Los días de calor extremo ya no se limitan al verano. Un estudio del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA ha comprobado que, en torno a la mitad de la superficie terrestre, estos episodios se han vuelto más frecuentes en los meses previos y posteriores a la estación cálida desde los años ochenta. Y lo han hecho de forma desigual: en unas regiones se adelantan a la primavera y en otras se alargan hasta el otoño.

Sumario

 

El trabajo, publicado en la revista AGU Advances (1), lo firman la climatóloga Catherine Ivanovich, del Instituto Goddard de Estudios Espaciales (GISS) de la NASA –afiliado a la Escuela del Clima de la Universidad de Columbia–, su colega del GISS Benjamin Cook y Sonali Shukla McDermid, de la Universidad de Nueva York. Según sus autores, es la primera investigación que mide si el momento del año en que llega el calor extremo está cambiando en todo el mundo.

 

Una expansión desigual por regiones

 

Los investigadores esperaban que el aumento de las temperaturas globales asociado al cambio climático facilitara por igual, a lo largo de todo el año, que se superaran los umbrales de calor peligrosos. No fue eso lo que encontraron: las temporadas de calor extremo se han extendido de forma significativa en poco más de la mitad de la tierra firme en el caso del calor seco, y en algo menos de la mitad en el del calor húmedo.

En algunos lugares, se observa una mayor expansión del calor extremo durante la primavera, antes de que comience la temporada de calor tradicional

CATHERINE IVANOVICH, Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA

“En algunos lugares, se observa una mayor expansión del calor extremo durante la primavera, antes de que comience la temporada de calor tradicional. En otros, la temporada de calor se extiende mucho más rápidamente hasta el otoño”, explica Ivanovich, autora principal del estudio. La diferencia importa: el calor extremo afecta más al cuerpo cuando llega antes de que las personas se hayan aclimatado a la estación, o después de que hayan soportado meses de calor intenso.

En el oeste de Estados Unidos, el este de China, el norte de África y el este de Europa, los episodios de calor extremo se volvieron más frecuentes, y con mayor rapidez, en los dos meses posteriores a sus temporadas de calor históricas. En Europa occidental, el sur de África y el noroeste de la India ocurrió lo contrario: el calor extremo se concentró sobre todo en los dos meses previos, el equivalente a la primavera en las latitudes medias.

Hasta ahora, la investigación sobre el calentamiento estacional se había centrado en las temperaturas medias y en el calendario de las estaciones. El verano de las latitudes medias, por ejemplo, se ha alargado unos seis días por década desde 1990. En cambio, apenas se había estudiado cuándo llegan los episodios extremos, que no tienen por qué avanzar al mismo ritmo que la media.

El contraste con el pasado es claro. En los años ochenta, el calor extremo estaba muy ceñido a una única temporada: en torno al 93 % de la superficie terrestre concentraba más del 80 % de sus días de calor seco extremo dentro de su estación cálida tradicional. Ocurría incluso en los trópicos, donde las temperaturas varían mucho menos a lo largo del año.

Para medir el cambio, el equipo contabilizó los episodios de calor extremo en los seis continentes habitados entre 1980 y 1989. Consideró extremos los días situados en el 5 % más caluroso de las temperaturas diarias; dicho de otro modo, de cada cien días, los cinco más calurosos.

El análisis se hizo dos veces. Una con las lecturas del termómetro convencional, que miden el calor seco, y otra con la temperatura de globo de bulbo húmedo, un indicador del calor húmedo que combina temperatura del aire, humedad, viento y radiación solar para medir el estrés térmico tal como lo experimenta el cuerpo. Es el índice que se usa, por ejemplo, para vigilar el calor en el deporte al aire libre y en el trabajo.

Después, los autores compararon esas cifras de referencia con las de la década más reciente del registro, de 2015 a 2024. Para asegurarse de que el patrón se sostenía, repitieron el cálculo con dos conjuntos de datos distintos –uno de la NASA y otro del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo–. En gran medida, así fue.

Existen asimetrías muy claras en la forma en que se extienden las temporadas de calor extremo en diferentes partes del mundo

CATHERINE IVANOVICH, Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA

“Existen asimetrías muy claras en la forma en que se extienden las temporadas de calor extremo en diferentes partes del mundo”, destaca Ivanovich. “El calor extremo está empezando a adquirir un carácter distinto en muchas de estas regiones”.

 

Phoenix, casi el doble de días

 

La ciudad de Phoenix, en el oeste de Estados Unidos, ilustra bien el fenómeno. Registró 183 días de calor extremo por temperatura en la década de referencia de los años ochenta y 338 en la que terminó en 2024, casi el doble.

Ninguno de los episodios de los años ochenta se produjo después de que terminara la temporada de calor, pero entre 2015 y 2024 el 6 % sí lo hizo

Ninguno de los episodios de los años ochenta se produjo después de que terminara la temporada de calor, pero entre 2015 y 2024 el 6 % sí lo hizo, según los datos del estudio. Además, la fecha mediana de los extremos de calor seco de la ciudad –el punto central de su calendario– se retrasó 10 días en el año, mientras que la de los extremos de calor húmedo se adelantó 5,5 días.

El año 2024 dejó un ejemplo elocuente. Tras 113 días consecutivos por encima de los 100 grados Fahrenheit –unos 38 °C–, casi cuatro meses seguidos, la ciudad igualó o batió récords diarios de temperatura durante 21 días seguidos, desde finales de septiembre hasta mediados de octubre.

El condado de Maricopa, donde se ubica Phoenix, registró 608 muertes relacionadas con el calor en 2024, el 46 % de ellas en julio, el mes más caluroso del año. En 2023, julio había concentrado el 64 % de las 645 muertes de ese año. Es decir, en 2024 más de la mitad de los fallecimientos se produjeron fuera de julio.

Ya fuera del periodo de estudio, el pasado mes de marzo la ciudad tuvo nueve días en los que se alcanzaron o superaron los 38 °C, algo que solo había ocurrido una vez antes en un mes de marzo en todo el registro histórico.

 

Causas abiertas y riesgos encadenados

 

Los investigadores comprobaron si el calentamiento global por sí solo podía producir este patrón. Para ello, tomaron los registros de los años ochenta y les sumaron el aumento medio de temperatura de cada lugar hasta la última década. El resultado explicaba los cambios en el centro de la temporada de calor, pero no la asimetría en sus extremos.

No podemos confirmar qué proporción de la señal se debe al cambio climático basándonos únicamente en las observaciones

CATHERINE IVANOVICH, Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA

“No podemos confirmar qué proporción de la señal se debe al cambio climático basándonos únicamente en las observaciones”, indica Ivanovich, “pero sin duda es el componente principal de la explicación”. Los modelos climáticos deberían ayudar a separar la contribución del cambio climático de origen humano de la de la variabilidad natural.

Mientras tanto, los autores apuntan a otros factores regionales que podrían estar contribuyendo: los cambios a largo plazo en las lluvias estacionales y en la humedad del suelo, las transformaciones en el uso de la tierra –como la intensificación agrícola o el aumento del regadío– y fluctuaciones naturales del clima como la Oscilación Decadal del Pacífico o la Oscilación Multidecadal del Atlántico.

Ivanovich subraya que los resultados deben tomarse como una primera línea de evidencia convincente. El calor extremo es raro por definición, y el que llega fuera de temporada lo es aún más, lo que dificulta confirmar los cambios estadísticamente. El siguiente paso será repetir la comparación con simulaciones climáticas, que ofrecen muchas más versiones teóricas de la realidad y, por tanto, más episodios que analizar.

Sean cuales sean las causas, las consecuencias son numerosas. Las alertas por calor y los centros de climatización –espacios refrigerados donde la población puede refugiarse– suelen organizarse según el calendario del verano, por lo que estas protecciones podrían ser necesarias también fuera de los meses estivales, según los autores.

El tipo de calor también cuenta. El calor seco perjudica más a los cultivos y a los ecosistemas; el calor húmedo es más peligroso para las personas, porque limita la capacidad del cuerpo para refrescarse mediante el sudor. Adaptarse a uno no es lo mismo que adaptarse al otro.

Los cambios en el calendario del calor extremo también aumentan la probabilidad de que coincida con otros peligros estacionales

Los cambios en el calendario del calor extremo también aumentan la probabilidad de que coincida con otros peligros estacionales, como la temporada alta de incendios forestales en el oeste de Estados Unidos o la de huracanes en el sureste. Cuando varios peligros se producen a la vez o en rápida sucesión, “son mucho más peligrosos y tienen mayor impacto que si ocurrieran de forma aislada”, advierte Ivanovich.

 

Referencias

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