Un equipo internacional de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), la Universidad de Córdoba y el CONICET de Argentina ha descubierto que el iris de las ranas se oscurece en proporción directa a la pérdida de agua, según un estudio publicado en 2026 en Journal of Experimental Zoology Part A (1). La investigación, difundida por la EBD-CSIC el 3 de agosto de 2026, analiza este fenómeno en la rana neotropical Boana punctata y propone utilizarlo como un biomarcador visual, rápido y no invasivo para evaluar la deshidratación y facilitar el seguimiento de anfibios ante un escenario de sequías crecientes.

El oscurecimiento del iris puede revelar el nivel de deshidratación de las ranas, según un estudio realizado con 25 ejemplares adultos de Boana punctata recogidos en la provincia argentina de Chaco. Los investigadores/as comprobaron en condiciones controladas que, cuanto más agua perdían los animales, mayor era el área oscura de sus ojos, una respuesta que podría utilizarse como indicador no invasivo del estrés hídrico al que se enfrentan los anfibios ante un clima cada vez más árido.

Variación progresiva en el oscurecimiento del iris en el ojo derecho de un individuo de Boana punctata a través de tratamientos de hidratación: FH: Hidratación completa; D1: 10 min de deshidratación; D2: 20 min de deshidratación; D3: 30 min de deshidratación; RH: 2 h de rehidratación. Variación progresiva en el oscurecimiento del iris en el ojo derecho de un individuo de Boana punctata a través de tratamientos de hidratación: FH: Hidratación completa; D1: 10 min de deshidratación; D2: 20 min de deshidratación; D3: 30 min de deshidratación; RH: 2 h de rehidratación.

 

Unos animales muy sensibles al agua

 

Los anfibios presentan una especial vulnerabilidad frente a la falta de agua debido a una característica esencial de su organismo: tienen una piel muy permeable y mecanismos relativamente débiles para evitar la pérdida de humedad.

Esta particularidad hace que la deshidratación constituya un desafío importante para su supervivencia, especialmente en un contexto de calentamiento global en el que se prevé un aumento de la aridez terrestre.

Por ese motivo, los científicos/as buscan señales que permitan conocer de manera rápida si estos animales están sufriendo estrés fisiológico relacionado con la falta de agua. Poder identificarlo sin tener que aplicar técnicas invasivas facilitaría la evaluación del riesgo que afrontan las poblaciones silvestres.

El nuevo trabajo se centra precisamente en una señal visible y fácil de observar: el cambio de color del iris de la rana arborícola neotropical Boana punctata.

 

El iris se oscurece al deshidratarse

 

Para comprobar esta relación, los investigadores/as estudiaron 25 ranas adultas recogidas en la provincia de Chaco y las sometieron a distintos periodos controlados de deshidratación.

Los animales pasaron por tratamientos sucesivos de 10, 20 y 30 minutos, utilizando dos procedimientos diferentes. En uno de ellos se empleó un flujo constante de aire de 0,2 metros por segundo, mientras que en el otro se utilizó arroz como material desecante.

Después de estas fases, las ranas dispusieron de dos horas para rehidratarse, lo que permitió a los investigadores/as analizar también si el cambio observado en sus ojos podía revertirse cuando recuperaban agua.

Los resultados mostraron una relación clara entre la pérdida de hidratación y el oscurecimiento del iris. A medida que las ranas se deshidrataban, aumentaba de forma progresiva la superficie oscura visible en sus ojos.

En concreto, el estudio encontró que por cada 1 % de pérdida en el nivel de hidratación, el área oscura del iris aumentaba aproximadamente un 1,5 %.

La respuesta apareció de manera consistente con los dos métodos de deshidratación empleados, lo que refuerza la relación entre la pérdida de agua y el cambio de color observado.

Además, la sensibilidad de esta respuesta resultó similar entre los distintos individuos y tamaños corporales analizados. Sin embargo, las ranas de mayor tamaño presentaban inicialmente un iris menos oscuro que los ejemplares más pequeños.

 

Una señal visible del estrés hídrico

 

Otro de los resultados relevantes apareció después de que los animales recuperasen agua. Tras las dos horas de rehidratación, el oscurecimiento del iris se redujo, aunque la recuperación fue únicamente parcial.

Esta reversión apoya la idea de que el cambio de color está relacionado directamente con el estado de hidratación del animal y no constituye únicamente una característica fija del individuo.

Los autores consideran por ello que el oscurecimiento del iris puede funcionar como un biomarcador robusto y no invasivo del estrés hídrico. En términos sencillos, el aspecto de los ojos podría proporcionar información sobre la cantidad de agua que ha perdido una rana sin necesidad de recurrir a procedimientos más complejos.

Esta posibilidad resulta especialmente relevante porque los anfibios dependen estrechamente de unas condiciones ambientales adecuadas para mantener su equilibrio hídrico. Su piel permeable facilita el intercambio de agua con el entorno, pero también hace que puedan perderla con rapidez cuando las condiciones se vuelven más secas.

El estudio plantea así una herramienta potencial para estudiar poblaciones de anfibios silvestres expuestas a una creciente aridez. Observar cambios en el iris podría ayudar a detectar animales sometidos a estrés por falta de agua y contribuir a evaluar cómo responden las poblaciones a las transformaciones ambientales.

La investigación cobra especial interés ante las previsiones de un aumento de la aridez terrestre asociado al cambio climático. Si las condiciones ambientales favorecen una mayor pérdida de agua, disponer de indicadores visibles del estado fisiológico de los anfibios puede ayudar a estudiar de forma más sencilla los efectos de ese proceso.

Los resultados obtenidos con Boana punctata muestran, en definitiva, que los ojos de estas ranas cambian a medida que pierden agua. Cuanto mayor es la deshidratación, más se oscurece el iris, una modificación que disminuye parcialmente después de que los animales vuelven a hidratarse.

El hallazgo convierte así un cambio visible en una posible señal del estrés hídrico que experimentan los anfibios, un grupo especialmente sensible a la disponibilidad de agua y a las condiciones ambientales cada vez más secas.

Referencias

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