Siempre desde pequeños nos han obligado a beber leche porque sino no íbamos a crecer correctamente. Pero, afortunadamente, y como sucede con muchas creencias populares, este dicho también es cosa del pasado.

Así, a día de hoy hay "noticias polarizadas" en cuanto al consumo de leche, según reconoce el doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos Miguel Ángel Lurueña, más conocido por ser el autor del blog Gominolas de petróleo, y que acaba de publicar un libro Que no te líen con la comida (Destino), en el que trata en varios capítulos varios aspectos relacionados con la leche.

"Algunos dicen que es venenosa y otros que es imprescindible. Los últimos estudios apuntan a que presenta efectos neutros para nuestra salud, por lo que si no nos gusta, o no la consumimos por que tenemos intolerancia a la lactosa, por ejemplo, o bien por cuestiones éticas, no pasa nada. Pero si nos gusta también está bien, la podemos beber sin problemas. Aporta una serie de nutrientes interesantes como proteínas o calcio, y si no la queremos tomar no pasa nada porque podemos obtener estos nutrientes de verduras o de frutos secos que aporten calcio, por ejemplo", subraya.

Es un producto saludable y tiene cabida en una dieta saludable

 

Según insiste, la leche "es un producto saludable" y "tiene cabida en una dieta saludable". Recuerda que el consumo de leche del país está muy ligado a las costumbres del mismo, si bien llama la atención sobre el hecho de que en general en nuestro país cada vez consumimos menos leche, ya que el consumo por persona y año ha pasado de 100 litros en el 2000, a 69 litros en el 2019. "No hay una causa que explique por sí sola este descenso, podríamos hablar de varias razones, como la preocupación por el bienestar animal y otros cambios en los hábitos de consumo", sostiene.

El argumento más repetido contra la leche

 

A su vez, hace mención del argumento más repetido en contra de la leche, y que es el que dice que el ser humano es el único animal que lo consume en edad adulta. "Es comprensible que ocurra esto, somos el único animal capaz de ordeñar vacas", según ironiza, aunque también añade que no todos los humanos pueden tomar leche en la edad adulta, y lo mismo ocurre a casi todos los animales.

"En un determinado momento de la Historia, se estima que hace 7.500 años, en lo que hoy es Hungría ocurrió algo que lo cambió. Entre los humanos que habitaban esa zona se produjo una mutación en un gen que permitió que su organismo siguiera produciendo lactasa en la edad adulta, así que pudieron continuar tomando leche", precisa.

Por eso, según prosigue, se estima que en países como Inglaterra o Dinamarca el 90% de la población puede metabolizar ese azúcar (lactasa), pero en España el porcentaje está entre el 60- 80%.

Ojo con la leche que no es leche

 

El divulgador científico llama la atención sobre productos que se venden actualmente como leche en los supermercados y no lo son, recordando que en la sección de lácteos del supermercado podemos encontrar infinidad de productos, desde leche entera, semidesnatada o desnatada o sin lactosa, hasta leches de crecimiento o enriquecidas con calcio y vitaminas, con omega-3... "A la leche no se le puede añadir nada, más allá de los aditivos mencionados anteriormente o de los nutrientes que ya tiene de forma natural (por ejemplo vitaminas A, D, E o calcio), y tampoco se le puede quitar nada (solamente nata, en las proporciones permitidas). Eso significa que todas las leches con omega-3, colágeno o multivitaminas en realidad no se pueden vender como leche, sino que técnicamente son productos lácteos", agrega.

El peligro de los productos light

 

Por otro lado, el doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y profesor universitario advierte sobre el peligro de los productos lácteos que llevan la etiqueta light. Según refiere, "no son lo que pensamos que son, igual que ocurre con muchas otras cosas, como lo natural o ecológico, y que sea light no está relacionado con la grasa exclusivamente, sino que si indica que es light tiene que estar relacionada con un compuesto determinado". Con ello, apunta que si pone que un producto lácteo es light en el producto debe reseñar si se refiere a azúcar, a grasa, o a sal, teniendo en cuenta que light significa que presenta un 30% menos de ese compuesto que la versión original del producto.

"Además hay veces que no necesitamos consumir estos productos. Lo idóneo es natural sin azúcar, ni edulcorantes, y con toda su grasa, porque si no ésta se sustituye por gelatina, con una textura desagradable, o con poco sabor, de forma que debemos añadir otros alimentos poco saludables para compensar, aparte de que este yogur nos sacia menos", mantiene Lurueña.