A raíz de la pandemia de coronavirus surgida en su territorio, China había tomado medidas contra los mercados de animales vivos donde probablemente se originó, y que han sido prohibidos en algunas partes del país. Y, a partir de ahora, los gatos y los perros, cuya carne se consume por una minoría de chinos, han sido excluidos por primera vez de una lista oficial de animales comestibles que reglamenta el consumo de alimentos.

El texto fue publicado el 8 de abril por el Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales y enumera los animales que se pueden criar para su carne, su piel o con fines médicos.

El consumo de esos animales es legal, pero es extremadamente minoritario, solo pueden consumirse los animales criados para ello en granjas y suscita una creciente oposición internacional y en el interior del país. “Es la primera vez que el Gobierno chino dice que los gatos y los perros no están destinados al consumo”, valoró la asociación estadounidense Humane Society International.

Su venta era legal pero la demanda es extremadamente minoritaria en el país

Miles son sacrificados durante el festival de la carne de perro de Yulin, al sur China, en condiciones que consideran crueles los defensores de los animales, ya que cuando son adquiridos vivos son matados a golpes ante el cliente. Cada solsticio de verano, en esta ciudad se celebra el Festival de la carne de perro. Cada 21 de junio miles de perros son sacrificados, vendidos, cocinados y consumidos como parte de una tradición en el mercado de Dashchang ante las protestas de las organizaciones animalistas mundiales. 

Esta decisión se produce tras la prohibición en febrero del comercio y el consumo de animales salvajes, una práctica que según los científicos podría haber sido el origen de COVID-19. El comercio de animales silvestres también había sido prohibido durante la crisis del SRAS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) en 2002-2003, un virus cuya transmisión también se había relacionado con el consumo de animales salvajes. Sin embargo, tras aquella epidemia la actividad se había reanudado rápidamente.

Muertos a golpes

Según Igualdad Animal, se calcula que en China se consumen cada año diez millones de perros y cuatro millones de gatos. La organización animalista ha llevado a cabo varias investigaciones para denunciar este comercio, infiltrándose incluso entre mafias de traficantes de perros. En algunos casos se descubrió que muchos de los perros eran secuestrados de sus familias por mafias.

La ciudad sureña de Shenzhen, una de las más grandes de China, fronteriza con la región administrativa especial de Hong Kong, fue la primera en prohibir de manera permanente el comercio y consumo de animales silvestres (serpientes, civetas, pangolines, etcétera), una medida más contundente que el veto temporal emitido por el Gobierno central al inicio de la actual pandemia. Además, las autoridades de esta urbe, famosa por acoger a gigantes tecnológicos de la talla de Huawei o Xiaomi, también prohibieron el consumo de carne de perro y de gato.

“Como mascotas, perros y gatos han establecido una relación mucho más estrecha con los humanos que todos los demás animales, y prohibir su consumo y el de otras mascotas es una práctica común en los países desarrollados y en Hong Kong y Taiwán”, aseguró el gobierno local en la nueva ordenanza. “Esta prohibición también responde a la demanda y espíritu de la civilización humana”, argumenta la nueva ley.

Se calcula que se comían al año 10 millones de perros y 4 de gatos

Recientemente, Zhuhai, ciudad china en la provincia de Guangdong, fue la segunda en sumarse a la prohibición de la venta de carne de perros y gatos. "La última vez que estuve allí, además de traernos a Vita (una perra que rescatamos engañando a los matarifes) y darle un hogar, se logró que el Gobierno chino cerrase un matadero y 33 puestos de carne", afirma José Calle, cofundador de Igualdad Animal.

La nueva normativa de Zhuhai  también incluye la prohibición del consumo de animales salvajes como serpientes, pangolines o civetas, y entrará en vigor el próximo 1 de mayo.  

Poco después del estallido de la pandemia en Wuhan, la ciudad de Tianjin, al norte de China, uno de los principales puertos de mar del país, reglamentó ya una prohibición sobre el consumo de animales salvajes. La urbe, cuya área metropolitana, con 13 millones de habitantes, es la tercera mayor de la nación asiática, prohíbe a partir de ahora comer animales salvajes y sus productos, que están bajo la protección del estado o de la ciudad

En abril de 2017, el Gobierno de Taiwán, otra nación de cultura y lengua chinas, aprobó una legislación que prohíbe el maltrato animal y el consumo de carne procedente de perros y gatos, que puede sancionarse con multas de hasta dos millones de dólares taiwaneses (unos 61.000 euros).

La Ley de Protección Animal prohíbe la venta, adquisición o consumo de este tipo de carne, según recogió en su momento el diario China Post. La legisladora del partido político Kuomintang Wang Yu Min, fue la impulsora de esta legislación a nivel nacional.

La ley prevé penas de hasta dos años de prisión para aquellos que hagan daño de forma intencionada a los animales y multas desde 200.000 dólares taiwaneses (unos 6.100 euros). Asimismo, aquellos que reincidan en estos delitos podrán ser condenados a penas de uno a cinco años de prisión y estar sujetos a multas de hasta cinco millones (unos 150.000 euros).