El 2 de febrero conmemoramos el Día Mundial de los Humedales 2026 con el objetivo de sensibilizar sobre la necesidad imperiosa de revertir su deterioro y fomentar su conservación y restauración. El tema seleccionado para 2026 es Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebrar el patrimonio cultural.

Sumario

 

En agosto de 2021 la Asamblea General de la ONU designó mediante la resolución 75/317 que el 2 de febrero se celebrara el Día Mundial de los Humedales, en reconocimiento a la importancia crucial de estos ecosistemas y con el propósito de sensibilizar sobre la necesidad urgente de revertir la rápida pérdida de humedales, así como fomentar su conservación y restauración.

El lema de la celebración de 2026 es Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebrar el patrimonio cultural. Este lema propone una mirada más amplia que va más allá de los valores ecológicos de estos espacios: busca poner en valor las conexiones culturales e históricas profundas entre los humedales y las comunidades que han vivido y gestionado estos territorios durante generaciones.

Según los organizadores de la campaña internacional, el tema de este año destaca cómo los sistemas de conocimiento tradicionales —prácticas, saberes y rituales transmitidos de generación en generación— han contribuido a la gestión sostenible de los humedales y al mantenimiento de su biodiversidad. Estos saberes, presentes en pueblos indígenas y comunidades locales de todo el mundo, han permitido conservar no solo el entorno natural, sino también identidades culturales y formas de vida vinculadas al agua y a la tierra.

La elección de este lema responde a la necesidad de reconocer y celebrar el patrimonio cultural asociado a estos ecosistemas, en un contexto global en el que los humedales se enfrentan a graves amenazas. Pérdida de superficie, degradación y presión humana son algunas de las causas que han llevado a que estos espacios se encuentren entre los ecosistemas más afectados del planeta.


 

Antecedentes de la celebración


 

La fecha conmemora la adopción de la "Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional" en 1971 en Ramsar, Irán, a orillas del Mar Caspio, pero no entró en vigor hasta 1975. Esta convención, suscrita por 172 países, permite a las naciones tomar medidas para proteger sus humedales mediante la designación de áreas protegidas, la implementación de políticas eficaces y el intercambio de conocimientos. Al unirse a la convención, cada país se compromete a designar al menos un humedal para ser incluido en la lista de humedales de importancia internacional, también conocidos como sitios Ramsar. Estas acciones colectivas buscan preservar y utilizar de manera sostenible estos valiosos ecosistemas a nivel global. España es miembro de esta convención desde 1982.


 

Cubren el 6 % de la superficie de la tierra y son el hábitat del 40 % de todas las especies de plantas y animales


 

Un humedal es un área de tierra que está inundada de manera temporal o permanente, ya sea de forma natural o artificial y que tiene características distintivas que la diferencian de otros tipos de ecosistemas acuáticos o terrestres. Estos lugares son importantes debido a su biodiversidad única y los servicios ecosistémicos que ofrece. Existen humedales de tres tipos. Por un lado, los continentales, como son las marismas, lagos, ríos, llanuras de inundación, tuberas y pantanos. En segundo lugar, los costeros, formados por marismas de agua salada, estuarios, manglares, lagunas y arrecifes de coral. Por último, los humedales artificiales, como los estanques piscícolas, arrozales y salinas.

Aunque ocupan solo aproximadamente el 6 % de la superficie terrestre, los humedales albergan el 40 % de todas las especies de plantas y animales. La diversidad biológica que contienen desempeña un papel fundamental en la salud humana, el suministro de alimentos y diversas actividades económicas, como la pesca y el turismo, generando empleo.

Más de mil millones de personas, aproximadamente una octava parte de la población mundial, que residen en áreas rurales y urbanas dependen directamente de los humedales como medio de subsistencia. Estos ecosistemas desempeñan un papel vital en el sustento de comunidades en todo el mundo.


 

Purifican el agua, actúan como sumideros de carbono y mitigan el cambio climático


 

Es fundamental reconocer el papel de los humedales como sumideros de carbono. Estos ecosistemas almacenan grandes cantidades de carbono en sus suelos y vegetación, ayudando a mitigar los efectos del cambio climático. Los humedales costeros son capaces de secuestrar y almacenar carbono a un ritmo hasta 55 veces más rápido que el bosque lluvioso tropical. Además, actúan como barreras naturales contra inundaciones, protegiendo áreas urbanas y rurales de los estragos de eventos climáticos extremos. La inversión en la conservación y restauración de los humedales no solo es una necesidad ambiental, sino también una estrategia económica sostenible que ofrece beneficios a largo plazo para las comunidades locales y la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, es crucial que gobiernos, organizaciones y ciudadanos trabajen juntos.

Los humedales también desempeñan un papel importante en la purificación del agua. Mediante procesos naturales de filtración, estos ecosistemas eliminan sedimentos, excesos de nutrientes y contaminantes químicos del agua. Esto mejora la calidad del agua y protege los cuerpos de agua adyacentes, como ríos y lagos. Sin embargo, el cambio climático está afectando esta función, ya que los cambios en los flujos de agua y la temperatura pueden limitar la capacidad de los humedales para purificar el agua de manera efectiva.

El bienestar humano depende directamente del estado de los humedales, los cuales mantienen la vida proporcionando agua, alimentos, apoyo a la biodiversidad, medios de vida, protección contra eventos climáticos extremos y mitigación del cambio climático. Es vital invertir en el uso sostenible de los humedales para asegurar el futuro de la humanidad, por los múltiples beneficios que aportan a las ciudades y sus habitantes. Además, la restauración de los humedales es esencial para abordar la crisis del clima y la biodiversidad, así como para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en beneficio de todas las personas.

En 2024 y 2025 se registraron récords de temperatura global y eventos climáticos extremos, lo que refuerza la importancia de los humedales como ecosistemas que ayudan a mitigar estos impactos.


 

En los últimos 50 años se han perdido el 35 % de los humedales


 

Actualmente hay más de 2.500 humedales de importancia internacional en todo el mundo que cubren más de 2,5 millones de kilómetros cuadrados. En concreto en España se consideran humedales de importancia internacional 76 zonas húmedas con una superficie de 313.083 hectáreas entre las que destacan parques nacionales como Doñana y Tablas de Daimiel y lagunas como Villafáfila, y Gallocanta.

Sin embargo, a nivel mundial, en los últimos 50 años, se han perdido el 35 % de los humedales (y más del 80 % de desde el siglo XVIII), lo que les convierte en el ecosistema más amenazado, con unas cifras de desaparición tres veces más alta que la de los bosques. Aunque estas cifras siguen siendo las más citadas a nivel internacional, organismos ambientales advierten que la pérdida continúa a un ritmo acelerado, especialmente en humedales costeros y deltas fluviales sometidos a urbanización y agricultura intensiva.

La expansión urbana, la agricultura intensiva, la minería y otras actividades humanas han conducido a la pérdida directa de hábitats, resultando en la destrucción de estos valiosos ecosistemas y la biodiversidad que albergan. La contaminación del agua, proveniente de diversas fuentes como actividades industriales y agrícolas, compromete la calidad del agua y daña los delicados equilibrios de los ecosistemas acuáticos. La sobreexplotación de recursos hídricos y la alteración de patrones naturales de flujo de agua, junto con el impacto del cambio climático, contribuyen aún más a la vulnerabilidad de los humedales. Además, la introducción de especies invasoras y la desconexión hidrológica a través de la construcción de represas amenazan la estabilidad de estos entornos. La conservación y la gestión sostenible son imperativos para contrarrestar estas amenazas, preservar la biodiversidad única de los humedales y garantizar que continúen brindando servicios esenciales para la humanidad y el medio ambiente.

La conciencia pública, la implementación efectiva de políticas ambientales y la participación activa de la comunidad son esenciales para revertir esta tendencia y salvaguardar estos ecosistemas cruciales.


 

Perspectiva mundial de los humedales


 

En 2021, con motivo del 50º aniversario de la Convención de Ramsar se publicó una edición especial de la Perspectiva Mundial sobre los Humedales. Basándose en más de 30 evaluaciones a nivel mundial y regional, el informe destaca la pandemia de COVID-19 y sus impactos, así como las tendencias en los humedales desde 2018. Subraya la conexión entre la salud humana y la naturaleza, resaltando la importancia de humedales bien gestionados para prevenir enfermedades zoonóticas. El informe señala la pérdida generalizada de biodiversidad y el impacto del cambio climático, destacando la necesidad de integrar a los humedales en las soluciones climáticas. Se enfoca en la agricultura como una amenaza creciente y aboga por transformaciones urgentes.

Además, destaca la importancia de la gobernanza inclusiva, la protección de los derechos humanos y la cooperación global para enfrentar la crisis de los humedales y cumplir los compromisos mundiales de biodiversidad, cambio climático y desarrollo sostenible. A pesar de los éxitos en la gestión y restauración de humedales, la acelerada pérdida de estos ecosistemas requiere una aplicación más efectiva de la Convención de Ramsar para salvaguardar su valioso papel en el planeta.

En 2026, el lema del Día Mundial de los Humedales recuerda que la conservación no es solo una cuestión técnica o ambiental, sino también un ejercicio de memoria cultural. Proteger los humedales implica escuchar a quienes han convivido con ellos durante generaciones y reconocer que, en muchos casos, las soluciones al futuro están escritas en el conocimiento del pasado.