El presidente de Estados Unidos (EE UU), Donald Trump, ha ordenado la retirada del país de 66 organizaciones internacionales, una decisión que ha afectado a 31 entidades vinculadas a Naciones Unidas (ONU) y que ha marcado un nuevo episodio de confrontación con el sistema multilateral. La medida se ha formalizado mediante un memorando presidencial que ha instruido a todas las agencias federales a poner fin a su participación y financiación en estos organismos.

Según ha indicado la Casa Blanca, la decisión ha respondido a la convicción de que estas entidades “no han servido a los intereses nacionales” y han promovido políticas contrarias a la soberanía estadounidense. Trump ha defendido que la salida ha permitido redirigir recursos hacia prioridades internas y ha reafirmado su doctrina de America First, que ha guiado su política exterior desde su regreso al poder.

El documento presidencial ha incluido tanto organismos de la ONU como entidades internacionales externas, aunque no ha detallado públicamente el listado completo. No obstante, fuentes diplomáticas han confirmado que entre los ámbitos afectados se han encontrado el cambio climático, los derechos humanos, el desarrollo económico y la cooperación internacional. La orden ha tenido efectos inmediatos en la presencia institucional de Estados Unidos en foros multilaterales clave.

 

Una retirada sin precedentes del sistema multilateral

 

La administración Trump ha sostenido que la retirada se ha producido tras una revisión interna del coste y la utilidad de la pertenencia a estos organismos. Según el Ejecutivo, Estados Unidos ha aportado durante años miles de millones de dólares sin haber obtenido beneficios proporcionales para su economía ni para su seguridad nacional.

Entre las salidas más relevantes se ha encontrado la desvinculación de marcos relacionados con la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, así como de otras plataformas técnicas y consultivas. La decisión se ha sumado a anteriores abandonos impulsados por Trump, como la retirada del Acuerdo de París, del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y la suspensión de fondos para la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA).

Expertos en relaciones internacionales han advertido de que la medida ha supuesto uno de los retrocesos más significativos del compromiso estadounidense con el multilateralismo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos ha sido históricamente uno de los principales arquitectos y financiadores del sistema internacional surgido tras 1945, y su salida ha generado inquietud entre aliados tradicionales.

Desde la Casa Blanca se ha insistido en que la decisión no ha implicado un aislamiento internacional, sino una redefinición de prioridades. El memorando ha señalado que Washington ha buscado acuerdos bilaterales “más justos y eficaces” y ha cuestionado la legitimidad de organismos que, según el Gobierno, han impuesto normas sin el consentimiento pleno de los Estados.

 

Guterres ha lamentado la decisión y ha apelado a las obligaciones legales

 

La reacción de Naciones Unidas no se ha hecho esperar. El secretario general, António Guterres, ha lamentado públicamente la decisión de Estados Unidos y ha subrayado que las contribuciones financieras a los presupuestos ordinario y de mantenimiento de la paz han constituido obligaciones legales derivadas de la Carta de la ONU.

A través de su portavoz, Stéphane Dujarric, Guterres ha recordado que los presupuestos han sido aprobados por la Asamblea General y que todos los Estados miembros, incluido Estados Unidos, han asumido compromisos jurídicos. Naciones Unidas ha reiterado que continuará ejecutando sus mandatos pese a la retirada estadounidense.

El secretario general ha señalado que las agencias afectadas han prestado asistencia esencial a millones de personas en todo el mundo y ha advertido de que la reducción de fondos podría tener consecuencias humanitarias y operativas. Sin embargo, ha asegurado que la organización ha buscado alternativas para garantizar la continuidad de sus programas.

En el ámbito diplomático, varios países han expresado su preocupación por el impacto financiero de la salida estadounidense en el sistema de la ONU. Estados Unidos ha figurado tradicionalmente entre los mayores contribuyentes, tanto en cuotas obligatorias como en aportaciones voluntarias, por lo que su retirada ha abierto interrogantes sobre recortes o redistribuciones de carga entre los Estados miembros.

Dentro de Estados Unidos, la decisión ha provocado reacciones encontradas. Sectores del Congreso y del mundo empresarial han advertido de que el abandono del multilateralismo ha reducido la capacidad de influencia global del país. En contraste, los partidarios de Trump han defendido que la medida ha protegido los intereses nacionales y ha reducido gastos considerados innecesarios.

La retirada de Estados Unidos de 66 organismos internacionales ha dejado así un escenario de incertidumbre en la gobernanza global y ha reforzado el debate sobre el papel que la primera potencia mundial debe desempeñar en los grandes desafíos internacionales del siglo XXI.