La temporada de mayor riesgo de incendios forestales se encuentra en pleno apogeo en España, con varios siniestros de gran extensión repartidos por la geografía y numerosos conatos dispersos por el territorio. La situación obliga a mantener desplegados medios terrestres y aéreos especializados por el riesgo para la población, los ecosistemas y las zonas forestales.

Sumario

 

Entre los focos que concentran la atención figuran incendios en el noroeste peninsular, varios siniestros en Cataluña, fuegos en el centro de la Península y episodios relevantes en Baleares y Andalucía. El avance de la campaña muestra además un balance de superficie quemada claramente superior al de los dos años anteriores.

 

Incendios bajo vigilancia

 

Mapa de los incendios forestales activos a 7 de julio de 2026 / Imagen: EA

En el cuadrante noroeste, los incendios de Pías, en Ourense, y Muelas de los Caballeros, en Zamora, han evolucionado de forma favorable y se han dado prácticamente por extinguidos. En cambio, la mayor preocupación se mantiene en el incendio de Oseja de Sajambre, activo en el límite entre León y Asturias.

Este fuego exige una vigilancia especial por su localización y por la dificultad de los trabajos de extinción en un entorno de montaña. La proximidad a espacios forestales sensibles y la posible evolución de las llamas mantienen activados recursos de emergencia para evitar nuevas reproducciones y contener el riesgo de propagación.

Cataluña aparece como una de las zonas más afectadas por los incendios en la actualidad, con varios siniestros de cierta gravedad. Los focos que despiertan mayor preocupación son los de Sentmenat y Anoia, ambos en la provincia de Barcelona, en un contexto de simultaneidad que complica la gestión de los recursos disponibles.

El incendio de Anoia, declarado entre Carme y la Pobla de Claramunt, ha obligado a adoptar medidas preventivas para la población y ha requerido un amplio despliegue de los Bombers de la Generalitat. También se mantienen bajo seguimiento los fuegos de Artesa de Segre, en Lleida, y los incendios de Vilademuls y La Bisbal d’Empordà, en Girona, que presentan una mejor evolución.

La simultaneidad de siniestros en Cataluña se produce en una fase de temperaturas elevadas, baja humedad y vegetación muy disponible para arder. Estas condiciones aumentan la dificultad de los trabajos de extinción y obligan a extremar la prudencia en zonas forestales, agrarias y periurbanas.

 

Más superficie quemada

 

Incendios forestales en España en datos hasta el 28 de junio de 2026 / Infografía: EA

El balance de superficie calcinada por incendios forestales ha crecido durante las últimas semanas y empieza a situarse por encima de referencias anteriores. Hasta el 28 de junio habían ardido 43.197,52 hectáreas, una cifra superior al doble de la registrada a estas mismas alturas de año en 2024 y 2025.

En esos dos ejercicios anteriores, la superficie calcinada hasta la misma fecha se situaba en 17.594,34 hectáreas. La referencia actual también supera la media del último decenio, aunque con una diferencia menor, ya que durante los seis primeros meses del año suele arder una media de 36.473 hectáreas.

Este aumento de la superficie quemada también se traslada al número de siniestros. Hasta el momento se han producido 4.655 siniestros, de los que 3.012 son conatos inferiores a una hectárea y 1.642 son incendios de una superficie mayor.

El dato se sitúa ligeramente por encima de los 4.255 siniestros de media del decenio y bastante por encima de los 2.902 registrados durante el año pasado. Además de la mayor proliferación de fuegos, preocupa su extensión, ya que se han producido 12 grandes incendios de más de 500 hectáreas en lo que va de año.

La proliferación de grandes incendios durante el último mes ha modificado el balance de las zonas más afectadas. Las regiones del noroeste continúan siendo las más golpeadas, con el 57,58% del total de superficie calcinada, aunque su peso relativo desciende por el avance del fuego en otras áreas.

Las comunidades interiores concentran ya el 23,16% de la superficie quemada, mientras que el área mediterránea alcanza el 19,25%. Hasta el momento, Canarias no ha sufrido incendios de gran extensión, según el balance recogido en las estadísticas de la campaña.

Por tipos de vegetación, el matorral y monte abierto se mantiene como el sector más afectado, con 25.663,90 hectáreas calcinadas. Le siguen los pastos y dehesas, con 10.165,12 hectáreas, mientras que la superficie arbolada suma unas 7.368 hectáreas quemadas.

 

Riesgo en varias comunidades

 

El centro de la Península también se ha visto marcado por varios incendios de importancia. Ya se consideran extinguidos el siniestro de Malpartida de Plasencia, en Cáceres, y el de Buenache de la Sierra, en Cuenca, mientras continúan las labores de extinción en Hoyos del Espino, en Ávila.

En la provincia de Castellón, el incendio de Soneja se encuentra estabilizado tras varias complicaciones. La evolución favorable no elimina la necesidad de vigilancia, ya que las condiciones meteorológicas y el estado del terreno pueden favorecer reproducciones en zonas calientes del perímetro.

El archipiélago balear tampoco se ha visto libre de siniestros relevantes. El incendio de Selva, en el norte de Mallorca, ha sido uno de los episodios más graves de las últimas semanas en las islas, aunque ya figura como extinguido tras la intervención de los servicios de emergencia.

En el sur peninsular, el incendio que mayor preocupación ha causado es el del parque natural de Grazalema, en plena sierra de Cádiz. El fuego ha obligado a movilizar un importante dispositivo de extinción por su afección a una zona de alto valor ambiental y por el riesgo asociado a su evolución.

Otro siniestro relevante, el de Jerez de los Caballeros, al sur de Badajoz, se encuentra controlado. Su situación muestra la diversidad territorial de una campaña que acumula incendios en el noroeste, el interior, el Mediterráneo, Baleares y Andalucía.

La evolución de las últimas semanas confirma que España afronta una fase especialmente delicada de la campaña forestal. La combinación de más siniestros, grandes incendios y una superficie quemada superior a la media del decenio sitúa la prevención y la coordinación entre administraciones como elementos decisivos.

La extensión del fuego en distintos territorios obliga a mantener la alerta y a reforzar las medidas de prudencia en espacios naturales, zonas agrarias y áreas periurbanas. En plena temporada de riesgo, la prioridad de los dispositivos sigue siendo proteger a la población, contener los frentes activos y reducir el impacto ambiental de los incendios forestales.

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