El balance de muertos a causa de las devastadoras inundaciones registradas la semana pasada en el norte de Nepal, en una zona fronteriza con China, ha superado ya los 1.120 fallecidos, mientras el número de desaparecidos se ha disparado hasta los 4.850 al restablecerse las comunicaciones en las zonas arrasadas.

Sumario

 

Naciones Unidas ha elevado a cerca de 3.500 los desplazados por la catástrofe y ha alertado del “creciente riesgo” que supone la crisis para la salud pública en plena temporada de monzones.

 

Casi 4.900 personas sin localizar

 

El último parte de la Policía de Nepal, difundido a las 8.00 hora local, cifra en 1.127 los muertos, entre ellos al menos 77 niños, y contabiliza además más de 400 restos parciales pendientes de identificación. Solo en las últimas 24 horas se han recuperado 77 cuerpos.

La cifra de personas en paradero desconocido ha subido hasta las 4.850, casi mil más que el día anterior. El repunte se explica por el restablecimiento de las telecomunicaciones en las zonas afectadas, que ha permitido a las autoridades recoger nuevas denuncias de familiares. Entre los desaparecidos figuran 583 extranjeros.

La Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA, por sus siglas en inglés) había señalado horas antes que se habían recuperado 1.114 cuerpos, incluidos 348 en Chitwan, a los que se suman 218 en Nawalparasi Este y 190 en Nawalparasi Oeste.

El organismo ha resaltado que los equipos de emergencia han rescatado a 11.993 personas, incluidos 273 extranjeros evacuados por vía aérea, al tiempo que ha manifestado que un total de 292 personas resultaron heridas en el desastre, 182 de las cuales ya han recibido el alta.

Asimismo, ha destacado que más de 21.300 agentes, entre ellos 7.900 policías y 9.200 militares, están desplegados para apoyar las labores de búsqueda y rescate, así como la entrega de ayuda de primera necesidad a los damnificados.

A estas cifras se suman al menos 16 muertos y alrededor de 550 desaparecidos en territorio chino –entre ellos 261 ciudadanos extranjeros–, tal y como han señalado las autoridades del gigante asiático, así como tres cadáveres recuperados en India.

La magnitud del fenómeno explica la devastación: el agua llegó a subir entre 15 y 18 metros por encima de su nivel habitual a lo largo de un tramo de 72 kilómetros del río Trishuli, en lo que los vecinos describen como la peor inundación que se recuerda.

 

La ONU alerta del riesgo sanitario

 

El portavoz de la Secretaría General de Naciones Unidas, Stéphane Dujarric, ha asegurado en rueda de prensa que la respuesta a la riada “está entrando en una nueva fase”. “Las autoridades están intensificando los esfuerzos de ayuda y las operaciones de recuperación”, ha dicho.

“Para miles de familias afectadas, la prioridad ahora es recibir asistencia humanitaria, recuperar e identificar los restos de sus seres queridos, localizar a familiares desaparecidos, reunir a los niños separados y facilitar el acceso a apoyo psicosocial”, ha explicado Dujarric, quien ha cifrado en cerca de 3.500 los desplazados por la catástrofe.

En este sentido, ha explicado que estas personas “viven en 27 centros de desplazamiento” en los distritos más afectados, los de Nuwakot y Rasuwa, muchos de ellos en escuelas, lo que tiene un efecto de alteración de la educación de los niños, al tiempo que ha pedido a los socios que continúen apoyando los esfuerzos de las autoridades nepalíes.

El portavoz ha alertado del “creciente riesgo” para la salud derivado del “hacinamiento en los refugios, el agua contaminada y los daños en los centros de salud”, un escenario que se agrava por la temporada de monzones aún en curso.

Los organismos humanitarios cifran en seis los centros sanitarios dañados o destruidos, además de otros dos que permanecen inaccesibles, mientras la Organización Mundial de la Salud vigila la aparición de brotes de enfermedades como el dengue o el tifus de los matorrales, que se propagan con el agua contaminada y los desplazamientos.

ONU Mujeres calcula por su parte que unas 43.000 mujeres y niñas necesitan ayuda humanitaria urgente. Su representante, Christine Arab, ha advertido de la falta de acceso a alimentos y agua potable y del aumento de los riesgos de protección entre las supervivientes.

 

Más de 40 puentes destruidos

 

“Nuestros colegas humanitarios nos informan que el principal desafío en este momento es el acceso. Más de 40 puentes han sido destruidos y tramos de la carretera principal permanecen bloqueados”, ha apuntado Dujarric.

“Las comunidades más remotas siguen dependiendo de los vuelos de helicópteros del Ejército para recibir suministros”, ha añadido el portavoz, en un país donde la riada arrasó carreteras, pasarelas y centrales hidroeléctricas a lo largo del cauce.

La búsqueda más difícil continúa en los túneles de las presas, donde alrededor de 900 operarios permanecen sin localizar en doce proyectos dañados y cerca de 500 estarían atrapados en el interior de unas galerías anegadas de lodo, según los recuentos manejados por los equipos de rescate.

Los trabajos se concentran en centrales como Upper Trishuli-1 y Trishuli-3, donde los rescatistas han logrado recuperar varios cuerpos y perforar accesos al interior con el apoyo de equipos especializados de China e India.

La catástrofe se remonta al 26 de agosto, cuando el colapso de un glaciar en el Parque Nacional de Langtang liberó una avalancha de hielo y roca que derivó en un flujo de detritos de alta velocidad por el cauce del Bhotekoshi hasta arrasar el paso fronterizo de Gyirong.

Las agencias humanitarias advierten de que la emergencia está lejos de cerrarse: “La búsqueda y el rescate continúan, y el monzón no ha parado”, ha resumido Matt Baden, responsable de operaciones de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

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