Las ciudades mediterráneas afrontan olas de calor más frecuentes e intensas, y un estudio publicado en Urban Climate (1) analiza en el Área Metropolitana de Barcelona qué medidas urbanas pueden rebajar la temperatura, reducir el estrés térmico y proteger mejor a la población más vulnerable ante escenarios climáticos actuales y futuros.

 

Ciudades que retienen calor

 

El trabajo parte de una realidad conocida, pero cada vez más importante: la ciudad puede amplificar los efectos del calor. La densidad edificada, la falta de sombra y materiales como el asfalto y el hormigón absorben radiación solar durante el día y liberan parte de ese calor por la noche lo que alimenta el efecto de isla de calor urbana, dificultando que calles y edificios se refresquen tras una jornada extrema.

Para medir qué soluciones pueden aliviar este problema, los autores utilizan un modelo climático urbano de alta resolución y comparan varias estrategias de adaptación. La primera consiste en aumentar el albedo de los tejados, es decir, su capacidad para reflejar radiación solar, pintando de blanco las cubiertas donde esta intervención sea viable.

Según el estudio, los tejados blancos son la medida más eficaz para reducir la temperatura diurna en las zonas más vulnerables. La simulación muestra una bajada de hasta 1,75 ºC durante el día, una diferencia relevante en episodios de calor extremo, cuando pequeñas reducciones pueden mejorar las condiciones térmicas de barrios densos y expuestos.

 

Tejados, verde y planificación

 

La investigación también evalúa las cubiertas verdes con sedum irrigado. Aunque esta solución puede aportar beneficios ambientales y urbanos, su efecto directo sobre la temperatura es menor. En las simulaciones, reduce el calor diurno en 0,37 ºC y produce un ligero aumento nocturno de 0,24 ºC.

La tercera estrategia incorpora cambios de uso del suelo previstos en la planificación metropolitana, como más agricultura periurbana, nuevos parques urbanos y ajustes en la distribución de superficies urbanas y verdes. Esta opción también enfría durante el día, pero de forma más limitada, con una reducción de 0,26 ºC, y muestra un ligero calentamiento nocturno de 0,31 ºC.

Estos resultados no significan que las zonas verdes carezcan de valor. Parques, cubiertas vegetales o espacios agrarios pueden ofrecer otros beneficios sociales y ambientales. Sin embargo, en lo que respecta a la reducción directa del calor durante las olas de calor, el estudio sitúa a los tejados blancos como la intervención con mayor impacto diurno.

 

Adaptarse no basta

 

La conclusión principal es que la adaptación urbana ayuda, pero no es suficiente por sí sola. Incluso la estrategia más eficaz queda lejos de compensar el fuerte calentamiento proyectado hacia finales de siglo. En el escenario climático analizado, el estudio sitúa ese incremento en torno a 6 ºC hacia 2100.

Esa cifra debe entenderse dentro del contexto del modelo. No significa que Barcelona vaya a estar siempre 6 ºC más caliente en cualquier momento del año, sino que el trabajo compara las medidas urbanas con un escenario de calentamiento intenso aplicado a episodios de calor. La idea central es que estas actuaciones alivian el problema, pero no lo neutralizan.

El estudio también advierte de que la vulnerabilidad al calor podría duplicarse en 2100 en zonas urbanas densas y de bajos ingresos. Por eso, la adaptación no solo consiste en elegir medidas eficaces, sino en aplicarlas primero donde el riesgo térmico y social es mayor.

Los autores sitúan estas soluciones en un contexto climático más amplio: mientras sigan aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero, las ciudades tendrán que enfrentarse a olas de calor más severas. Actuar sobre tejados, materiales urbanos y planificación metropolitana puede reducir impactos, pero no sustituye la necesidad de limitar la causa principal del calentamiento.

En conjunto, el estudio apunta a una estrategia doble. Barcelona y otras ciudades mediterráneas pueden ganar margen frente al calor con medidas concretas, especialmente con cubiertas más reflectantes, pero esa adaptación debe ir acompañada de una reducción de emisiones si se quiere evitar que el calentamiento futuro desborde la capacidad de respuesta urbana.

Referencias

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