El día que ardía el reactor cuatro llamaron a la puerta de Ivan Shilets para decirle que fuera a Chernóbil a rescatar sus ovejas. Nadie le explicó nada más. Hoy tiene 88 años y vive en la única casa habitada de Krasniahia, una aldea bielorrusa a 40 kilómetros de la central. El 26 de abril se cumplen 36 años del accidente de Chernóbil, y esta vez la efeméride llega con una guerra alrededor de la central.
- Krasniahia: la última casa habitada antes de la zona de exclusión
- Chernóbil voló al norte: el 70% de la radiación cayó en Bielorrusia
- La catástrofe en cifras: de 31 muertos a 200.000
- Ivankova y Stralichava: enfermos que no existen
- Los muertos que Minsk no cuenta
- El tabú de Lukashenko: el país que prefiere no recordar
- La guerra, el Bosque Rojo y una central nueva a 500 kilómetros
Mientras el núcleo del reactor cuatro ardía, el viento empujó hacia el norte buena parte de los residuos radiactivos y contaminó cerca de una cuarta parte de Bielorrusia. Antes de la invasión rusa de Ucrania, desde EcoAvant.com ya trabajábamos en este reportaje: nos acercamos a esa región fronteriza, a unos 30 kilómetros de la central, y recogimos los testimonios de los vecinos que todavía viven allí.
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Krasniahia: la última casa habitada antes de la zona de exclusión
De las 20 casas que conforman Krasniahia, solo una está habitada. Sus dueños son Ivan Shilets y su mujer, Vera. Ambos tienen 88 años, son menudos y no dejan de sonreír, sentados en la cama de su habitación. Ivan, de cejas blancas pobladas y manos arrugadas y grandes, recuerda bien el día de la explosión.
Llamaron a mi puerta. Era el jefe de la granja estatal en la que trabajaba. Me dijo que había un incendio en la central y que tenía que ir a Chernóbil a evacuar el ganado. No me explicó nada más
IVAN SHILETS, vecino de Krasniahia, a 40 kilómetros de la central
"Llamaron a mi puerta. Era el jefe de la granja estatal en la que trabajaba. Me dijo que había un incendio en la central y que tenía que ir a Chernóbil a evacuar el ganado. No me explicó nada más", rememora. Cogió una furgoneta rudimentaria y se acercó a la planta a sacar sus ovejas. Por el camino se cruzó con convoyes militares y, sobre su cabeza, zumbaban los helicópteros. Cuando terminó, volvió a casa y se acostó sin saber qué estaba pasando. Pasarían varias semanas hasta que el Gobierno de la URSS explicara a los vecinos lo ocurrido.
A ellos los evacuaron en los días siguientes. Ivan y Vera se negaron a dejar su casa.
Los que se fueron y se realojaron en Minsk están hoy todos muertos. Se murieron de la pena. Nosotros estamos bien
IVAN SHILETS, vecino de Krasniahia, a 40 kilómetros de la central
"Los que se fueron y se realojaron en Minsk están hoy todos muertos. Se murieron de la pena. Nosotros estamos bien", relata Shilets. A su alrededor, decenas de aldeas lucen casas abandonadas, con los muebles cubiertos de polvo, mesas puestas y muñecas tiradas en el suelo con tierra en la cara. Como si todos hubieran salido corriendo, con lo puesto. El silencio es permanente y, en los bosques, los medidores de radiación empiezan a pitar.
Chernóbil voló al norte: el 70% de la radiación cayó en Bielorrusia
Nadie podía imaginarlo. El 26 de abril de 1986, durante una prueba de seguridad a baja potencia, el reactor número cuatro de Chernóbil experimentó un súbito aumento de potencia que lo sobrecalentó y provocó una explosión de hidrógeno.
La deflagración voló la estructura de hormigón y dejó el núcleo a cielo abierto
La deflagración voló la estructura de hormigón y dejó el núcleo a cielo abierto: los primeros helicópteros soviéticos que sobrevolaron el lugar vieron grafito ardiendo al rojo vivo y combustible bullendo a 2.500 grados. Era la mayor catástrofe nuclear de la historia.
Varios estudios estiman que el sur de Bielorrusia recibió entre el 60 y el 70% de la radiactividad, y allí hubo que desalojar a cerca de 300.000 personas
Varios estudios estiman que el sur de Bielorrusia recibió entre el 60 y el 70% de la radiactividad, y allí hubo que desalojar a cerca de 300.000 personas. Aunque la central está en Ucrania, la frontera queda a unos 30 kilómetros, y el viento y la lluvia empujaron la nube hacia el norte. Bielorrusia sigue siendo hoy el territorio más afectado: al sur de Gomel hay una zona de exclusión a la que está prohibido acceder por los altos niveles de contaminación. Justo antes de ese límite se alinean los últimos pueblos habitados, una frontera de aldeas donde los vecinos conviven como pueden con la radiación.
La catástrofe en cifras: de 31 muertos a 200.000
El cesio y otros isótopos radiactivos llegaron hasta Suecia y Finlandia y se depositaron en otros puntos del hemisferio norte. La zona de exclusión que se cerró alrededor de la central ocupa 4.000 kilómetros cuadrados –más de seis veces y media Madrid–, pero el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA)(1) calcula que hay unos 150.000 kilómetros cuadrados contaminados en Bielorrusia, Rusia y Ucrania.
Unas 600.000 personas, los liquidadores, fueron movilizadas desde toda la Unión Soviética
Unas 600.000 personas, los liquidadores, fueron movilizadas desde toda la Unión Soviética, según los registros oficiales rusos: bomberos, médicos, militares, mineros, ingenieros y científicos que apagaron el fuego, descontaminaron la zona y levantaron el primer sarcófago. La central siguió funcionando hasta el 15 de diciembre de 2000, cuando se apagó el último de sus cuatro reactores, y la bóveda definitiva que hoy cubre el reactor cuatro –más de 30.000 toneladas, diseñada para aguantar un siglo– no se entregó a Ucrania hasta julio de 2019.
El recuento de víctimas va de los 31 muertos inmediatos que reconoce el OIEA a las 200.000 que calculó Greenpeace
El recuento de víctimas va de los 31 muertos inmediatos que reconoce el OIEA a las 200.000 que calculó Greenpeace en 2006 para Ucrania, Bielorrusia y Rusia entre 1990 y 2004. En medio caben casi todas las cifras: el Foro de Chernóbil –agencias de la ONU y los tres gobiernos– estimó en 2005 que unas 4.000 personas morirían de leucemia u otras enfermedades derivadas de la radiación; la Organización Mundial de la Salud contabilizaba 9.000 muertes por cáncer entre los liquidadores hasta 2006 y 230.000 personas reubicadas. En abril de 2021, el subdirector del Centro Nacional de Investigación de Medicina de Radiación de Ucrania, Viktor Sushko, resumía a la BBC por qué nadie cierra esa horquilla: el número real de afectados es imposible de determinar. Cinco millones de personas siguen viviendo en zonas contaminadas.
Ivankova y Stralichava: enfermos que no existen
En Ivankova, otra de las aldeas fronterizas, solo quedan Alexandr Turchin y su madre. Las casas están cerradas con candado, con vegetación creciendo en los tejados y entre paredes medio derruidas. El medidor marca 0,90 microsieverts por hora, entre tres y nueve veces el fondo natural habitual, que suele situarse entre 0,1 y 0,3. Turchin está plantando patatas. Cuando termina, se sienta en una banqueta de madera en su cocina, se seca el sudor de la frente con la gorra y bebe un vaso de agua.
A veces no me reconozco a mí mismo en el espejo. Es por culpa de la radiación. Mi mujer me abandonó por esto y se llevó a mis hijos. Y nadie me ayuda
ALEXANDR TURCHIN, vecino de Ivankova
"A veces no me reconozco a mí mismo en el espejo. Es por culpa de la radiación. Mi mujer me abandonó por esto y se llevó a mis hijos. Y nadie me ayuda", dice Turchin, que padece daños neuronales y pérdidas de memoria. "El gobierno no me facilita trasladarme de aquí porque dice que lo que me pasa no tiene nada que ver con la radiactividad".
Cerca de allí, en otra aldea semiabandonada llamada Stralichava, cuatro mujeres con pañuelos en la cabeza y bastones en la mano gastan la tarde sentadas en un banco. A su alrededor, unas gallinas picotean el suelo, ajenas a la radiación del ambiente.
Me operaron de tiroides dos veces. Tengo diabetes y dolor crónico de huesos. Las autoridades dicen que es por mi edad, que no tiene nada que ver con Chernóbil
ALLA TOLIMACH, vecina de Stralichava
"Me operaron de tiroides dos veces. Tengo diabetes y dolor crónico de huesos. Las autoridades dicen que es por mi edad, que no tiene nada que ver con Chernóbil", se queja Alla Tolimach. Su caso es muy común en el sur de Gomel: son pocos los vecinos que no padecen tiroides, tumores, dolores o problemas neuronales. Ninguno está reconocido oficialmente como víctima de la radiación.
Los muertos que Minsk no cuenta
Según el Gobierno bielorruso, los muertos por la explosión son 50. Los estudios independientes aplastan esa cifra bajo muchos ceros. El más citado es el que dirigió el experto medioambiental ruso Alexey Yablokov, Chernóbil: consecuencias de la catástrofe para las personas y el medio ambiente(2), publicado en 2009 por la Academia de Ciencias de Nueva York: con un modelo matemático que suma las víctimas directas y las muertes posteriores por enfermedades asociadas, estima en 1,4 millones los afectados y en 800.000 los fallecidos. Es un trabajo discutido por parte de la comunidad científica, pero la distancia con las cifras oficiales resulta difícil de explicar.
Lo más peligroso de la contaminación radiactiva es la herencia genética. Un vecino contaminado que se va a vivir a España o a Italia, tiene hijos ahí, y habrá llevado la contaminación radiactiva a esos países. Y esos hijos la trasladarán a sus nietos
ALEXEY NESTERENKO, director del Instituto de Radioprotección de Bielorrusia (BELRAD)
"Lo más peligroso de la contaminación radiactiva es la herencia genética. Un vecino contaminado que se va a vivir a España o a Italia, tiene hijos ahí, y habrá llevado la contaminación radiactiva a esos países. Y esos hijos la trasladarán a sus nietos", explica Alexey Nesterenko, director del Instituto de Radioprotección de Bielorrusia (BELRAD), una institución independiente que estudia los efectos de la catástrofe. Y va más allá: "Los efectos de la radiación de bajo nivel sobre la salud humana no se conocen todavía. Hay elementos radiactivos que tardarán miles de años en desintegrarse. Y cuando lo hagan, no sabemos cuáles serán las consecuencias. Personalmente, opino que la humanidad desaparecerá antes que la radiactividad".
En Gomel, quedarse embarazada es una experiencia angustiosa: las madres esperan nueve meses para saber si sus bebés llegarán con algún legado radiactivo. En Buda-Koshelenko, un pueblo muy cercano a la zona de exclusión, vive Lyudmila Sukhval, de 39 años y tres hijos. El mayor, Stas, tiene nueve años y una enorme cicatriz en la cabeza: un tumor que no deja de reproducirse pese a las operaciones. Tampoco él está considerado víctima de Chernóbil.
Viví mis embarazos con mucha preocupación. Nos pasa a todas las mujeres de este pueblo. Rezamos durante nueve meses para que todo salga bien. Pero casi todos los niños aquí tienen problemas de salud
LYUDMILA SUKHVAL, vecina de Buda-Koshelenko
"Viví mis embarazos con mucha preocupación. Nos pasa a todas las mujeres de este pueblo. Rezamos durante nueve meses para que todo salga bien. Pero casi todos los niños aquí tienen problemas de salud", relata. Ella misma padece un cáncer de riñón del que prefiere no hablar: "Chernóbil es el terror silencioso. Nos va atacando a todos lentamente". Los datos muestran que la mortalidad y las visitas a los centros sanitarios se han disparado en Gomel desde 1986. El Gobierno insiste en que nada tiene que ver con la central.
El tabú de Lukashenko: el país que prefiere no recordar
El accidente ocurrió cuando Bielorrusia formaba parte de la URSS. Alexander Lukashenko llegó al poder ocho años después, al ganar las elecciones de 1994, tres años después de la independencia. Desde entonces gobierna con mano de hierro este país de 9,5 millones de habitantes, situado en torno al puesto 50 del Índice de Desarrollo Humano de la ONU. En el referéndum de 1995 –calificado de farsa por la oposición– se impuso el ruso como lengua cooficial, se recuperó la bandera soviética y se integró la economía en la órbita de Moscú.
El Estado controla la mayor parte de la economía y de ella depende buena parte del empleo del país
El Estado controla la mayor parte de la economía y de ella depende buena parte del empleo del país: quien se rebela pierde el trabajo o queda señalado. Una élite de oligarcas afines al régimen decide qué empresa puede instalarse en Bielorrusia, que tiene además, según denuncia la oposición, una de las mayores proporciones de policías por habitante del mundo. Su servicio secreto –que conserva el nombre de KGB y cuyo cuartel general se erige sobre la Plaza de la Independencia de Minsk– está presente en sindicatos, prensa, asociaciones, centros culturales o despachos de abogados. "Bielorrusia se ha convertido en un Estado policial", resumía la hermana de la opositora encarcelada María Kolésnikova.
En agosto de 2020, Lukashenko se proclamó vencedor con más del 80% de los votos en su sexto mandato consecutivo. La legitimidad del resultado fue discutida y protestada(3), y la ola de protestas se sofocó con violencia, torturas y durísimas penas de prisión, como recogen los informes de Amnistía Internacional(4). En diciembre de 2021, un tribunal condenó a 18 años de cárcel(5) al líder opositor Serguéi Tijanovski.
La catástrofe y sus efectos siempre han sido un tabú para Bielorrusia
La catástrofe y sus efectos siempre han sido un tabú para Bielorrusia. El régimen trata de dejar atrás ese capítulo para defender los intereses y la reputación de su aliada y protectora, Rusia, para blanquear su propia gestión y para despejar el camino a futuros proyectos nucleares de inversión rusa. Ese hermetismo es el que explica, en los pueblos de Gomel, que ningún enfermo sea nunca un enfermo de Chernóbil.
La guerra, el Bosque Rojo y una central nueva a 500 kilómetros
El 24 de febrero de 2022, las tropas rusas entraron en Ucrania –en buena parte desde territorio bielorruso– y empezó la guerra. Al día siguiente, Rusia anunciaba que había tomado las instalaciones atómicas ucranianas y revivía el fantasma del peor siniestro nuclear de la historia. El personal técnico siguió operando en el mantenimiento de la planta, según confirmó(6) el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). La viceprimera ministra ucraniana, Iryna Vereshchuk, calificó las acciones del Kremlin de "irresponsables y poco profesionales" porque suponían "una amenaza muy grave no sólo para Ucrania, sino también para cientos de millones de europeos".
El gran susto llegó el 4 de marzo, cuando un bombardeo ruso provocó un incendio en la central de Zaporiyia, la mayor de Europa. El ministro de Exteriores ucraniano, Dmytró Kuleba, advirtió de que, si el complejo estallaba, las consecuencias serían "10 veces mayores que las de Chernóbil". Propaganda de guerra o no, el pánico cundió, alimentado por el alarmismo de buena parte de los medios. Después llegaron la alerta de las fuerzas nucleares rusas y las alusiones de Joe Biden a una tercera guerra mundial. El clima preapocalíptico disparó la venta de búnkeres y de equipos de protección.
A finales de marzo, la inteligencia estadounidense detectó la retirada de las tropas rusas de Chernóbil. Las autoridades ucranianas no han podido restablecer los sistemas de vigilancia por falta de electricidad y de servidores, y Rusia ha evacuado a cerca de 300 soldados con altas dosis de radiactividad tras haber estado atrincherados en el Bosque Rojo, el pinar que la lluvia radiactiva mató en los diez kilómetros alrededor de la central y que sigue siendo una de las áreas más contaminadas del planeta, según los informes de la Primera Conferencia Internacional sobre los Efectos del Accidente de Chernóbil(7).
En la zona de exclusión, mientras tanto, vuelven a verse aves, castores y lobos. Plantas y animales soportan la radiación de manera distinta a los humanos y, pese a las mutaciones documentadas sobre todo en aves y vegetales, hay especies que perduran; incluso se han hallado hongos junto a los restos del núcleo que se alimentan de la propia radiación. La ausencia de personas explica buena parte de esa recuperación.
Bielorrusia construye una nueva central nuclear a unos 500 kilómetros de Chernóbil y a medio centenar de Vilnius
Bielorrusia construye una nueva central nuclear a unos 500 kilómetros de Chernóbil y a medio centenar de Vilnius. El plan venía de los años ochenta y se suspendió tras la explosión de 1986; lo retomó Rusia, que financió con un crédito multimillonario los dos reactores de Astravets, construidos por Rosatom. El primero se conectó a la red en noviembre de 2020 y el segundo sigue pendiente. Las autoridades aseguran que no hay nada que temer, que se cumplen todos los requisitos internacionales y que la planta evitará millones de toneladas de emisiones al año. Quienes se oponen lo tienen difícil: el régimen advirtió de que hacerlo sería un ataque a los intereses nacionales. Lituania, en cambio, no ha dejado de protestar.
Si ustedes [Occidente] transfieren armas nucleares a Polonia o Lituania, a nuestras fronteras, entonces recurriré a Putin para recuperar las armas nucleares que entregué sin condiciones en 1994
ALEXANDER LUKASHENKO, presidente de Bielorrusia
"Si ustedes [Occidente] transfieren armas nucleares a Polonia o Lituania, a nuestras fronteras, entonces recurriré a Putin para recuperar las armas nucleares que entregué sin condiciones en 1994", advirtió Lukashenko tras el referéndum que cambió la Constitución para que el país pueda volver a albergar armamento nuclear. Niega haber participado en la invasión de Ucrania –"no tenemos nada que hacer allí", dijo, "no hemos sido invitados"–, aunque las tropas rusas atacaron desde su territorio y con su permiso.
A 40 kilómetros de la central, en la única casa habitada de Krasniahia, Ivan y Vera Shilets siguen sentados en la cama de su habitación, sonriendo. Vieron arder el reactor cuatro, se negaron a marcharse y llevan 36 años conviviendo con lo que no se ve. Ahora, al otro lado de la frontera, hay una guerra.
Y en los papeles no hay ni un solo enfermo de Chernóbil.
Referencias
- (1)Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Frequently Asked Chernobyl Questions. Consulta: abril de 2022.
- (2)Alexey V. Yablokov, Vassily B. Nesterenko y Alexey V. Nesterenko. Chernobyl: Consequences of the Catastrophe for People and the Environment. Annals of the New York Academy of Sciences, vol. 1181 (ISBN 978-1-57331-757-3). 2009.
- (3)France 24. Belarús: Lukashenko, reelecto en medio de protestas y acusaciones de fraude. 10 de agosto de 2020.
- (4)Amnistía Internacional. Derechos humanos en Bielorrusia. Consulta: abril de 2022.
- (5)Euronews. Bielorrusia: 18 años de cárcel para Serguéi Tijanovski. 14 de diciembre de 2021.
- (6)Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Update 37: IAEA Director General Statement on Situation in Ukraine. 2022.
- (7)Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Chernóbil, diez años después (Boletín del OIEA). 1996.
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