Hace 11 años la Unión Europea actualizó la Directiva 2010/63/UE sobre experimentación animal con tres razones especiales: la transparencia, el fomento del bienestar animal a partir de los principios de las “tres erres” (reemplazo, reducción y refinamiento) y la igualdad de las reglas de uso en el continente.

Desde entonces, la comunidad científica y, especialmente expertos como el veterinario Javier Guillén, director para Europa y Latinoamérica de AAALAC International, una asociación sin ánimo de lucro que evalúa y acredita los programas de experimentación animal en todo el mundo, se han preocupado por que la opinión pública tenga una información real sobre la experimentación animal.

 “Todo uso de animales debe quedar perfectamente registrado y comunicado”, comenta a SINC Guillén. Para ello, con los informes anuales publicados por los estados miembros, desde la Comisión Europea (CE) se proporciona periódicamente un informe –el próximo se publicará en 2021– con el número de animales utilizados, las especies, los tipos de investigación, el origen de los animales, el grado de severidad de los procedimientos  y otros detalles estadísticos a escala europea.

De forma paralela, durante los últimos años, en España y algunos países europeos se han desarrollado acuerdos de transparencia para que las instituciones que quieran se adhieren a ese acuerdo empiecen a establecer algunas medidas de comunicación y transparencia.

El primer acuerdo se realizó en el 2014 en Reino Unido, y el segundo es el español en 2016, coordinado por la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE). Aunque estas obligaciones de comunicación y transparencia existen desde hace años, el Gobierno ha aprobado recientemente un Real Decreto para establecer plazos y cambiar los formularios para facilitar la información. En este momento hay más de 140 instituciones en España que se han adherido a ese acuerdo de transparencia.

Revisando los informes hay un dato que sobresale: el número de animales utilizados va a la baja cada año. Aunque existen ciertas alternativas al uso de animales, todavía sigue siendo imprescindible depender de ellos. ¿Existe algún límite?

 

Las alternativas solo sustituyen muy parcialmente la utilización de animales. El uso de animales en España ha ido a la baja, pero en los tres o cuatro últimos años se mantiene a niveles similares, pero sí hay una reducción. Desde el 2009, la bajada es del 42 %, por ejemplo. El límite es, tanto para usar o no animales, un tema ético y práctico. Hay ciertas especies animales, por ejemplo, cuyo uso está prohibido. En la Unión Europea está prohibido utilizar grandes simios como chimpancés, orangutanes, gorilas o bonobos para investigación. Hay otros límites éticos que son decididos por los comités que evalúan todos los proyectos en los que se utilizan animales en función del análisis daño-beneficio, de una posible severidad de esos procedimientos, de una reutilización que no cumple los requisitos o de otros factores.

Después, para reducir su uso, hay una limitación a nivel práctico cuando no hay un método alternativo disponible para lograr los objetivos científicos. Dentro de ese uso se ha ido desarrollando un marco en el que se emplean determinadas especies en mayor número y con más facilidad que otras. El animal más utilizado con diferencia es el ratón por el desarrollo de modelos genéticamente modificados en los cuales se pueden estudiar determinadas características fisiológicas, deficiencias o enfermedades.

Con la crisis de la covid-19 y la búsqueda de vacunas y tratamientos en todo el mundo, ¿es posible que las cifras del uso de animales hayan aumentado?

 

Es posible que no porque, aunque la investigación de covid-19 ha demandado en 2020 y está demandando mayor número de animales en estos estudios, durante el año pasado muchos centros limitaron la actividad científica por las restricciones de movilidad del personal y por seguridad en las propias instalaciones. Pero no sé cuál va a ser el balance al final.

Hurones y visones son algunos de los animales que se usan por requerimientos covid-19 dada su sensibilidad a la enfermedad. Pero ¿qué otros animales son esenciales para desarrollar vacunas y tratamientos para la covid-19?

 

El desarrollo de las vacunas y el conocimiento de la reacción inmunológica y los posibles tratamientos también están requiriendo un mayor uso de primates no humanos, generalmente macacos. También hay una estirpe de ratón modificada genéticamente muy útil susceptible al virus, que se desarrolló hace años debido a los anteriores coronavirus. Pero, en la actualidad, hay un tema que preocupa mucho a la comunidad científica internacional y es que está habiendo una escasez de macacos disponibles. La razón es que China, el mayor productor de primates para investigación del mundo, cerró la exportación al principio de la pandemia y no la ha reabierto.

¿Cuáles son las consecuencias de este bloqueo?

 

Es un tema muy polémico porque en Europa, y en especial en EE UU, hay un porcentaje significativo de macacos importados de China para experimentación. Este corte en la exportación china al principio se entendió bien, como una prevención de riesgos de la enfermedad. Sin embargo, ahora hay gente que lo interpreta como una forma de acaparar estos animales desde China para que la investigación, con todo lo que supone en términos de desarrollo científico y económico, se vaya a ese país asiático.

Pero ya no sería únicamente una forma de asegurar el éxito investigador de China, entran en juego otros factores, supongo…

 

Claro, ya no es solo el éxito, sino que económicamente los proyectos se desarrollen allí, aunque estén esponsorizados por compañías e instituciones occidentales. Hay personas que creen que esta decisión de no levantar la exportación de China está premeditada porque ahora mismo, en cuanto a los riesgos sanitarios, esos macacos están perfectamente controlados y son un riesgo menor.

¿Cuál es la proporción de estos mamíferos usados en España, Europa y demás países para que suponga tal problema?

 

En España en los últimos años se suelen utilizar en torno a 300 macacos cada año, lo que supone solo el 0,03 % de animales de experimentación científica. En el resto de Europa, el porcentaje sube un poco más y roza el 0,1 % de todos los animales utilizados. En general se suelen emplear para estudios preclínicos en el desarrollo de medicamentos o vacunas, pero también en otras áreas como la neurociencia.

¿Por qué el uso de los macacos es tan importante en la investigación covid?

 

Porque la respuesta de su sistema inmunitario, así como su susceptibilidad a la infección es la más similar a la humana. No todas las especies animales pueden ser buenos modelos de covid. El ratón no es susceptible porque carece del receptor de la membrana celular que facilita la entrada del virus. Sí hay un modelo modificado genéticamente con el que ya se contaba por los anteriores coronavirus, y en él se pueden estudiar ciertos efectos.

Hay otros modelos y especies susceptibles como hámsters, hurones, visones, entre otros, que están sirviendo para conocer ciertos aspectos relacionados con la infección experimental, pero cuando ya llegamos a un estadio de fase preclínica el uso de los macacos es fundamental. En estos procesos se suelen necesitar una especie no roedora que se elige en función de las características del medicamento o de la información previa. Son muy importantes para evaluar la seguridad de los procedimientos.

¿Solo China puede entonces proporcionarlos?

 

Las últimas estadísticas del 2017 muestran que se utilizaron 8.235 primates en la UE, de los cuales 2.164 fueron importados de Asia, lo que supone el 31,7 %. Como se tiene asumido que cerca del 75 % de los primates que viene de Asia procede de China, eso supone que el 23,7 %, de los primates que se usan en Europa para experimentación vienen de China. Hay otros países como Vietnam, otros asiáticos y las islas Mauricio, en el océano Índico, donde hay centros de cría. Pero en EE UU se pueden llegar a utilizar en torno a 60.000 macacos, de los cuales el 60 % viene de China, es decir unos 35.000. Se está generando un problema de suministro muy grande.

Aunque EE UU y Europa busquen otros suministradores, la demanda está siendo superior a la oferta. Esto provoca una ralentización de los tiempos de suministro y encarece significativamente el precio de cada animal. Ya está empezando a haber problemas en muchos proyectos, incluyendo la investigación covid.

¿De qué manera esto repercute ya no solo en la investigación de la covid, sino también en la investigación de otras enfermedades?

 

Esto es absolutamente cierto. Hace poco me contaron el caso de una institución que no investigaba la covid y que tenían un lote de animales para hacer una serie de experimentos para otro proyecto. Durante las 24 horas que se tardó en conseguir el visto bueno de la dirección para hacer esa compra (que suelen suponer mucho dinero) esos animales ya no estaban disponibles. Se está ralentizando cualquier otro tipo de proyecto en los cuales los primates estén involucrados y el precio se ha duplicado.

¿Cómo le ha llegado a usted esta información sobre China?

 

Desde nuestro organismo, evaluamos y acreditamos de forma voluntaria los programas de cuidado animal, es decir que fomentamos el bienestar animal y la calidad de la ciencia. Como parte de muchas otras actividades, formamos parte de una junta de gobierno de la European Animal Research Association (EARA), que se ocupa de temas de comunicación y transparencia y que habla sobre las preocupaciones de la comunidad científica. Esta asociación ha mandado una carta ahora a la CE y a la Organización Internacional del Comercio, alertando de este tipo de incidentes.

¿Qué implicaciones o consecuencias podría tener para el país asiático?

 

Hay gente que opina que China está incumpliendo los acuerdos de la Organización Internacional del Comercio, en los cuales se puede parar un comercio unilateralmente si hubiese potenciales daños para la salud. Este parón está en realidad generando un efecto rebote e ir en contra de la salud porque se están parando proyectos. La misma gente sospecha que el gobierno chino lo hace voluntariamente por temas estratégicos.

Desde su organización se preocupan por el bienestar animal de estos animales, pero no siempre se entiende su uso en experimentación. ¿Por qué no se termina de aceptar del todo?

 

Es por una falta de comunicación y porque a la sociedad solo le ha llegado información de un lado. La comunidad científica se ha dado cuenta de esto y, por eso, las organizaciones como COSCE en España o EARA en Europa pretenden mostrar los claros beneficios de la experimentación no solo para las personas, sino también para los propios animales y el medioambiente. La mayor parte de los desarrollos en medicamentos que se hacen en humanos van después para el beneficio de los animales.

Todo se hace bajo un control ético y una legislación muy estricta y cuando se demuestra que no hay método alternativo para lograr esos objetivos. Las especies más utilizadas tienen que ser criadas para experimentación y están bajo un control exhaustivo desde el primer momento. Cada proyecto debe recibir una evaluación ética y una autorización por la autoridad competente.

Sin embargo, a pesar de vuestro esfuerzo de comunicación y transparencia el mensaje posiblemente sigue llegando mal a la sociedad…

 

Sí, hay esa sensación de que a los medios de comunicación y a la gente no le gusta hablar de esto. Uno de los aspectos que más entorpece el mundo de la investigación es que desgraciadamente la mayor parte de las líneas aéreas comerciales no permite el transporte de animales para experimentar. Para hacer llegar un animal desde la Península a otro centro de investigación en las islas, por ejemplo, los productores españoles no pueden mandarlos directamente vía un avión de Iberia. En su lugar, ha habido casos en los que han tenido que hacerlo vía Alemania, o incluso hacer un transporte a Turquía vía terrestre.

Hemos intentado comunicar a estos grandes grupos de aerolíneas la relevancia de estos envíos y las necesidades urgentes de animales. Pero la respuesta generalmente es negativa. En EE UU hay incluso un procedimiento legal establecido contra ciertas líneas aéreas por este mismo motivo.

Pero entonces, ¿estas compañías no atienden a la información legal y oficial que se ofrece desde las instituciones europeas y americanas?

 

No, desde hace mucho tiempo. Estas grandes líneas prohíben el transporte de animales de laboratorio por problemas de imagen. Si lo autorizaran los ultraproteccionistas les harían campañas de imagen en contra y las acusarían de fomentar la muerte de estos animales en experimentación. Es un problema global muy importante. Por eso, desde la comunidad científica tenemos que mostrar a la gente la realidad de estos procedimientos para que tenga una opinión informada.

¿Qué les diría a todas esas personas?

 

Que nosotros, veterinarios y otros profesionales, trabajamos para que los animales estén bien cuidados y que no sufran. De la experimentación animal nos beneficiamos todos, incluidos los propios animales en los tratamientos veterinarios. Además de lo que nosotros recibimos en la farmacia o en el hospital, cualquiera que tenga una mascota enferma tiene que saber que los tratamientos que reciba para salvarla se han logrado gracias a la experimentación animal. Así de claro.