El fortalecimiento de El Niño podría empujar al menos a 49 millones de personas adicionales hacia el hambre para finales de 2027, según un nuevo análisis del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que advierte de un deterioro importante de la seguridad alimentaria en 45 países que ya atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
El fenómeno climático alcanzaría su punto máximo entre septiembre y diciembre de 2026, pero sus efectos podrían extenderse durante buena parte de 2027 debido al impacto sobre los ciclos agrícolas y las futuras cosechas de los países analizados.
De 225 a 274 millones
El análisis del PMA se concentra en los 45 países donde El Niño podría alterar de manera significativa las lluvias, las temperaturas y la frecuencia de sequías e inundaciones. En conjunto, la cantidad de personas que enfrentan inseguridad alimentaria aguda podría pasar de unos 225 millones a 274 millones, un aumento aproximado del 22%.
La combinación de esas alteraciones es la que puede desencadenar pérdidas de cosechas y subidas de los precios de los alimentos en los países más expuestos, con consecuencias que se trasladan después a los ingresos y al consumo de los hogares más vulnerables.
El impacto de El Niño –recuerda la agencia de la ONU– no termina cuando cesan las lluvias o las sequías. Sus efectos pueden prolongarse durante meses al reducir las cosechas, encarecer los alimentos y debilitar los medios de vida de familias que ya afrontan pobreza, conflictos y crisis económicas.
Sequías, inundaciones y temperaturas extremas ya están afectando a algunas comunidades, mientras que otras podrían enfrentar condiciones más adversas durante las próximas temporadas de siembra y recolección. Esa desincronización entre unas zonas y otras explica que el daño previsto se prolongue más allá del pico del episodio.
El organismo recuerda que el episodio de El Niño de 2015-2016 afectó la seguridad alimentaria de entre 60 y 100 millones de personas, una referencia que demuestra la magnitud que puede alcanzar el fenómeno cuando coincide con contextos de pobreza, conflicto o fragilidad económica.
Centroamérica, la mayor subida
América Latina y el Caribe figura entre las regiones con mayores riesgos. Más de 16 millones de personas podrían ver deteriorarse su seguridad alimentaria, y Centroamérica registraría el mayor aumento proporcional entre todas las zonas analizadas: 83,1%.
África oriental y austral afronta también riesgos importantes, especialmente en aquellos países donde las próximas temporadas de lluvias resultan determinantes para la producción de alimentos. Más de 18 millones de personas podrían sufrir un deterioro de su situación alimentaria, lo que representa un incremento del 26%.
El sur de África es especialmente vulnerable debido a la dependencia de muchas familias de la agricultura de subsistencia alimentada por las lluvias. Una temporada seca o irregular puede reducir con rapidez tanto la producción de alimentos como los ingresos de los hogares.
En Asia y el Pacífico, el PMA estima que 8,2 millones de personas adicionales podrían enfrentar inseguridad alimentaria aguda, mientras que en África occidental y central la cifra aumentaría alrededor de un 12%, lo que afectaría a casi seis millones de personas más.
Actuar antes de la emergencia
Ante estas previsiones, la agencia de la ONU está ampliando las medidas de preparación y respuesta en más de 50 países, con el objetivo de intervenir antes de que el deterioro previsto se traduzca en una emergencia alimentaria de gran escala.
Desde mayo, estos mecanismos ya se han activado en Sudán del Sur, Chad, Mauritania, Uganda, Guatemala y El Salvador, y han movilizado más de 14 millones de dólares para apoyar a medio millón de personas.
Las medidas incluyen transferencias de dinero, mecanismos de financiación previamente acordados, seguros contra desastres y apoyo para reducir los riesgos antes de que lleguen a producirse inundaciones, sequías o tormentas.
La experiencia de episodios anteriores muestra que anticiparse también puede reducir considerablemente los costos. Según el PMA, cada dólar invertido en programas de acción anticipatoria puede ahorrar entre tres y siete dólares en pérdidas evitadas y en gastos de respuesta humanitaria.
El Niño no afectará a todos los países de la misma manera. Algunas zonas ya registran lluvias por debajo del promedio, inundaciones o temperaturas inusualmente altas, mientras que otras podrían experimentar el mayor impacto durante las próximas temporadas agrícolas.
Los países que ya enfrentan pobreza, conflictos e inestabilidad económica, sumados a fenómenos meteorológicos extremos repetidos, son los que probablemente sufrirán las consecuencias más graves del episodio que ahora se refuerza.
En esos contextos, una pérdida de cosechas o una subida de los precios de los alimentos puede empujar rápidamente hacia niveles críticos de hambre a familias que apenas logran cubrir sus necesidades básicas. Por eso el PMA insiste en que la respuesta debe llegar antes del pico del fenómeno y no cuando la crisis alimentaria ya se ha instalado en los hogares.
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