Los macacos que han vivido una epidemia muestran una mayor precaución ante los alimentos que parecen contaminados, incluso cuando no han enfermado. Así lo revela un estudio de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos), publicado en octubre de 2026 en la revista científica Royal Society Open Science (1), que analiza cómo las experiencias tempranas y la exposición a enfermedades influyen en las conductas de prevención de infecciones.
Cómo las experiencias tempranas y la exposición a enfermedades influyen en las conductas de prevención de infecciones
Una epidemia cambia su comportamiento
La investigación se desarrolló en un santuario de primates de Texas, donde varios grupos de macacos japoneses habían sufrido en 2020 un brote de retrovirus simio de tipo II, una infección que puede provocar graves alteraciones del sistema inmunitario e incluso la muerte.
El equipo científico estudió a 55 macacos de cuatro grupos, tres de los cuales habían estado expuestos al brote. Para comprobar su comportamiento, les ofrecieron alimentos colocados sobre superficies limpias y otras que parecían contaminadas con heces, aunque estas estaban selladas para evitar cualquier riesgo de infección.
Solo los escogieron en el 47 % de las pruebas, mientras que entre los animales que no habían experimentado el brote ese porcentaje alcanzó el 79 %.
Los resultados mostraron que los macacos que habían vivido la epidemia eran más reacios a comer alimentos aparentemente contaminados. Solo los escogieron en el 47 % de las pruebas, mientras que entre los animales que no habían experimentado el brote ese porcentaje alcanzó el 79 %.
Esta mayor precaución también apareció entre individuos que no habían contraído la enfermedad. Además, el virus se transmitía principalmente mediante mordeduras y arañazos, no por alimentos contaminados. Por tanto, los resultados sugieren que la experiencia de convivir con una enfermedad puede aumentar la cautela ante posibles fuentes de infección, aunque no estén relacionadas con su transmisión.
La crianza también influye
En otro experimento, el equipo de investigación analizó a 54 macacos de siete especies, criados en diferentes condiciones: santuarios, zoológicos, laboratorios o como mascotas.
Observaron que los animales que habían crecido con sus madres en santuarios evitaban con mayor frecuencia los alimentos aparentemente contaminados que aquellos que habían sido criados por humanos como mascotas.
Los autores y autoras plantean que los macacos criados fuera de grupos de su especie podrían haber tenido menos oportunidades de aprender conductas de protección frente a posibles infecciones durante sus primeros años de vida.
No obstante, esta explicación sigue siendo una hipótesis, ya que el estudio no permite determinar con certeza qué experiencias concretas originaron las diferencias observadas.
El origen del asco humano
Los resultados aportan nuevas pistas sobre el llamado sistema inmunitario conductual, un conjunto de comportamientos que ayuda a los animales a evitar posibles infecciones antes de que intervengan las defensas biológicas del organismo.
Esta capacidad de modificar la conducta en función de las experiencias podría estar relacionada con los orígenes evolutivos del asco humano, una emoción que contribuye a evitar alimentos en mal estado y otras posibles fuentes de enfermedades
Según las investigaciones, esta capacidad de modificar la conducta en función de las experiencias podría estar relacionada con los orígenes evolutivos del asco humano, una emoción que contribuye a evitar alimentos en mal estado y otras posibles fuentes de enfermedades.
Sin embargo, el estudio no demuestra que los macacos experimenten asco como las personas, puesto que analizó sus decisiones ante los alimentos, no sus emociones.
La investigación apunta, en definitiva, a que la prevención de enfermedades no depende únicamente de respuestas innatas, sino que también puede estar condicionada por la crianza y las experiencias vividas.
Epidemias que cambian el comportamiento
Los efectos de una epidemia sobre el comportamiento de los primates pueden prolongarse durante años. Así lo documentaron el investigador y la investigadora, Robert Sapolsky y Lisa Share, en un estudio publicado en 2004 en la revista científica PLOS Biology (2), tras observar una comunidad de babuinos salvajes en Kenia.
Durante la década de 1980, un brote de tuberculosis acabó con la vida de buena parte de los machos más agresivos del grupo. Después de la epidemia, el equipo de investigación observó una convivencia más pacífica, con menos enfrentamientos y más interacciones amistosas, como el acicalamiento entre individuos.
Lo más llamativo fue que estos cambios se mantuvieron durante años, incluso cuando los machos supervivientes fueron sustituidos por otros procedentes de diferentes comunidades, que también adoptaron las nuevas pautas de comportamiento.
La experiencia de convivir con una epidemia podría aumentar la precaución ante posibles fuentes de infección, incluso entre animales que no llegaron a enfermar
Aunque en aquel caso la transformación estuvo relacionada con la desaparición de los individuos más agresivos, el estudio actual sobre los macacos apunta a otro fenómeno: la experiencia de convivir con una epidemia podría aumentar la precaución ante posibles fuentes de infección, incluso entre animales que no llegaron a enfermar.
El estudio plantea que esta conducta podría extenderse mediante el aprendizaje social, es decir, observando el comportamiento de otros miembros del grupo. Sin embargo, todavía queda por determinar si esta mayor cautela se mantiene a largo plazo y si también la adoptan los nuevos individuos que se incorporan a la comunidad.
Referencias
- (1) Early-life experience and disease exposure affect pathogen avoidance behaviour in macaques. Royal Society Open Science.
- (2) A Pacific Culture among Wild Baboons: Its Emergence and Transmission. PLOS Biology.
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