Proteger los bosques tropicales que todavía permanecen en pie resulta más eficaz y rentable para conservar la biodiversidad y el carbono que tratar de restaurarlos una vez degradados o destruidos, según un estudio internacional publicado el 17 de septiembre en la revista Science. La investigación analiza más de tres millones de hectáreas de la Amazonía brasileña entre 2010 y 2020 para determinar qué medidas permiten obtener mayores beneficios ambientales con los recursos disponibles.

 

Proteger antes que restaurar

 

El trabajo compara tres estrategias: evitar la deforestación, impedir que los bosques que permanecen en pie sufran daños por actividades como la tala selectiva o los incendios, y restaurar terrenos agrícolas donde el bosque ya ha desaparecido. Hasta ahora, las políticas de conservación han prestado especial atención a frenar la pérdida de superficie forestal y recuperar áreas degradadas, mientras que la protección frente al deterioro del bosque existente ha recibido menos atención.

Los resultados muestran que evitar la degradación de los bosques ofrece los mayores beneficios para la biodiversidad. Además, esta estrategia resulta casi tan importante como detener la deforestación cuando se trata de conservar el carbono almacenado en la vegetación. Los autores destacan por ello que proteger un bosque no significa únicamente impedir que sea talado por completo, sino también evitar que vaya perdiendo calidad debido al fuego o a la extracción de madera.

Por su parte, evitar directamente la deforestación destaca especialmente por su capacidad para proteger las reservas de carbono. En conjunto, las medidas destinadas a evitar tanto la desaparición como el deterioro de los bosques generan mayores beneficios y ofrecen una mejor relación entre costes y resultados que la restauración por sí sola.

 

Tres millones de hectáreas

 

Para llegar a estas conclusiones, el equipo estudia más de tres millones de hectáreas de las regiones de Santarém y Paragominas, en el estado brasileño de Pará. El análisis comprende el periodo comprendido entre 2010 y 2020 y combina imágenes de satélite de alta resolución con información obtenida directamente sobre el terreno.

Los investigadores utilizan datos procedentes de 381 zonas de estudio distribuidas en 38 cuencas y 499 propiedades rurales, además de modelos sobre la distribución de 160 especies de aves y 426 especies de árboles. Con esta información comparan los cambios que realmente se produjeron en el territorio con distintos escenarios que muestran qué habría ocurrido si se hubieran aplicado las diferentes medidas de conservación.

El estudio también incorpora el coste económico de cada estrategia, lo que permite valorar no solo sus efectos sobre la biodiversidad y el carbono, sino también cuánto beneficio ambiental consigue cada una con los recursos invertidos. Esta comparación revela que la restauración puede ofrecer ventajas importantes, pero es, en conjunto, más costosa y menos eficaz cuando se aplica de manera aislada.

Eso no significa que recuperar los bosques perdidos carezca de importancia. La restauración resulta especialmente útil en aquellos lugares donde gran parte de la cubierta forestal original ya ha desaparecido. Los autores señalan, por tanto, que la elección de las medidas debe adaptarse a las condiciones de cada territorio y a la cantidad de bosque que todavía se conserva.

 

Combinar todas las medidas

 

El análisis también muestra que ninguna estrategia aplicada de forma individual consigue revertir las pérdidas de biodiversidad y carbono registradas en toda la zona estudiada. Los beneficios netos aparecen cuando se combinan las medidas para impedir tanto la deforestación como el deterioro de los bosques existentes, y aumentan todavía más cuando a ellas se suma la restauración.

Los investigadores sostienen así que proteger y restaurar no son estrategias excluyentes. La prioridad pasa por conservar los bosques que todavía existen y evitar que pierdan biodiversidad y carbono, mientras se recuperan las zonas donde la cubierta forestal ya se ha reducido de forma importante. Restaurar nuevas superficies mientras continúan desapareciendo o degradándose otras limita los resultados de esos esfuerzos.

Aunque la investigación se centra en dos regiones de la Amazonía brasileña, sus autores consideran que los resultados pueden ser relevantes para otras zonas tropicales sometidas a procesos similares de deforestación. También plantean que las empresas y mercados vinculados a productos como la soja y la carne de vacuno tengan en cuenta no solo la pérdida total de bosques, sino también su degradación.

El estudio, dirigido por investigadores de la Universidad de Lancaster junto con especialistas de Brasil, Suecia, Reino Unido y Australia, concluye que conservar los bosques tropicales exige actuar antes de que desaparezcan: evitar la deforestación y los daños sobre el bosque existente ofrece los mayores beneficios, mientras que la restauración resulta fundamental allí donde buena parte de la vegetación ya se ha perdido.

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