Un equipo científico con participación de la Universidad de Basilea reconstruye, en un estudio publicado el 10 de junio de 2026 en Nature Communications (1), cómo cambia la diversidad vegetal en las tierras bajas europeas durante 7.600 años y concluye que la actividad humana ha sido un factor clave en esos cambios, porque la apertura del paisaje, el cultivo y el fuego incrementan la riqueza vegetal, mientras que las crisis históricas y la agricultura industrializada reciente se asocian con descensos.
Siete milenios de cambios
La actividad humana no siempre ha reducido la biodiversidad, sino que, en determinados contextos históricos, ha contribuido a aumentarla
La investigación cuestiona una idea simple sobre la relación entre seres humanos y naturaleza: la actividad humana no siempre ha reducido la biodiversidad, sino que, en determinados contextos históricos, ha contribuido a aumentarla. El trabajo reconstruye la evolución de la vegetación en la meseta suiza, una región clave para entender la historia europea del uso del suelo, mediante sedimentos lacustres que actúan como archivos naturales.
El equipo utiliza registros continuos de polen procedentes de tres enclaves y cubre un periodo de 7,6 milenios. Estos registros se apoyan en 227 dataciones por radiocarbono y en secuencias parcialmente laminadas de forma anual, lo que permite establecer cronologías a escala de décadas. Esta resolución temporal ofrece una visión de largo plazo que supera los límites de muchas observaciones ecológicas modernas.
El estudio analiza la relación entre la riqueza palinológica –un indicador usado como aproximación a la diversidad vegetal– y la probabilidad reconstruida de uso del suelo en seis épocas culturales e históricas. Con esta comparación, los investigadores observan cómo la vegetación responde a la transformación del paisaje a lo largo de periodos muy prolongados.
Las historias de la vegetación muestran patrones similares entre los tres sitios estudiados. Los hayedos permanecen presentes durante todo el periodo, mientras que otros árboles caducifolios disminuyen y los taxones asociados a pastizales se expanden desde el Neolítico. Esta evolución refleja cambios sostenidos en el paisaje vinculados a la presencia humana y a nuevas formas de aprovechamiento del territorio.
Uso tradicional del suelo
Los resultados indican que la diversidad vegetal responde con fuerza al uso del suelo. Aumenta cuando se abren espacios en el bosque, se cultiva y se emplea el fuego, prácticas que generan paisajes más heterogéneos y favorecen la presencia de distintos grupos de plantas. En ese contexto, la intervención humana no aparece solo como una presión negativa, sino como un elemento que modifica y, en ciertos momentos, amplía la diversidad local.
El trabajo identifica que los paisajes de la Edad Media y de la Edad Moderna temprana sostienen los niveles más altos de riqueza vegetal. Estos periodos se asocian con formas de gestión del territorio que mantienen mosaicos de bosques, cultivos, pastizales y áreas abiertas, una estructura que permite la coexistencia de más especies vegetales que en paisajes cerrados o fuertemente homogeneizados.
La conclusión no implica que toda actividad humana beneficie a la biodiversidad. El estudio muestra una relación dependiente del tipo de uso del suelo, de la escala temporal y del contexto histórico. La apertura del paisaje, el cultivo y el fuego incrementan la diversidad en determinados momentos, pero otros procesos humanos o sociohistóricos generan el efecto contrario.
Entre los episodios vinculados a descensos de diversidad aparecen crisis como el Periodo de las Migraciones y la Peste Negra. Durante estos momentos, los cambios en la ocupación y gestión del territorio alteran la relación entre actividad humana y paisaje, lo que se refleja en una menor riqueza vegetal en los registros analizados.
La investigación subraya así que los seres humanos han sido grandes impulsores del cambio vegetal en las tierras bajas europeas durante más de siete milenios. Su influencia no se limita a la pérdida de especies, sino que incluye transformaciones complejas en la composición del paisaje y en las oportunidades ecológicas para distintas plantas.
Descenso reciente
El estudio también advierte de un cambio importante en las últimas décadas. La diversidad vegetal disminuye recientemente, probablemente por la agricultura industrializada, que tiende a simplificar los paisajes y reducir la heterogeneidad que en otros periodos históricos favorece una mayor riqueza de especies.
La diversidad vegetal disminuye recientemente, probablemente por la agricultura industrializada, que tiende a simplificar los paisajes y reducir la heterogeneidad que en otros periodos históricos favorece una mayor riqueza de especie
Esta diferencia entre usos tradicionales e intensificación reciente es una de las claves del trabajo. Los datos sugieren que las formas históricas de manejo del suelo pueden haber generado condiciones favorables para la diversidad, mientras que los modelos más intensivos y homogéneos se relacionan con una pérdida de riqueza vegetal.
Los autores/as sostienen que conocer estos legados de uso sostenible del suelo puede ayudar a revertir las pérdidas actuales de biodiversidad. La lectura de los sedimentos lacustres permite observar qué tipos de paisaje han sostenido más diversidad en el pasado y ofrece una base histórica para pensar en estrategias de conservación.
La investigación destaca la utilidad de los archivos naturales para comprender cambios ecológicos de largo plazo. Los sedimentos de los lagos conservan señales de polen, vegetación y transformación del territorio, lo que permite reconstruir procesos que no pueden captarse con observaciones recientes o series temporales cortas.
La cuestión no es solo si hay intervención humana, sino qué tipo de intervención se produce, con qué intensidad y qué paisaje genera
En conjunto, el trabajo muestra que la relación entre ser humano y biodiversidad es más compleja que una simple secuencia de deterioro. Durante milenios, ciertos usos del suelo han favorecido la riqueza vegetal en las tierras bajas europeas, pero la intensificación reciente marca una tendencia distinta y plantea un desafío para la conservación.
La principal conclusión es que la actividad humana ha sido decisiva para configurar la diversidad vegetal europea durante más de 7.000 años. La cuestión, según se desprende del estudio, no es solo si hay intervención humana, sino qué tipo de intervención se produce, con qué intensidad y qué paisaje genera.
Referencias
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