Cuando se habla de la seguridad de un pesticida, la atención suele ponerse en la sustancia diseñada para acabar con la plaga. Sin embargo, un insecticida doméstico o un tratamiento contra los piojos contienen muchos otros ingredientes, y cientos de ellos podrían estar relacionados con un mayor riesgo de cáncer de mama, según un nuevo análisis realizado en Estados Unidos.

Sumario

 

Científicos del Silent Spring Institute han identificado 485 sustancias químicas presentes en productos pesticidas que podrían aumentar el riesgo de esta enfermedad. El trabajo, publicado el 23 de septiembre en la revista Environmental Health Perspectives (1), revela que solo 145 de ellas –aproximadamente una de cada tres– están registradas como ingredientes activos ante la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA). Su objetivo es localizar las principales fuentes de exposición para mejorar la regulación.

Pesticidas y cáncer de mama / Imagen: EP Pesticidas y cáncer de mama / Imagen: EP

 

Un punto ciego en la regulación

 

La mayor parte de las sustancias señaladas no son el principio activo, sino los llamados ingredientes “inertes” o inactivos: el resto de componentes de la formulación –la mezcla completa que se vende y se aplica–. Pese a su nombre, estos ingredientes no suelen someterse al mismo nivel de pruebas de seguridad que la sustancia activa.

Cuando pensamos en la seguridad de los pesticidas, tendemos a fijarnos en el ingrediente activo, pero las personas están expuestas a la formulación completa

JENNIFER KAY, Silent Spring Institute

“Cuando pensamos en la seguridad de los pesticidas, tendemos a fijarnos en el ingrediente activo, pero las personas están expuestas a la formulación completa”, ha explicado Jennifer Kay, autora principal del estudio e investigadora del Silent Spring Institute. Según Kay, muchas de esas otras sustancias también pueden suponer un riesgo, lo que deja un “punto ciego” en la regulación.

La investigadora ha ido más allá: a su juicio, los hallazgos sugieren que ni siquiera los ingredientes activos se están analizando a fondo por sus efectos sobre la mama, mientras que cientos de componentes potencialmente peligrosos pasan desapercibidos bajo la etiqueta de inertes.

El análisis forma parte de un trabajo sistemático más amplio –el primero de este tipo, según sus autores– para rastrear dónde aparecen las sustancias con potencial para causar cáncer de mama, que el equipo denomina BC-Chems. Son compuestos que pueden provocar tumores mamarios en animales o alterar las hormonas de formas que favorecen la enfermedad.

En 2024, el mismo equipo publicó una lista de más de 900 sustancias con estas características. Más de la mitad hacen que las células produzcan más estrógeno o progesterona, dos hormonas que intervienen en el desarrollo del cáncer de mama.

El contexto explica la preocupación. El cáncer de mama es el más diagnosticado en Estados Unidos y en el mundo, y sus tasas siguen subiendo, sobre todo entre las mujeres menores de 40 años.

Muchas de ellas reciben el diagnóstico antes de la edad en la que se recomienda el cribado rutinario, por lo que el aumento de las pruebas no explica el repunte. Cada vez más evidencias apuntan a las exposiciones ambientales como un factor que contribuye a él.

 

Exposición desde múltiples fuentes

 

Para localizar el origen de estas sustancias, el equipo ha revisado más de una docena de bases de datos del Gobierno estadounidense sobre volúmenes de producción, usos, emisiones al medio ambiente y niveles en el organismo. Entre ellas figuran el Inventario Nacional de Emisiones, el Inventario de Emisiones Tóxicas y la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES).

Las personas están expuestas a cientos de sustancias químicas procedentes de múltiples fuentes a lo largo de su vida, y esas exposiciones se suman

JENNIFER KAY, Silent Spring Institute

“Las personas están expuestas a cientos de sustancias químicas procedentes de múltiples fuentes a lo largo de su vida, y esas exposiciones se suman”, ha subrayado Kay, para quien, cuando se habla de cáncer, hay que pensar en la totalidad de las exposiciones. Sin embargo, según la investigadora, los organismos reguladores no consideran estas exposiciones en conjunto.

Los pesticidas son una fuente importante, pero no la única. El estudio ha localizado estas sustancias en productos de consumo (500), alimentos (462) y agua potable (162), así como en medicamentos (142) y materiales de construcción (106).

En el caso concreto de los pesticidas, las vías de contacto son muy variadas. Pueden llegar a las personas a través de la comida y el agua, pero también mediante productos de uso en casa y en el jardín, como repelentes de insectos, tratamientos contra plagas domésticas, productos contra los piojos o el pie de atleta y desinfectantes. Además, se emplean en muchos materiales de construcción.

Los datos del Inventario Nacional de Emisiones muestran que en 2020 se liberaron a la atmósfera más de 2.000 millones de libras de estas sustancias, es decir, más de 900.000 toneladas.

Por su parte, la encuesta NHANES ha detectado 84 de estos compuestos en el cuerpo de las personas. Los autores advierten de que la cifra está subestimada, porque el Gobierno federal no vigila la mayoría de ellos en la población general.

Algunos resultados muestran hasta qué punto la exposición está extendida. Los pesticidas organofosforados –un grupo al que pertenece el malatión, de uso habitual en cultivos– se han encontrado en más del 90 % de la población estadounidense: más de nueve de cada diez personas.

El caso del DDT resulta aún más llamativo. Prohibido en el país hace décadas, se ha detectado en más del 40 % de la población, lo que ilustra la capacidad de algunas sustancias para persistir en el medio ambiente y en el cuerpo humano.

 

Reclaman una regulación más amplia

 

Los investigadores confían en que sus resultados sirvan para reforzar la regulación de las sustancias químicas en Estados Unidos y para que las formulaciones completas de pesticidas –con sus ingredientes activos e inactivos– se evalúen adecuadamente por su potencial para causar cáncer de mama.

La EPA sigue aprobando nuevos pesticidas sin una supervisión adecuada y con poca consideración de sus posibles efectos sobre el cáncer de mama

RUTHANN RUDEL, Silent Spring Institute

“La EPA sigue aprobando nuevos pesticidas sin una supervisión adecuada y con poca consideración de sus posibles efectos sobre el cáncer de mama”, ha criticado Ruthann Rudel, coautora del trabajo y directora de investigación del Silent Spring Institute. Rudel ha recordado que este cáncer puede tardar años en desarrollarse, por lo que reducir la exposición a pesticidas es, en su opinión, una parte esencial de la prevención.

Las críticas a la agencia no son nuevas. Un estudio anterior del mismo instituto concluyó que la EPA había descartado evidencias que relacionaban 19 pesticidas con tumores mamarios, un antecedente que, según los autores, subraya la necesidad de endurecer su enfoque regulatorio.

Entre las posibles respuestas, el equipo plantea ampliar la lista de la Proposición 65 de California, una norma que obliga a advertir de la presencia de sustancias que causan cáncer o daños reproductivos. Dieciséis de los pesticidas identificados no figuran en ella, y su inclusión podría desanimar a las empresas a usarlos.

Según Rudel, los datos también pueden orientar futuros estudios centrados en trabajadores muy expuestos o en comunidades con niveles elevados de estas sustancias por la contaminación del aire o por la deriva de pesticidas, es decir, su dispersión desde las zonas donde se aplican.

Esta línea de investigación cobra importancia a medida que cambia el mercado laboral y más mujeres se incorporan a ocupaciones que las exponen a sustancias capaces de aumentar su riesgo de cáncer de mama.

El estudio lo firman Jennifer Kay, R. Shakti, J. T. McEneaney, C. Polsky, M. Schwarzman y Ruthann Rudel, y ha contado con financiación del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos, del Programa de Investigación del Cáncer de Mama de California y de donaciones al programa de sustancias químicas más seguras del instituto.

 

Referencias

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