La pérdida de tierras productivas acaba notándose en el precio de los alimentos, en los ingresos de agricultores y pastores y en los empleos que desaparecen. La factura de esa degradación alcanza ya al menos 878.000 millones de dólares al año, mientras el mundo invierte apenas 77.000 millones de los 355.000 millones anuales que harían falta para recuperar el suelo dañado, según ha advertido Naciones Unidas en la COP17 de la Convención de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), que se celebra estos días en Ulán Bator (Mongolia).
La vicesecretaria general de la ONU, Amina J. Mohammed, ha defendido desde la capital mongola que la salud de la tierra se trate como una cuestión económica y que las soluciones que ya funcionan se lleven a una escala mucho mayor. Restaurar los suelos degradados podría generar unos 1,8 billones de dólares en beneficios anuales y, por cada dólar invertido, el retorno económico se estima entre siete y 30 dólares.(1)
Muchos planes y poco dinero
El problema es que la inversión todavía está muy lejos de alcanzar lo necesario. El mundo destina hoy menos de una cuarta parte del dinero que exige la recuperación de las tierras degradadas, un desfase que ha centrado el encuentro de alto nivel sobre financiación celebrado en la cumbre de Mongolia.
Al ritmo actual, estamos en camino de invertir apenas unos 77.000 millones de dólares al año de los 355.000 millones que se necesitan
AMINA J. MOHAMMED, vicesecretaria general de la ONU
“Al ritmo actual, estamos en camino de invertir apenas unos 77.000 millones de dólares al año de los 355.000 millones que se necesitan”, ha dicho Mohammed durante ese encuentro. El desequilibrio afecta a un problema que ya es global: hasta el 40 % de las tierras del planeta están degradadas y, desde el año 2000, las sequías han aumentado un 29 % en frecuencia y duración. Para 2050, hasta tres de cada cuatro personas podrían verse afectadas.
Perder tierras productivas tiene consecuencias que se extienden por toda la economía. Se refleja en los ingresos de quienes cultivan o pastorean, en la cesta de la compra, en empleos que desaparecen y en gobiernos obligados a gastar cada vez más para responder a sequías y otras crisis. De ahí que la ONU insista en contabilizar la tierra como un activo económico y no solo como un asunto ambiental.
Muchos países ya han hecho parte del trabajo. Más de 70 han desarrollado planes nacionales contra la sequía con apoyo de la UNCCD y otros han probado soluciones para recuperar suelos, proteger los pastizales o hacer un mejor uso del agua. El siguiente paso es conseguir los recursos para pasar de proyectos puntuales a programas capaces de recuperar tierras a gran escala.
No se les debería pedir que elaboren planes nacionales para después dejarlos buscando los medios para ejecutarlos
AMINA J. MOHAMMED, vicesecretaria general de la ONU
“No se les debería pedir que elaboren planes nacionales para después dejarlos buscando los medios para ejecutarlos”, ha afirmado la vicesecretaria general, que ha reclamado que la financiación esté disponible para invertir en las prioridades que los propios países han establecido. Mohammed ha pedido además incorporar la tierra y la resiliencia frente a la sequía a las decisiones económicas –presupuestos, planes de inversión pública y estrategias nacionales de desarrollo–, revisar los subsidios que favorecen prácticas agrícolas insostenibles o un uso ineficiente del agua y emplear financiación pública y garantías para atraer inversión privada.
“Una tierra sana no es un lujo ambiental. Es capital productivo”, ha resumido Mohammed. “El suelo es infraestructura. Las cuencas hidrográficas son infraestructura. Los pastizales son activos productivos”.
La Gran Muralla Verde crece
En África, uno de los mayores esfuerzos para llevar la restauración a gran escala comenzó con la idea de crear una gran franja verde que atravesara el Sahel. La Gran Muralla Verde ha evolucionado desde entonces hacia una estrategia más amplia que busca recuperar tierras y, al mismo tiempo, generar alimentos, ingresos y empleos para las comunidades.
Más de 20 millones de hectáreas han sido restauradas mediante esfuerzos vinculados a la iniciativa y otros que se extienden más allá de su corredor original
Más de 20 millones de hectáreas han sido restauradas mediante esfuerzos vinculados a la iniciativa y otros que se extienden más allá de su corredor original, según el balance difundido por Naciones Unidas. Solo en Níger, los propios agricultores han regenerado cinco millones de hectáreas, una superficie recuperada sin grandes obras y a partir del trabajo de quienes cultivan esas parcelas.
Ese componente económico adquiere especial importancia en el Sahel y la cuenca del lago Chad, donde la degradación de la tierra y las sequías se suman al conflicto, la inseguridad y la falta de oportunidades. Recuperar el suelo, en esas regiones, equivale también a recuperar una fuente de ingresos.
Restaurar la tierra no pondrá fin a los conflictos. Pero puede ayudar a recuperar los medios de vida y las oportunidades que dan a las personas un interés en la paz
AMINA J. MOHAMMED, vicesecretaria general de la ONU
“Restaurar la tierra no pondrá fin a los conflictos. Pero puede ayudar a recuperar los medios de vida y las oportunidades que dan a las personas un interés en la paz”, ha señalado Mohammed. La dimensión del reto se aprecia en países como Tanzania, donde más del 50 % de la superficie total sufre una rápida degradación del suelo.
Derechos de quienes trabajan la tierra
La restauración plantea además una cuestión fundamental: qué poder tienen sobre la tierra las personas encargadas de recuperarla. Agricultores, pastores y comunidades acumulan generaciones de conocimiento sobre los territorios que gestionan, pero no siempre tienen derechos seguros sobre ellos ni participan en las decisiones sobre las inversiones.
No podemos pedir a las personas que restauren la tierra mientras les negamos derechos significativos sobre ella
AMINA J. MOHAMMED, vicesecretaria general de la ONU
“No podemos pedir a las personas que restauren la tierra mientras les negamos derechos significativos sobre ella”, ha advertido Mohammed. La brecha es especialmente marcada para las mujeres: en el 86 % de los países que presentan datos a Naciones Unidas sobre tenencia de tierras, menos mujeres que hombres cuentan con derechos seguros sobre las tierras agrícolas.
Como ejemplo de lo que puede ocurrir cuando esa brecha se reduce, la vicesecretaria general ha destacado una cooperativa de mujeres liderada por Florence Banou en Bandiagara (Mali). El grupo ha recuperado tierras degradadas y ha aumentado la producción local de alimentos y, tras comprobar los resultados, el municipio le ha concedido cuatro acres para ampliar su trabajo.
Mohammed ha insistido en que los derechos sobre la tierra deben ir acompañados de acceso a financiación, capacitación, tecnología y mercados, de modo que las mujeres puedan beneficiarse también del valor económico que genera la restauración. Sin esa combinación, ha sostenido, el reparto de los beneficios seguirá siendo desigual.
Una tierra sana ofrece a las personas algo fundamental: la posibilidad de construir un futuro allí donde ya pertenecen y pueden prosperar
AMINA J. MOHAMMED, vicesecretaria general de la ONU
“Una tierra sana ofrece a las personas algo fundamental: la posibilidad de construir un futuro allí donde ya pertenecen y pueden prosperar”, ha concluido la vicesecretaria general. Recuperar la tierra significa, en última instancia, permitir que quienes dependen de ella puedan construir allí sus medios de vida.
Referencias
- (1) La degradación de la tierra cuesta al mundo casi un billón de dólares al año. Noticias ONU.
Añadir EcoAvant.com como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Activar ahora




Comentarios