Cuando una lluvia intensa cae sobre una región con mucho plástico y una mala gestión de los residuos, los ríos no solo crecen: también se cargan de microplásticos –partículas de cinco milímetros o menos–. En 2022, los ríos del mundo vertieron al océano unas 263.000 toneladas, y el 96% procedió del Sur Global, según un estudio de la Universidad de Pekín que ha publicado este jueves la revista Science(1).

Sumario

 

El trabajo, liderado por Hehao Qin, ha reunido la mayor base de datos sobre microplásticos en ríos elaborada hasta la fecha y ha estimado, día a día, cuánto plástico llega al mar en todo el mundo. Concluye que los ríos vierten al océano una cantidad mucho mayor de lo que sugerían la mayoría de las estimaciones previas y que, en buena parte del planeta, la lluvia intensa concentra la contaminación en picos breves en lugar de diluirla.

 

El Sur Global concentra el vertido

 

El reparto de esa carga es muy desigual. Casi toda procede de ríos de países en desarrollo, y solo dos regiones –el Sudeste Asiático y Asia Oriental– aportan más de la mitad del flujo mundial, pese a abarcar apenas el 14% de la superficie terrestre del planeta. Dicho de otro modo, de cada diez toneladas que los ríos llevan al mar, más de cinco salen de esa franja de Asia.

El uso de plástico, la mala gestión de los residuos y el desarrollo humano explican por qué unas regiones tienen concentraciones más altas que otras

El uso de plástico, la mala gestión de los residuos y el desarrollo humano explican por qué unas regiones tienen concentraciones más altas que otras. Así lo concluye el análisis, que atribuye en cambio a las condiciones meteorológicas y a los cambios de estación las fluctuaciones a corto plazo, es decir, los altibajos que se producen de una semana a otra o de una temporada a la siguiente.

El vertido mundial está dominado, además, por un número reducido de grandes ríos. Entre todos ellos destaca el Yangtsé, en China, que el estudio identifica como la mayor fuente individual de microplásticos hacia el océano.

La brecha geográfica no convierte el problema en un asunto local. Los microplásticos se detectan hoy en casi todos los entornos naturales, de los suelos de montaña, los ríos y los lagos a las aguas costeras y el océano profundo, aunque el análisis atribuye a los ríos del Sur Global casi todo el material que llega al mar.

 

Pulsos de contaminación tras la lluvia

 

La lluvia puede tener dos efectos opuestos sobre un río: diluir las partículas en un volumen mayor de agua o arrastrar más plástico desde tierra hacia el cauce. El estudio muestra que, en muchas regiones, se impone el segundo. Las crecidas provocadas por las precipitaciones disparan las concentraciones y los flujos de microplásticos, un fenómeno que los autores llaman pulse enrichment –enriquecimiento por pulsos– frente a la simple dilución.

Alrededor del 70% del caudal mundial de agua dulce registra estos picos cuando la lluvia hace crecer los ríos, y el 80% de esos casos se da en países en desarrollo

Alrededor del 70% del caudal mundial de agua dulce registra estos picos cuando la lluvia hace crecer los ríos, y el 80% de esos casos se da en países en desarrollo. Es decir, el fenómeno afecta a más de dos tercios del agua que transportan los ríos del planeta y se concentra, de nuevo, en las regiones que ya soportan la mayor carga de plástico.

Los ríos no exportan microplásticos de forma constante. Acumulan residuos plásticos y fragmentos degradados procedentes de ciudades, campos de cultivo, carreteras y llanuras de inundación –los terrenos que ocupa el río cuando se desborda– y después los liberan en pulsos breves pero muy concentrados, que contaminan con rapidez las costas y las redes alimentarias marinas.

El calendario también cuenta. En los ríos que más microplásticos exportan, la mayor parte del vertido anual se produce durante la temporada de lluvias.

Estos pulsos son más intensos donde coinciden lluvias fuertes, una elevada producción y uso de plástico, una gestión de residuos deficiente y un terreno que genera con facilidad escorrentía –el agua de lluvia que corre por la superficie en lugar de filtrarse en el suelo–. En cambio, un tratamiento de aguas residuales municipal más avanzado y ciertas características del paisaje atenúan el efecto.

Para los autores, las mayores cargas de plástico no llegan al océano por un único factor, sino por la acción combinada de la actividad humana y los procesos hidroclimáticos, es decir, los ligados a la lluvia y a la circulación del agua sobre el terreno.

Los investigadores advierten, además, de que el cambio climático puede agravar la situación. Si la producción de plástico no se frena con más firmeza en origen y la gestión de residuos no mejora con rapidez, unas lluvias extremas cada vez más frecuentes e intensas seguirán amplificando estos pulsos y empeorando la contaminación marina.

 

Un método para medir mejor

 

Hasta ahora, las estimaciones mundiales sobre los microplásticos que transportan los ríos variaban mucho. Las observaciones son escasas, cada equipo emplea métodos de muestreo distintos y mide partículas de tamaños diferentes, y la mayoría de los modelos son demasiado poco detallados para captar cómo cambia la contaminación de un lugar a otro y de un día para otro.

El equipo ha armonizado las diferencias entre métodos de muestreo y ha desarrollado un modelo global que sigue el territorio que drena hacia cada punto de medición

El equipo ha armonizado las diferencias entre métodos de muestreo y ha desarrollado un modelo global que sigue el territorio que drena hacia cada punto de medición. El marco corrige también las diferencias en el tamaño de las partículas que registra cada estudio, para que los datos de todo el mundo puedan compararse entre sí.

Para interpretar esos datos, los investigadores han recurrido al aprendizaje automático –una rama de la inteligencia artificial que detecta patrones en grandes volúmenes de datos–. Así han podido considerar a la vez la actividad humana y los procesos naturales, y rastrear cuándo la lluvia aumenta o diluye la concentración de microplásticos.

El problema de fondo es la persistencia de estas partículas. Por su tamaño diminuto, su enorme abundancia y la dificultad de retirarlas, pueden permanecer en el medio ambiente durante largos periodos. Cada año se liberan millones de toneladas, y los ríos son una de las principales vías por las que viajan desde el interior de los continentes hasta la costa.

Una vez en el agua, pueden ingerirlos el plancton, los peces y los organismos que viven en el fondo. Según los autores, pueden alterar las redes alimentarias, liberar aditivos tóxicos y transportar otros contaminantes, lo que supone una amenaza persistente para los ecosistemas y una posible vía de exposición humana.

El resumen editorial de Science extrae la conclusión práctica: una mejor gestión de los residuos es imprescindible para reducir estos flujos. Los autores recuerdan que el plástico se ha convertido en uno de los componentes del cambio global que más rápido crece y más difícil resulta revertir.

Y subrayan que el océano, un sistema del que dependen redes alimentarias que la humanidad explota, está recibiendo muchos más microplásticos de los ríos de lo que se creía. Con un clima más cálido, advierten, las lluvias intensas pueden amplificar aún más esta vía de contaminación oculta pero masiva.

 

Referencias

Añadir EcoAvant.com como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora