España acudirá desde este viernes 24 de abril de 2026 a la Cumbre Internacional de Santa Marta (Colombia) con una “posición activa” para defender que existen alternativas reales para abandonar el petróleo, en un encuentro que busca avanzar hacia una transición energética “socialmente justa” y que se prolongará hasta el 29 de abril.

 

Posición activa de España

 

La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha señalado este jueves que el Ejecutivo aprovechará la cita para explicar las políticas desplegadas en España y demostrar que “existen opciones para ir poco a poco llevando a cabo la transición energética”.

Durante su intervención ante los medios en Madrid, Aagesen ha subrayado que España pretende compartir su experiencia en políticas climáticas y mostrar cómo se puede tender un puente entre el modelo actual y un sistema sin combustibles fósiles. En este sentido, ha insistido en que la transición energética implica un proceso progresivo que requiere planificación y cooperación internacional.

Además, la ministra ha valorado de forma positiva la celebración de esta cumbre, al considerar que supone “un primer punto de encuentro” para abordar el debate sobre el abandono progresivo de los combustibles fósiles, un asunto que, según ha recalcado, necesita un diálogo “abierto y en profundidad”.

 

Objetivos de la cumbre

 

El encuentro de Santa Marta tiene como finalidad avanzar en una hoja de ruta global para abandonar el petróleo, el gas y el carbón, integrando criterios de justicia social y climática. Según ha explicado Aagesen, el Gobierno español participará junto a otros países en la construcción de un marco común que oriente esta transición.

La ministra ha destacado que este proceso se basa en la colaboración internacional, con el objetivo de definir mecanismos compartidos que permitan acelerar el cambio de modelo energético. Asimismo, ha señalado que las conclusiones que surjan de esta cita servirán para alimentar las negociaciones de la próxima COP 31, que se celebrará a finales de año en Turquía.

La cumbre surge precisamente como continuación de la última COP celebrada en Brasil en noviembre de 2025, donde España se sumó a una iniciativa impulsada por Colombia y Países Bajos para incluir una hoja de ruta ambiciosa en la declaración final. Aunque ese objetivo no se alcanzó, sí se acordó celebrar este encuentro en abril de 2026.

 

Sin calendario firme previsto

 

A pesar de las expectativas, no se espera que la cumbre concluya con un calendario cerrado para el abandono de los combustibles fósiles. Así lo ha indicado el coordinador de clima y energía de Ecologistas en Acción, Javier Andaluz, quien participará en el encuentro.

Según ha explicado, las presidencias colombiana y neerlandesa prevén elaborar un documento de conclusiones que recoja los avances logrados durante los días de trabajo.

Este texto se estructurará en torno a tres ejes principales: el cierre de los combustibles fósiles, la reforma del sistema financiero vinculado a estas energías y el impulso de mecanismos de cooperación multilateral.

Andaluz ha advertido de que será “difícil” lograr un calendario concreto, aunque confía en que las conclusiones sean “lo suficientemente contundentes” como para marcar una dirección clara a los países participantes. En particular, ha señalado que se debería exigir la elaboración de hojas de ruta nacionales y, en el caso de los países del norte global, la adopción de compromisos financieros que faciliten la transición en otras regiones.

En este contexto, organizaciones como Alianza por el Clima y la red Gas No Es Solución también estarán presentes en Santa Marta, donde defenderán un abandono rápido, justo y vinculante de los combustibles fósiles, con especial atención al papel del gas y a la justicia climática global.

Desde Ecologistas en Acción consideran que el elemento clave de esta cumbre es impulsar “lo más rápido posible” la transición energética, al tiempo que se garantiza que la ambición climática de España y de la Unión Europea resulte creíble. Para ello, reclaman no solo planes de abandono de los combustibles fósiles, sino también apoyos financieros suficientes y la revisión de mecanismos como la deuda internacional, que condicionan el desarrollo energético de muchos países.