Mantener el planeta dentro de los límites de temperatura del Acuerdo de París será cada vez más difícil sin rebasarlos antes de forma temporal.
Y ese rebasamiento –lo que los científicos llaman sobrepaso– deja en la Tierra cambios que ya no podrán borrarse, aunque después se consiga volver a enfriar el clima.
Lo concluye un estudio de las universidades canadienses Concordia (Montreal) y Simon Fraser (Vancouver), publicado este 16 de junio en la revista Communications Earth & Environment (1).
El trabajo calcula qué alteraciones del clima son reversibles y cuáles no cuando la temperatura supera el objetivo y luego baja, y propone una medida nueva para anticiparlas: los grados–año de sobrepaso.
El sobrepaso ya parece inevitable
El sobrepaso de la temperatura es cada vez más probable
“El sobrepaso de la temperatura es cada vez más probable”, advierte el estudio. Las políticas climáticas actuales sitúan el calentamiento global muy por encima de los 2 °C, lejos del objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento a 1,5 °C y, en todo caso, bastante por debajo de 2 °C.
Para alcanzar esa meta, lo más probable es que el planeta supere primero el límite durante un tiempo y solo después vuelva a él, retirando dióxido de carbono de la atmósfera. Ese rodeo –subir por encima del objetivo y luego bajar– es precisamente lo que define el sobrepaso.
La pregunta que aborda la investigación es qué le ocurre al clima durante ese trayecto: si todo regresa a su sitio cuando la temperatura desciende o si parte del daño permanece para siempre.
Esa distinción no es menor. De ella depende saber hasta qué punto es seguro apurar los márgenes de temperatura confiando en poder enfriar después el planeta.
Una medida del exceso acumulado
El efecto del sobrepaso depende de su magnitud acumulada en el tiempo
“El efecto del sobrepaso depende de su magnitud acumulada en el tiempo”, resume el estudio. No basta con saber cuántos grados se rebasa el objetivo: también cuenta cuántos años se mantiene la temperatura por encima del límite.
Los autores reúnen ambos factores en una sola cifra a la que llaman grados–año de sobrepaso. La idea es sencilla: se multiplica la magnitud del exceso por el tiempo que dura, de modo que un rebasamiento pequeño pero muy prolongado puede pesar tanto como uno grande y breve.
Para comprobarlo han empleado un modelo del sistema terrestre de complejidad intermedia –una herramienta informática que simula el comportamiento del clima– y lo han aplicado a 42 pares de escenarios. Cada par compara una trayectoria con sobrepaso frente a otra de referencia que alcanza la misma temperatura sin rebasarla.
El resultado de ese ejercicio es lo que da valor a la nueva medida: con solo conocer los grados–año acumulados se puede estimar de antemano cuánto cambiarán los sistemas más sensibles del planeta.
Disponer de una regla tan simple tiene una utilidad práctica: permite traducir cualquier trayectoria de emisiones en una estimación de las consecuencias que dejará, sin tener que simular una a una todas las posibilidades.
Los grados–año permiten predecir los cambios irreversibles
“Los grados–año permiten predecir los cambios irreversibles” del océano y el permafrost, según el estudio. En las variables más difíciles de revertir, el resultado del sobrepaso guarda una relación directa y proporcional –lineal, en términos técnicos– con esa medida: a más grados–año, mayor es la alteración que queda.
Daños que no se revierten
Los cambios del océano y el permafrost son altamente irreversibles
“Los cambios del océano y el permafrost son altamente irreversibles”, advierte la investigación. El permafrost –el suelo que permanece helado durante años en las regiones árticas– y las alteraciones del océano no regresan a su estado anterior aunque la temperatura global vuelva a bajar.
Eso significa que un sobrepaso deja una factura que no se salda con enfriar el planeta. Cuantos más grados–año se acumulen, mayor y más duradero será el cambio en esos sistemas, según el modelo.
El océano y el permafrost comparten una característica: son sistemas lentos, que tardan décadas o siglos en reaccionar a los cambios de temperatura. Esa misma inercia explica que, una vez alterados, tampoco vuelvan atrás con rapidez.
Frente a esos efectos persistentes, otras variables del clima son más reversibles y recuperan en buena medida su estado de partida cuando la temperatura desciende. Distinguir unas de otras es justo lo que el trabajo se propone cuantificar.
La lectura práctica es directa: para limitar el daño permanente no basta con volver al objetivo, sino que importan tanto cuánto se rebasa como durante cuánto tiempo.
Firman el estudio Mitchell Dickau y H. Damon Matthews, de la Universidad Concordia, y Kirsten Zickfeld, de la Universidad Simon Fraser. La revista difunde por ahora una versión preliminar del artículo, todavía sin edición final.
Referencias
- (1) Irreversible climate changes driven by degree-years of temperature overshoot. Communications Earth & Environment.
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