El calor que sofocó Europa a finales de junio de 2025 no solo lleva la huella del cambio climático acumulado desde la Revolución Industrial: también la de la última década. Los gases de efecto invernadero emitidos desde la firma del Acuerdo de París, en 2015, han intensificado de forma significativa las olas de calor recientes en el continente, y en el caso de la de 2025 hay más de un 99 % de probabilidades de que la hicieran más cálida.
Así lo ha comprobado un equipo liderado por Jared Trok, doctorando en Ciencias del Sistema Tierra en la Escuela de Sostenibilidad Stanford Doerr (Universidad de Stanford, Estados Unidos), con coautores de la Universidad de Boston, la Universidad Estatal de Colorado y la Universidad de Auckland. El trabajo, publicado el 22 de septiembre en la revista Geophysical Research Letters (1), estima que esas emisiones elevaron alrededor de un tercio de grado las temperaturas medias diarias del episodio, según ha informado la universidad.
Un tercio de grado más
Los cálculos del equipo sitúan en más de 99 posibilidades entre 100 que las emisiones de esta década intensificaran la mortífera ola de calor de junio de 2025. El calentamiento adicional atribuido ronda un tercio de grado Celsius en algunas regiones, algo más de medio grado en la escala Fahrenheit que se usa en Estados Unidos.
Hallamos pruebas sólidas de que, si la ola de calor del verano de 2025 se hubiera producido sin las emisiones desde 2015, muy probablemente habría sido más fresca
JARED TROK, Escuela de Sostenibilidad Stanford Doerr
“Hallamos pruebas sólidas de que, si la ola de calor del verano de 2025 se hubiera producido sin las emisiones desde 2015, muy probablemente habría sido más fresca”, ha afirmado Trok, autor principal del estudio. El investigador ha añadido que el resultado no es exclusivo de 2025: también se cumple para la semana más calurosa de Europa de cada año desde, al menos, 2021.
Para entender el peso de esa década basta un dato: casi una quinta parte de todo el dióxido de carbono (CO2) emitido en la historia por la quema de combustibles fósiles se ha liberado desde que se adoptó el Acuerdo de París. La mayor parte procede del petróleo, el gas natural y el carbón.
Los investigadores han ido más allá y han comprobado si cantidades aún menores de emisiones podían haber influido en la ola de calor de junio de 2025. La respuesta ha sido afirmativa, con alta confianza, incluso para volúmenes equivalentes a una octava parte de todas las emisiones humanas desde el siglo XIX.
Pequeños cambios, grandes daños
El calor extremo de 2025 fue letal. Las temperaturas abrasadoras causaron la muerte de varios miles de personas en Europa y convirtieron aquel junio en el más cálido observado en Europa occidental, un récord que las olas de calor de 2026 han vuelto a batir. Según el servicio europeo Copernicus, el episodio barrió el oeste y el sur del continente entre el 17 de junio y el 2 de julio de 2025.
Ese cambio de un tercio de grado puede parecer pequeño, pero una amplia literatura muestra que pequeños cambios de temperatura pueden tener impactos significativos
JARED TROK, Escuela de Sostenibilidad Stanford Doerr
“Ese cambio de un tercio de grado puede parecer pequeño, pero una amplia literatura muestra que pequeños cambios de temperatura pueden tener impactos significativos”, ha subrayado Trok en referencia a los daños que provocan estos fenómenos extremos. Es decir, lo que cuenta no es solo si hace calor, sino cuántos daños añade cada décima de grado en un día ya caluroso.
Investigaciones anteriores del propio Trok, de Diffenbaugh y de otros colegas ya habían hallado que un pequeño ascenso de la temperatura puede aumentar de forma desproporcionada el riesgo de muerte por calor en Europa. Otro estudio, centrado en Estados Unidos, ha mostrado que los cambios en la temperatura diaria tienen efectos desproporcionados sobre la demanda eléctrica, la mortalidad, las cosechas y la productividad laboral.
El trabajo llega, además, en un momento en que hay en marcha varios miles de demandas judiciales que buscan que las petroleras y otras productoras de combustibles fósiles respondan por las pérdidas y los daños causados por fenómenos extremos ligados al calentamiento global.
Separar la señal del ruido
Atribuir los daños de un fenómeno concreto a una parte de las emisiones humanas, sin embargo, no es sencillo. Cada ola de calor depende en gran medida del azar meteorológico, y distinguir en ella el efecto de unos pocos años de emisiones es como intentar oír un susurro en medio del ruido.
Es un problema de señal y ruido. El papel de la variabilidad natural aleatoria en fenómenos meteorológicos concretos es grande
JARED TROK, Escuela de Sostenibilidad Stanford Doerr
“Es un problema de señal y ruido. El papel de la variabilidad natural aleatoria en fenómenos meteorológicos concretos es grande”, ha explicado Trok, “lo que dificulta detectar la influencia de una pequeña cantidad de emisiones humanas”.
Para lograrlo, el investigador ha entrenado un tipo de inteligencia artificial generativa conocido como modelo de difusión, a partir de un método que el equipo desarrolló en 2024. Lo ha alimentado con datos meteorológicos simulados por diez modelos climáticos globales entre los años 1850 y 2100, de modo que ha aprendido cómo varía la temperatura en Europa según el nivel de emisiones y factores como la presión atmosférica o la humedad del suelo.
Para comprobar su fiabilidad, el equipo ha comparado sus predicciones con décadas de datos reales que no se usaron en el entrenamiento y ha verificado que reproduce la tendencia de las temperaturas europeas a largo plazo.
Después, le ha dado las condiciones meteorológicas reales de las olas de calor más intensas de cada año entre 2016 y 2025, asociadas por lo general a un sistema persistente de altas presiones, la llamada cúpula de calor. El modelo ha calculado las temperaturas con las emisiones reales de cada momento y con las de 2015, más bajas.
Desde 2021, el rango de temperaturas previsto ha sido sistemáticamente más bajo con los niveles de 2015, y el escaso solapamiento entre ambos escenarios es, según los autores, una prueba sólida del efecto de las emisiones. El resumen del artículo matiza que esa señal es robusta para la media regional, pero que los cambios en puntos concretos del mapa son más limitados.
El coautor Noah Diffenbaugh, catedrático de Ciencias del Sistema Tierra en Stanford, ha reconocido que, con los métodos tradicionales, habría considerado muy incierto detectar la influencia de ese nivel de emisiones en un fenómeno concreto. Que un modelo de difusión consiga separar la señal del ruido es, a su juicio, un gran paso adelante.
El contexto hace el hallazgo más relevante. En el Acuerdo de París, casi 200 países se comprometieron a limitar el calentamiento muy por debajo de 2 °C respecto a la era preindustrial y a esforzarse por no superar 1,5 °C, un umbral al que el planeta ya se está acercando. Estabilizar la temperatura exigirá alcanzar el “cero neto”: que los gases liberados se compensen con mecanismos naturales o tecnologías avanzadas.
Incluso en los calendarios más optimistas de reducción de emisiones, seguirá habiendo más emisiones en el futuro que en la última década
NOAH DIFFENBAUGH, Escuela de Sostenibilidad Stanford Doerr
“Incluso en los calendarios más optimistas de reducción de emisiones, seguirá habiendo más emisiones en el futuro que en la última década desde el Acuerdo de París”, ha advertido Diffenbaugh. Por eso, según el investigador, cabe esperar que olas de calor extremo como las recientes se intensifiquen aún más en los próximos años, y es necesario prepararse para ellas aunque los objetivos de reducción de emisiones se cumplan.
- (1) Global Emissions Since the Paris Agreement Have Intensified Europe’s Recent Heatwaves. Geophysical Research Letters.
Añadir EcoAvant.com como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Activar ahora