Especies como el caracol manzana están poniendo en aprietos al sector agrícola en el valle del Ebro. Al sur de la península ibérica, el jacinto de agua amenaza con destruir el ecosistema natural del Guadiana. Las especies invasoras alteran no solo el hábitat de muchas otras especies, sino que también impactan directamente sobre la economía de la zona.

Algunas de estas especies ya están provocando estragos en algunas zonas pero otras pueden llegar a hacerlo en un futuro y provocar también un gran impacto ecológico y económico.

Para ayudar en la toma de decisiones de las administraciones y centros de gestión, un equipo internacional de investigadores europeos, liderados por la Universidad de Newcastle y la Agencia de Naturaleza y Bosques de Bélgica con los que ha colaborado la Universidad de Córdoba, ha evaluado la prioridad de erradicación de distintas especies invasoras en Europa.

Entre las novedades se incluye el estudio de posibles escenarios para especies invasoras que todavía no están presentes en la región o que se encuentran en un estado emergente y para las que existen aún oportunidades para frenar su expansión.

“Lo ideal es erradicar todas las especies invasoras pero los recursos, tanto monetarios como de personal, son limitados y más aún ahora, cuando nos enfrentamos a otras prioridades”, comenta el investigador Pablo González Moreno, experto en especies invasoras y miembro del Research Group Study and Restoration of Agroforest Systems (ERSAF) de la Universidad de Córdoba, que ha colaborado en el estudio investigando la viabilidad de erradicación de distintas especies vegetales.

Las especies más prioritarias

 

Una de las especies que los expertos han identificado de prioridad “muy alta” es el miná común de la familia de los estorninos que ha llegado a establecer pequeñas poblaciones en España y Portugal. Debido a su agresivo carácter territorial y capacidad de adaptación, esta ave puede extenderse por más zonas y provocar el desplazamiento de especies nativas.

Otras especies también de prioridad “muy alta” para Europa son el sapo moruno, el coatí de cola anillada (un mamífero carnívoro) y el bulbul ventrirrojo, otra especie de ave.

Entre aquellas especies que aún no han llegado a Europa pero que pueden hacerlo, la prioridad más alta es para el denominado cangrejo oxidado (Faxonius rusticus), de agua dulce que está causando graves problemas en el norte de EE UU y Canadá.

También lo son el pez cabeza de serpiente (Channa argus), un pez asiático que ya ha llegado a EE UU debido a la compra de coleccionistas, y la Cryptostegia grandiflora, un tipo de enredadera originaria de Madagascar.

Evaluación del riesgo y la viabilidad de las estrategias

 

Para elaborar este listado, el equipo internacional analizó primero el riesgo de establecimiento, expansión y el impacto de las distintas especies invasoras, una investigación publicada anteriormente y financiada por la Unión Europea. 

Este ranking de riesgo se comparó con una evaluación de las estrategias de erradicación de estas especies en función de su efectividad, su coste, el nivel de aceptación por distintos sectores sociales, el tiempo estimado que se tiene para actuar y la posibilidad de que la especie volviera a introducirse tras erradicarla.

Una vez analizada la viabilidad, el equipo se reunió para poner en común las evaluaciones y por consenso elaboró un listado, tanto para especies invasoras ya establecidas en Europa como para aquellas que pueden hacerlo, en función de su prioridad, aportando datos sobre las regiones donde están presentes o pueden estarlo, el método de erradicación, su efectividad, su coste mínimo y máximo, entre otros. Este listado es de libre acceso y puede ser consultado por cualquier persona o administración.

En este aspecto, este estudio es importante no solo para ayudar en la gestión presente de las especies invasoras que ya están en Europa, sino también para tener un escenario futuro de gestión en el caso de que estas especies consigan llegar a Europa.

A escala europea, esta investigación ha conseguido generar una red en la que han colaborado tanto investigadores como gestores de distintos países de Europa. “Es una manera de que el colectivo entre en contacto unos con otros y haya un consenso de gestión, algo que en Europa estaba costando conseguir. El que tengamos una normativa a escala europea es un paso importante. Las especies invasoras no entienden de fronteras”, concluye Pablo González.