Gestionar la medicación, acudir al médico o administrar el dinero son tareas que se espera que cumplan muchas personas sin hogar pese a sufrir un deterioro cognitivo tan grave que limita su capacidad para vivir de forma independiente. Así lo ha advertido el médico Sumantra Monty Ghosh en un comentario que ha publicado la revista Canadian Medical Association Journal (CMAJ), en el que estima que la mitad de las personas en situación de sinhogarismo crónico en Canadá presenta lesiones cerebrales importantes y reclama un cambio radical en las políticas(1).

Sumario

 

El autor, especialista en medicina de adicciones y profesor asociado de la Universidad de Alberta, en Edmonton –el artículo lo vincula también a la Universidad de Calgary–, abre su texto con un diagnóstico contundente: “La falta de vivienda crónica en Canadá es una tragedia humana y un fracaso de las políticas públicas”. Según Ghosh, una razón importante de ese fracaso es el escaso reconocimiento del daño cognitivo que arrastran muchas de estas personas.

 

Doble rasero ante el daño cerebral

 

Ghosh ha denunciado que existe un preocupante doble rasero en la forma en que la sociedad canadiense responde al deterioro cognitivo. Las personas con vivienda que sufren un ictus, demencia o un traumatismo craneoencefálico –una lesión del cerebro causada por un golpe en la cabeza– permanecen en el hospital hasta que pueden recibir el alta de forma segura hacia un centro de cuidados de larga duración.

Por el contrario, muchas personas sin hogar con lesiones cerebrales igual de graves son devueltas de forma rutinaria a la calle

SUMANTRA MONTY GHOSH, Universidad de Alberta

“Por el contrario, muchas personas sin hogar con lesiones cerebrales igual de graves son devueltas de forma rutinaria a la calle”, escribe el médico. Allí se espera que gestionen medicamentos, citas, finanzas y su seguridad personal, además de sistemas sociales complejos, pese a sus profundas limitaciones cognitivas. Para Ghosh, esta desigualdad sistémica alimenta un ciclo continuo de sinhogarismo, enfermedad y problemas de seguridad pública.

Las cifras que recoge el artículo dan la medida del problema. Una revisión sistemática –un trabajo que reúne y analiza las investigaciones previas sobre un tema– encontró que una de cada cuatro personas sin hogar (el 25 %) tiene un cociente intelectual inferior a 85, por debajo de lo que se considera normal.

Esa misma revisión halló que el 16,1 % obtiene menos de 23 puntos sobre 30 en el Mini-Mental State Examination, una prueba habitual de evaluación cognitiva, un resultado que sugiere deterioro. Otro estudio, con la escala de evaluación cognitiva de Montreal, detectó puntuaciones por debajo de 23 sobre 30 en el 30 % de las personas examinadas.

Ese segundo trabajo también comprobó que el 48 % –casi la mitad– cumplía los criterios de deterioro funcional, es decir, de dificultades para desenvolverse en la vida diaria. Otras investigaciones apuntan a que ocho de cada diez hombres sin hogar presentan déficits de lectura, memoria, aprendizaje verbal, atención y concentración.

 

Varias causas que se acumulan

 

El comentario detalla que las personas sin hogar suelen estar expuestas a diversas causas de deterioro cognitivo: el trastorno del espectro alcohólico fetal, las experiencias adversas en la infancia, los traumatismos craneoencefálicos, las lesiones por consumo de sustancias y los problemas de salud mental. Todas pueden afectar a la memoria, a la función ejecutiva –la capacidad de planificar y organizarse– y a la comprensión.

Las personas sin hogar suelen tener varias causas de deterioro cognitivo, que se van sumando unas a otras con el paso del tiempo

SUMANTRA MONTY GHOSH, Universidad de Alberta

“Las personas sin hogar suelen tener varias causas de deterioro cognitivo, que se van sumando unas a otras con el paso del tiempo”, explica Ghosh. Algunas nacen con él. Los datos disponibles, aunque limitados, muestran que quienes padecen el trastorno del espectro alcohólico fetal (TEAF) –causado por la exposición al alcohol antes de nacer– sufren altas tasas de sinhogarismo.

Este trastorno afecta a la planificación, la atención, la memoria de trabajo, la gestión del dinero y la capacidad de entender las consecuencias de los propios actos, lo que repercute desde la juventud en la educación, las relaciones y el comportamiento. Según el artículo, hasta el 60 % de las personas con TEAF acaba en contacto con el sistema de justicia penal.

Las experiencias adversas en la infancia también desempeñan un papel. Entre ellas figuran los traumas físicos, emocionales o sexuales, la disfunción familiar y las experiencias de racismo sistémico y pobreza. Reducen las oportunidades laborales, educativas y sociales, y elevan el riesgo de encarcelamiento, traumatismo craneal, consumo de sustancias y problemas de salud mental.

Los traumatismos craneoencefálicos por violencia, caídas o agresiones en albergues o en la calle son frecuentes. Una revisión de 2020 estimó que el 53,1 % de las personas sin hogar –más de la mitad– ha sufrido alguno a lo largo de su vida, y que el 22,5 % ha tenido uno de gravedad moderada o severa.

Un estudio de seguimiento en Vancouver encontró que el 60,8 % de estas lesiones se produce cuando la persona está intoxicada, y alrededor del 51 % de las personas sin hogar sufre un traumatismo al año. El daño cerebral se vincula además a la agresividad: entre el 28 y el 34 % de quienes sufren un traumatismo desarrollan conductas agresivas nuevas.

Ghosh ha subrayado que los incidentes agresivos en espacios públicos protagonizados por personas sin hogar pueden tener su raíz en problemas neurocognitivos sin tratar. Detrás estarían, probablemente, los daños en el lóbulo frontal, los cambios químicos que alteran la regulación del ánimo y un peor control de los impulsos.

Las lesiones ligadas al consumo de sustancias son otra causa importante. Quienes consumen opioides y sufren aunque sea una sola sobredosis tienen 15 veces más probabilidades de padecer una lesión cerebral que quienes nunca la han sufrido. En Canadá, el 4,2 % de los ingresos hospitalarios por intoxicación implica una lesión cerebral anóxica, la que causa la falta de oxígeno.

En las personas con un trastorno grave por consumo de alcohol, el deterioro cognitivo y el envejecimiento pueden acelerarse dos o tres veces. Un estudio en China detectó deterioro moderado en el 69,8 % de los consumidores de metanfetaminas. A ello se suma la salud mental: la depresión, por ejemplo, afecta a la atención, la memoria y la velocidad para procesar tareas.

 

Un modelo de vivienda intensiva

 

Frente a un enfoque generalizado, Ghosh sostiene que la atención a las personas sin hogar con deterioro cognitivo debe ser individualizada y, en algunos casos, igualar la que reciben quienes tienen hogar y sufren demencia o lesiones cerebrales graves: supervisión las 24 horas, ayuda con la medicación, rehabilitación cognitiva, control de seguridad y rutinas estructuradas.

Incluso Vivienda Primero es insuficiente para las personas sin hogar con déficits cognitivos si no va acompañada de apoyos cognitivos y médicos sólidos y continuos

SUMANTRA MONTY GHOSH, Universidad de Alberta

“Incluso Vivienda Primero es insuficiente para las personas sin hogar con déficits cognitivos si no va acompañada de apoyos cognitivos y médicos sólidos y continuos”, advierte el autor. Este programa –conocido internacionalmente como Housing First– consiste en ofrecer una vivienda permanente y estable lo antes posible y sin condiciones previas. Ghosh lo considera un concepto fundamental y basado en la evidencia, pero no suficiente para este grupo.

Para algunas personas, la solución pasa por lo que denomina vivienda intensiva, un modelo que integra la atención médica a largo plazo con la vivienda con apoyos, la atención conductual y el tratamiento de las adicciones. Nada tiene que ver, insiste, con las instituciones psiquiátricas de mediados del siglo XX: se parece a un centro de cuidados de larga duración, pensado para proteger la dignidad, no para encerrar ni castigar.

La evaluación sistemática es clave para identificar a quienes sufren deterioro cognitivo, ya que su presencia condiciona las intervenciones. Ghosh propone medir el grado de afectación con ayuda de profesionales como los terapeutas ocupacionales, sobre todo en la atención hospitalaria, lo que podría ayudar a frenar la “puerta giratoria” del sinhogarismo.

Como muchas personas con un deterioro profundo carecen de capacidad para tomar decisiones, necesitarán una tutela legal que garantice una ubicación segura. Según el médico, la vivienda intensiva ataca algunas causas de fondo del sinhogarismo crónico y puede reducir los problemas de seguridad pública con más eficacia que el tratamiento forzoso de las adicciones.

Si este factor de fondo sigue sin abordarse, la mayoría de las respuestas convencionales a la crisis del sinhogarismo en Canadá seguirán fracasando

SUMANTRA MONTY GHOSH, Universidad de Alberta

“Si este factor de fondo sigue sin abordarse, la mayoría de las respuestas convencionales a la crisis del sinhogarismo en Canadá seguirán fracasando”, concluye Ghosh, que ve esencial replantear el problema como una crisis de deterioro cognitivo. Exigirá invertir en diagnóstico, tutela, apoyos médicos y centros de vivienda intensiva. No acabará con el sinhogarismo, reconoce, pero ofrece un camino realista y compasivo para afrontar sus aspectos más complejos y visibles.

 

Referencias

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