Desde que comenzó la crisis sanitaria de la COVID-19, el miedo al contagio al coronavirus ha resucitado la industria del plástico de un solo uso.

El año 2021 era el señalado para el fin al uso de elementos plásticos como las bolsas, las pajitas, los cubierto y un sinfín de utensilios, la mayoría de ellos ciertamente banales o substituibles por otros menos contaminantes.

A principios de este mes de junio, desde el Ejecutivo español se ratificaba la intención de que sea aprobada de manera definitiva en el primer periodo de sesiones parlamentarias del próximo año al Ley de residuos y suelos contaminados, que afecta a los plásticos de un solo uso y a los microplásticos.

El uso de mascarillas, guantes, batas, máscaras, delantales y de todo de tipo innumerables utensilios de protección contra la infección por SARS-CoV-2 ha incrementando la demanda de materiales plásticos de una manera que era impensable de imaginar hace tan solo muy poco tiempo, justo antes del inicio del coronavirus. Según el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, España importó el pasado mes de abril hasta cuatro millones de mascarillas a la semana. Esta cifra se multiplicó por cinco durante mayo.

Residuos de mascarillas, guantes y otros desechables contra la infección de COVID-19 recogidos del fondo marino / Foto: LMP Residuos de mascarillas, guantes y otros desechables contra la infección de COVID-19 recogidos del fondo marino / Foto: LMP

 

A su vez, se ha detectado un aumento significativo de todo tipo de envases relacionados al consumo y compra de alimentación. Según Cicloplast, entidad que representa a productores y transformadores del sector, la pandemia ha reactivado el consumo de plástico. Lo inquietante es que de los 3,5 millones de toneladas de plástico que se consumen en España 2,5 se convierten en basura.

Por lo que algunos expertos recuerdan que tan solo en España cerca del 50% de los residuos plásticos no se reciclan y acaban en el medio ambiente o en vertederos. La misma ministra para la Transición Ecológica, Teresa Riberaha admitido recientemente que "el reto de los plásticos de un solo uso” le preocupa “enormemente".

Plásticoadicción

 

El nivel de dependencia al plástico de nuestra sociedad es absoluto, por lo que ya hace tiempo que se habla de plásticoadicción. Conforme a datos de mediados del año 2017 de varios investigadores científicos de la Universidad de Georgia, Universidad de California en Santa Barbara y Universidad Sea Education Association, desde que el material sintético comenzó su producción a gran escala en la década de 1950, se han generado 8.300 millones de toneladas métricas, y la mitad de éstas solo en los últimos 13 años. Unos 6.300 millones de toneladas –más del 75%– ya se habían convertido en residuos hacia 2015. Estiman que el 6% del petróleo extraído cada año se destina a la fabricación de polímeros.

La producción mundial de plásticos aumentó de los dos millones de toneladas métricas de la primera mitad del siglo XX a más de 400 millones en 2015. A este ritmo, –y un tiempo antes de la pandemia de coronavirus– se estimaba que en 2050, cerca de 12.000 millones de toneladas métricas de residuos plásticos se acumularían en los vertederos y en el conjunto del medio ambiente. Por lo que estas previsiones –debido al auge de producción de plásticos por la crisis sanitaria de la COVID-19– se podrían ver fatalmente modificadas.

The Story of Plastic  es uno de los últimos documentales realizados sobre la contaminación plástica. En él se denuncia el envenenamiento plástico de las comunidades y del medio ambiente. En este se explica que de todo el plástico fabricado –desde que se iniciara su producción– tan solo se ha reciclado el 9%.

Niñas en Indonesia en un campo residuos plásticos importados de los Estados Unidos, la Unión Europea y otros países occidentales / Foto: THoP Niñas en Indonesia en un campo residuos plásticos importados de los Estados Unidos, la Unión Europea y otros países occidentales / Foto: THoP

Según documenta el Centro Internacional de Derecho Ambiental se están llevando a cabo colosales inversiones para aumentar “un 33% en la producción de los ingredientes químicos del plástico para 2025”.

Por otro lado, Naciones Unidas pronostica que para 2050 habrá más plásticos que peces en los mares y océanos. Otro estudio llevado a cabo por Surfrider Foundation muestra como la degradación de los residuos plásticos contribuye al calentamiento global con la emisión de gases de efecto invernadero.

Más mascarillas que medusas

 

Ahora mismo, los desechos de la COVID-19 ya se hacen notar en mares y océanos. Tal como escribía a través de las redes sociales Laurent Lombard miembro de la ONG francesa Opération Mer Propre (del francés Operación Mar Limpio) –hace escasos días–: “Pronto correremos el riesgo de tener más mascarillas que medusas en el Mediterráneo. Después de saberse que se han comprado hasta de 2.000 millones de mascarillas algunas ya han comenzado a tener la presencia en las aguas y playas mediterráneas" y apela al civismo ciudadano para evitar que “esta nueva contaminación” acabe en los fondos marinos y el medio ambiente.

La investigación Liberando plástico en el mar Mediterráneo de WWF de 2018, reporta que los plásticos suponen el 95% de la contaminación por residuos del mar Mediterráneo. Proceden principalmente –y en el siguiente orden– de Turquía, España, Italia, Egipto y Francia. La basura por polímeros en forma de fragmentos y microplásticos invade mar abierto, playas y fondos marinos. 

 

Europa, el segundo productor mundial de plástico

 

Después de China, Europa es el segundo productor mundial de plástico que vierte anualmente al mar de 150.000 a 500.000 toneladas de macroplásticos y de 70.000 a 130.000 toneladas de microplásticos. Para que nos hagamos una idea de las cantidades: 500.000 toneladas de basura plástica equivale a 66.000 camiones de recogida de basura.

De los 27 millones de toneladas de residuos plásticos que se producen al año en Europa solo una tercera parte se recicla. Los plásticos reciclados representan actualmente en Europa solo el 6% de la demanda. En el mismo informe de WWF se estima que los residuos marinos causan una pérdida económica al año de más de 60 millones de euros a la flota pesquera de la Unión Europea.