Un equipo liderado por investigadoras del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Universitat Politècnica de València (IIAMA-UPV) ha reconstruido por primera vez la historia del cráter de gas de Darvaza, en Turkmenistán, conocido como la Puerta del Infierno, mediante imágenes históricas y observaciones de satélite. El estudio, publicado en Geophysical Research Letters (1), permite precisar cuándo comenzó a arder este enclave y cuantificar las emisiones de metano liberadas durante más de cinco décadas, con el objetivo de conocer mejor su impacto climático.
La ‘Puerta del Infierno’ no es un volcán, sino un cráter asociado a un yacimiento natural de gas cuya formación se vincula a trabajos soviéticos de exploración de hidrocarburos. Una perforación habría alcanzado una cavidad cargada de gas y provocado el colapso del terreno, aunque persiste la incertidumbre sobre si ocurrió en 1963 o en 1971. La nueva investigación demuestra además que el cráter no comenzó a arder entonces, sino entre septiembre de 1987 y febrero de 1988.
El fuego empezó décadas después
La investigación resuelve una de las principales incógnitas asociadas al cráter: el momento en que comenzó la combustión. El análisis de imágenes históricas del programa Landsat, operativo desde 1972, sitúa el inicio del fuego entre septiembre de 1987 y febrero de 1988, varias décadas después de la formación de la cavidad.
Hasta ahora, la cronología del enclave estaba rodeada de incertidumbre. Las investigadoras/es explican que la combinación de imágenes históricas y satélites hiperespectrales de última generación ha permitido reconstruir su evolución y realizar por primera vez una estimación basada en observaciones directas de su impacto en forma de emisiones de metano.
El trabajo también aborda la controversia sobre la fecha de formación del cráter, que distintas fuentes han situado en 1963 o en 1971. Sin embargo, los datos disponibles no permiten confirmar ninguna de esas dos fechas.
Lo que el equipo sí ha podido establecer es que Darvaza ya existía el 25 de octubre de 1972, como demuestra una imagen tomada por el satélite Landsat 1. A partir de esa evidencia no es posible determinar si el cráter se había formado poco antes o si llevaba ya varios años abierto.
La reconstrucción ha sido liderada por Adriana Valverde, junto con Javier Gorroño, Javier Roger y Luis Guanter, investigadores del IIAMA-UPV. También han participado Itziar Irakulis-Loitxate –investigadora del instituto durante el desarrollo del trabajo y actualmente vinculada a UNEP-IMEO– y Zhipeng Pei, de la Universidad de Wuhan, en China.
Más de 900.000 toneladas
Además de reconstruir su historia, el estudio estima que el cráter ha liberado más de 900.000 toneladas de metano desde su formación, lo que sitúa a Darvaza entre las fuentes persistentes más importantes de este gas de efecto invernadero documentadas hasta ahora.
Para medir las emisiones más recientes, el equipo estudió observaciones obtenidas entre 2020 y 2025 por cinco misiones espaciales hiperespectrales: EnMAP, PRISMA, EMIT, GF-5A y ZY-1E. El análisis permitió detectar 44 columnas de metano asociadas al enclave.
Entre 0,6 y más de 3 toneladas de metano por hora
Las tasas identificadas oscilaron entre 0,6 y más de 3 toneladas de metano por hora. Durante ese periodo de cinco años, los investigadores calculan que el cráter expulsó aproximadamente 71.000 toneladas de este gas.
Esa cantidad equivale a cerca de 6 millones de toneladas de CO2 equivalente cuando se considera un horizonte temporal de 20 años, según los cálculos incluidos en el estudio. Los resultados refuerzan así la consideración de Darvaza como una de las grandes fuentes persistentes de metano observadas mediante satélite.
La investigación aporta además información sobre la evolución reciente del fenómeno. Los científicos comprobaron que la intensidad del fuego ha disminuido desde 2023, después de las medidas adoptadas por Turkmenistán para tratar de reducir las emisiones del cráter.
Sin embargo, el descenso de las emisiones no ha sido proporcional a la reducción de la intensidad de las llamas. Los resultados indican que una parte significativa del metano continúa escapando directamente hacia la atmósfera a través de diversas fracturas subterráneas y sin llegar a quemarse.
Según las investigadoras/es del grupo Land and Atmospheric Remote Sensing (LARS), este comportamiento pone de manifiesto la complejidad geológica del sistema. El hecho de que parte del gas evite la combustión también cuestiona la eficacia de las actuaciones realizadas para disminuir las emisiones.
Satélites para vigilar el metano
Más allá del caso concreto de Darvaza, el trabajo muestra el potencial de la teledetección para localizar y vigilar grandes fuentes de metano situadas en regiones remotas, donde apenas existen mediciones realizadas directamente sobre el terreno.
Las autoras/es advierten de que este tipo de emisiones persistentes continúa infrarrepresentado en numerosos inventarios internacionales. La combinación de imágenes históricas y observaciones procedentes de satélites hiperespectrales puede contribuir, por tanto, a mejorar el conocimiento disponible sobre las emisiones globales.
La observación de la Tierra está transformando nuestra capacidad para detectar emisiones invisibles hasta hace poco. Esta información resulta esencial para apoyar políticas climáticas, verificar medidas de mitigación y avanzar hacia una gestión más eficiente de uno de los gases de efecto invernadero con mayor impacto a corto plazo
LARS-IIAMA, grupo de investigación
"La observación de la Tierra está transformando nuestra capacidad para detectar emisiones invisibles hasta hace poco. Esta información resulta esencial para apoyar políticas climáticas, verificar medidas de mitigación y avanzar hacia una gestión más eficiente de uno de los gases de efecto invernadero con mayor impacto a corto plazo", concluyen las investigadoras/es del grupo LARS-IIAMA.
La investigación evidencia además cómo las herramientas espaciales permiten analizar la evolución de una fuente contaminante durante décadas. En el caso de Darvaza, las imágenes de Landsat han servido para reconstruir su historia, mientras que las nuevas misiones hiperespectrales han permitido medir directamente las columnas de metano procedentes del enclave.
El estudio ha contado con la colaboración de investigadores de la Universidad de Wuhan, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente a través de UNEP-IMEO y la Environmental Defense Fund, además del equipo del IIAMA-UPV.
Para las investigadoras/es, la información obtenida mediante estas técnicas resulta esencial para mejorar la monitorización de uno de los gases de efecto invernadero con mayor impacto a corto plazo y desarrollar estrategias de mitigación basadas en observaciones directas de las fuentes emisoras.
Referencias
- (1) Satellite-Based Assessment of Methane Emissions From the Darvaza Gas Crater. Geophysical Research Letters.
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