adaptación no se haga a costa de los más vulnerables” es, en definitiva, la advertencia central de los autores, que reclaman integrar la justicia de la vivienda en la planificación climática y reforzar una gobernanza metropolitana coordinada. Solo así, concluyen, las ciudades podrán protegerse del calor sin expulsar a quienes más lo sufren.
Referencias
- (1) Co-Mapping Vulnerability to Climate Gentrification in the Context of Urban Heat: A Participatory Index at the Metropolitan Scale. Journal of City Climate Policy and Economy.
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