La periodista estadounidense Lizzie Wade publica el libro Apocalipsis: Cómo las catástrofes han transformado nuestro mundo y pueden dar forma al futuro (geoPlaneta), una obra en la que analiza cómo fenómenos históricos como el colonialismo, la esclavitud, las pandemias o el cambio climático han alterado las sociedades humanas y continúan influyendo en el presente. En una entrevista con Europa Press, la autora sostiene que el colonialismo “nunca terminó realmente” y asegura que el mundo actual sigue marcado por “sus opresiones, desigualdades y violencia”.

Llega a las librerías 'Apocalipsis' de Lizzi Wade / Foto: GeoPlaneta Llega a las librerías 'Apocalipsis' de Lizzi Wade / Foto: GeoPlaneta

 

El legado colonial

 

Wade considera que el reconocimiento realizado por Felipe VI sobre los abusos cometidos durante la Conquista supone “un gran paso para España”, especialmente en un contexto en el que, según apunta, desde Estados Unidos se intenta “borrar” parte de esa historia. Sin embargo, insiste en que el colonialismo no puede entenderse como un fenómeno exclusivamente del pasado.

Seguimos viviendo en el mundo que creó el colonialismo”, afirma la periodista, que relaciona directamente ese legado con problemas actuales como el cambio climático. A su juicio, la crisis climática es una consecuencia “directa” de las prácticas extractivas desarrolladas durante la expansión colonial y de la explotación desigual de determinados territorios en beneficio de otros.

La autora sostiene que las dinámicas económicas y políticas surgidas durante ese periodo siguen presentes en la actualidad y continúan generando desigualdades estructurales. “Todos sufrimos las consecuencias de vivir bajo su sombra”, recalca.

En este sentido, Wade asegura que le gustaría ver a más líderes mundiales reconocer no solo “los horrores del pasado”, sino también la manera en la que las políticas actuales contribuyen a los “apocalipsis” contemporáneos.

Las declaraciones de la escritora llegan después de que el rey Felipe VI reconociera el pasado mes de marzo que durante la Conquista hubo “mucho abuso” pese a la existencia de las Leyes de Indias impulsadas por los Reyes Católicos para proteger a la población indígena. El monarca admitió además que algunos comportamientos de aquella época, vistos desde los valores actuales, no son motivo de orgullo.

Wade trabaja actualmente como corresponsal y colaboradora de la revista científica Science desde Ciudad de México y ha publicado también en medios como The New York Times, Wired, ‘Slate, Smithsonian y Archaeology. Su trabajo se centra especialmente en temas arqueológicos y antropológicos relacionados con el continente americano.

 

Catástrofes interconectadas

 

En su nuevo libro, la periodista define los “apocalipsis” como procesos de “pérdida colectiva y rápida”, ya sea de ecosistemas, sistemas políticos, patrones climáticos o incluso de millones de vidas humanas.

Aunque reconoce que estas transformaciones siempre implican sufrimiento, considera que ese impacto suele estar condicionado por las desigualdades previas existentes en cada sociedad. Como ejemplo, menciona la Europa medieval y la manera en la que la desigualdad feudal agravó las consecuencias de la Peste Negra.

La desigualdad feudal provocó que muchas personas crecieran desnutridas, lo que las hacía más propensas a morir durante la pandemia

“La desigualdad feudal provocó que muchas personas crecieran desnutridas, lo que las hacía más propensas a morir durante la pandemia”, explica.

Para Wade, las jerarquías sociales y económicas acostumbran a pasar desapercibidas hasta que una gran crisis expone su fragilidad. En ese sentido, sostiene que fenómenos como la esclavitud o el colonialismo son “apocalipsis que aún no han terminado”.

Durante el proceso de investigación del libro, la autora asegura que comprendió que características como la “velocidad” y la “interconexión” no son exclusivas de las crisis actuales, sino elementos comunes en muchos colapsos históricos.

Como ejemplo, menciona nuevamente la Peste Negra, que llegó a Inglaterra tras décadas marcadas por cambios climáticos, hambrunas y una creciente desigualdad. También cita el colapso de la civilización maya clásica, que define como una “policrisis” en la que coincidieron sequías, guerras, desplazamientos de población y el rechazo al sistema político dominante.

Según explica, las personas que vivieron esos procesos experimentaron sensaciones muy similares a las actuales: catástrofes “crecientes, interconectadas e impredecibles” que acabaron transformando por completo el mundo conocido.

La periodista advierte además de que las sociedades contemporáneas son especialmente “rígidas y frágiles” frente a crisis rápidas y difíciles de anticipar. Frente a ello, señala que muchas sociedades del pasado reaccionaron fragmentándose en comunidades más pequeñas y adaptables.

 

Historias frente a nostalgia

 

Wade considera que hablar de “colapso social” suele generar miedo porque se asocia automáticamente al peor escenario posible. Sin embargo, sostiene que esos procesos también implican el derrumbe de estructuras políticas, económicas y sociales que ya habían dejado de responder a las necesidades de la población.

Tras las catástrofes, las antiguas fronteras y jerarquías se disuelven, estos cambios pueden resultar “aterradores y tristes”, aunque también pueden abrir la puerta a transformaciones positivas

“Tras las catástrofes, las antiguas fronteras y jerarquías se disuelven”, apunta la autora, que reconoce que estos cambios pueden resultar “aterradores y tristes”, aunque también pueden abrir la puerta a transformaciones positivas.

En relación con el auge de discursos que idealizan épocas pasadas, Wade admite que resulta “comprensible” que muchas personas busquen refugio en el pasado en un contexto de incertidumbre global. No obstante, subraya que esos pasados “perfectos” nunca existieron realmente.

No existió un período perfectamente estable y seguro”, afirma. A su juicio, todas las sociedades históricas tuvieron fortalezas y debilidades que terminaron haciéndolas vulnerables frente a diferentes tipos de crisis.

La periodista alerta además del peligro de los discursos que “glorifican el pasado” para impulsar “políticas reaccionarias”. Frente a ello, defiende la necesidad de “contrarrestar” esas narrativas con historias reales sobre lo que las sociedades humanas han sido y podrían llegar a ser.

En su opinión, los apocalipsis históricos ofrecen ejemplos “sorprendentes y esperanzadores” sobre la capacidad humana de adaptación y reconstrucción tras las crisis.

Demasiados vivimos en sociedades que intentan evitar el duelo a toda costa. Sin aceptar esas pérdidas y procesarlas colectivamente, será imposible recuperarse y construir nuevas formas de organización social.

Aun así, Wade cree que muchas personas recurren a versiones idealizadas del pasado porque sienten miedo ante los cambios actuales y porque no han tenido espacio para afrontar las pérdidas que ya están ocurriendo.

Demasiados vivimos en sociedades que intentan evitar el duelo a toda costa”, concluye la autora. Según señala, sin aceptar esas pérdidas y procesarlas colectivamente, será imposible recuperarse y construir nuevas formas de organización social.

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