El calor extremo no ocupa el día entero. Se concentra en unas pocas horas –las de la tarde, o las de una noche que no llega a refrescar– y son precisamente esas horas las que castigan al organismo. Hasta ahora, sin embargo, los episodios de calor se han medido casi siempre con la temperatura media, máxima o mínima de cada jornada, promedios que borran esos picos. Un nuevo análisis global que examina el planeta hora a hora ha concluido que la superficie terrestre acumula ya unas 269 horas de calor extremo cada verano y que esos episodios se multiplicarán por cuatro a finales de siglo si las emisiones siguen siendo altas.
El trabajo, publicado en Nature Climate Change (1), lo firma un equipo dirigido por Xiaoping Liu y Ming Luo, de la Universidad Sun Yat-sen de Guangzhou (China), con investigadores de la Academia China de Ciencias Meteorológicas, la Universidad de Southampton, la Universidad de Nankín, la Universidad Agrícola de Hunan y la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. Sus autores calculan que, en un escenario de altas emisiones, la población expuesta a ese calor se multiplicará por seis antes de que termine el siglo. Y advierten de que el reparto no es equitativo: los países de renta baja y media soportan ya más de tres cuartas partes de la exposición.
Lo que los termómetros diarios ocultan
Los estudios sobre olas de calor suelen basarse en un único número por día: la temperatura media, la máxima o la mínima. Ese resumen resulta cómodo, pero deja fuera episodios cortos e intensos que pueden ser peligrosos. Para evitarlo, los autores han definido una unidad más fina, la hora de calor extremo –hourly heat extreme, en el original–: cada hora en la que el termómetro supera el 90 % de los valores registrados a esa misma hora entre 1981 y 2010.
El 28 % de esas horas de calor extremo se registra en días que los indicadores diarios no clasifican como calurosos
El 28 % de esas horas de calor extremo se registra en días que los indicadores diarios no clasifican como calurosos. Es decir: casi un tercio del castigo térmico ocurre en jornadas que, sobre el papel, pasan por normales. Un mediodía sofocante seguido de una tarde suave puede arrojar una media diaria templada y desaparecer así de las estadísticas, aunque quien estuviera trabajando a esa hora sí lo notara.
La elección de ese umbral no es caprichosa: significa que solo una de cada diez horas del periodo de referencia era tan calurosa como las que hoy se consideran extremas. Y como el listón se calcula hora por hora, el método detecta también el calor anómalo de la madrugada, no solo el del mediodía.
Para llegar a esas cifras, el equipo ha combinado dos grandes bases de datos horarias que mezclan observaciones meteorológicas y estimaciones de modelos –ERA5-Land, del servicio europeo Copernicus, y MERRA-2, de la NASA– correspondientes al periodo 1981-2023, y las ha acoplado a las proyecciones climáticas del proyecto CMIP6 hasta final de siglo. En ese intervalo, la superficie terrestre del planeta ha soportado una media de unas 269 horas de calor extremo por verano, el equivalente a más de once días completos.
Cuatro veces más horas de calor
La tendencia ya es visible sobre el terreno. Más del 80 % de la superficie terrestre ha registrado un aumento de estas horas extremas, con una media de 62 horas más por década entre 1981 y 2023. No se trata, por tanto, de una amenaza reservada al futuro: es un cambio que lleva más de cuatro décadas acumulándose.
Cada día caluroso podría sumar más de cuatro horas de calor extremo adicionales en el periodo 2070-2099 respecto a los niveles actuales
Cada día caluroso podría sumar más de cuatro horas de calor extremo adicionales en el periodo 2070-2099 respecto a los niveles actuales, medidos entre 2001 y 2023. Es lo que proyecta el estudio bajo el escenario SSP5-8.5, el de emisiones más elevadas de los que maneja la comunidad climática. A esas horas se añaden otras tres en jornadas que ni siquiera se contabilizan como calurosas y que, por tanto, seguirían escapando a los sistemas de medición habituales.
En conjunto, el trabajo calcula que las horas de calor extremo se cuadruplicarán en todo el mundo a finales de siglo y que la población expuesta a ellas crecerá seis veces. La exposición aumenta más deprisa que el propio fenómeno porque no mide solo el calor: mide también cuánta gente lo padece.
Una carga desigual entre generaciones
El reparto de ese castigo es el hallazgo más incómodo del estudio. Los países de renta baja y media –según la clasificación por ingresos del Banco Mundial– concentran más de tres cuartas partes de la exposición actual al calor horario extremo, y también de la proyectada para el resto del siglo.
Las generaciones sucesivas, sobre todo en los países de renta baja, afrontarán a lo largo de su vida una exposición mucho mayor que las anteriores
Las generaciones sucesivas, sobre todo en los países de renta baja, afrontarán a lo largo de su vida una exposición mucho mayor que las anteriores. El estudio cruza sus proyecciones con la esperanza de vida al nacer de cada país, tomada de Naciones Unidas, para estimar cuánto calor extremo acumulará cada generación desde que nace. El resultado dibuja una brecha intergeneracional: quien nace hoy en un país pobre heredará muchas más horas de calor que sus padres o sus abuelos.
Los autores apuntan además a mecanismos todavía poco estudiados detrás de estos picos, como los estallidos de calor (heat bursts) o los episodios de calor repentino (flash heat), y reclaman que la investigación futura se centre en ellos para entender por qué el termómetro se dispara durante unas horas concretas.
Su conclusión práctica es que las evaluaciones de riesgo deben bajar a la escala horaria. Conocer mejor estos episodios cortos permitiría afinar los sistemas de alerta temprana, calcular con más precisión los riesgos sanitarios y diseñar medidas de adaptación y de preparación de la población más ajustadas a un mundo que se calienta. Todo ello, insiste el trabajo, con estrategias equitativas que tengan en cuenta quién soporta realmente la mayor parte de la carga.
Referencias
- (1) Globally and intergenerationally unequal exposure to hourly heat extremes. Nature Climate Change.
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