El Día Internacional de las Familias 2026 se celebra cada 15 de mayo para promover la concienciación y un mejor conocimiento de los procesos sociales, económicos y demográficos que afectan a este importante núcleo de la sociedad.

Sumario

 

El lema de este día varía cada año y se enfoca en temas relevantes relacionados con las familias, como la educación, la salud, la igualdad de género, la pobreza, la migración o la violencia doméstica, entre otros. En 2026, el tema es Las familias, las desigualdades y el bienestar infantil, y pone el foco en cómo el aumento de las desigualdades condiciona la vida familiar e impacta en el presente y el futuro de niñas y niños.

El Día Internacional de las Familias fue proclamado en 1993 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y se celebra cada 15 de mayo desde 1994. El día tiene como objetivo concienciar sobre la importancia de las familias como unidades básicas de la sociedad, promover su bienestar y fortalecer los lazos familiares. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la familia como "un grupo de personas unidas por lazos de parentesco, afinidad o amistad que conviven juntas y comparten objetivos, preocupaciones y recursos comunes, y que se comprometen en la cría y protección de niños y niñas, así como en la asistencia y cuidado de los miembros más jóvenes y vulnerables, y en la atención de los miembros enfermos, ancianos o discapacitados".

Las familias son una parte integral del tejido social y pueden desempeñar un papel importante en el sostenimiento de la sociedad y la población. Desde la reproducción y la transmisión de valores hasta el cuidado y el apoyo, las familias son una fuente esencial de bienestar individual y colectivo.

En las últimas décadas el concepto de familia ha ido evolucionando, pero desde la ONU se reconoce que las familias constituyen un pilar básico de la sociedad. En este contexto, el Día Internacional de las Familias nos da la oportunidad de reconocer, identificar y analizar cuestiones sociales, económicas y demográficas que afectan a su desarrollo y evolución. Por este motivo, para celebrar este día se organizan en todo el mundo actividades, tales como talleres, conferencias, programas de radio y televisión, entre otros, con el objetivo de fomentar y favorecer el mantenimiento y la mejora de la unidad familiar.

 

Las desigualdades en las familias impactan directamente en niñas y niños

 

El tema de la celebración de 2026 es Las familias, las desigualdades y el bienestar infantil, que subraya cómo el aumento de las desigualdades configura la vida familiar e influye en el futuro de niñas y niños. Aboga por una mayor inversión en políticas integradas y orientadas a la familia para reducir las disparidades y apoyar un desarrollo saludable desde la primera infancia.

Cuando hablamos de desigualdad, no nos referimos solo a diferencias de ingresos. También influyen la calidad del empleo (trabajo informal o precario), el acceso a vivienda adecuada, a servicios esenciales (salud, educación, agua y saneamiento), a redes de apoyo y a recursos digitales. Estas brechas se traducen en estrés económico y emocional en el hogar, menos tiempo disponible para cuidados, peores condiciones para el aprendizaje y, a menudo, en una transmisión intergeneracional de la pobreza.

Los datos recientes ayudan a dimensionar el problema: según el informe The State of the World’s Children 2025 de UNICEF, unos 412 millones de niños viven en pobreza monetaria extrema (menos de 3 dólares al día) y cerca de 900 millones experimentan pobreza multidimensional, es decir, privaciones en necesidades básicas como nutrición, vivienda, educación o atención sanitaria.

Por eso, el enfoque de 2026 insiste en invertir en políticas integradas y orientadas a la familia que reduzcan desigualdades desde el inicio de la vida: prestaciones (incluidas prestaciones universales por hijo), permisos parentales, educación y cuidados en la primera infancia asequibles y apoyos comunitarios a las familias, especialmente en contextos de vulnerabilidad.

La conmemoración de 2025 se vinculó a la Segunda Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, celebrada del 4 al 6 de noviembre de 2025 en Doha (Qatar), que concluyó con la adopción de la Declaración Política de Doha. El texto reafirmó los compromisos de Copenhague (1995) y la Agenda 2030, y llamó a acelerar acciones para erradicar la pobreza, impulsar el empleo pleno y el trabajo decente, fortalecer la protección social y promover sociedades más inclusivas, con atención a las desigualdades.

 

El papel de las políticas familiares en la construcción de sociedades sostenibles e inclusivas

 

Las políticas familiares, bien diseñadas e implementadas, son una palanca directa para reducir desigualdades, prevenir la pobreza infantil y reforzar la cohesión social. En este sentido, la jornada mundial pone el foco en las buenas prácticas nacionales y regionales que ayudan a empoderar a las familias y a apoyar su rol en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente en ámbitos como protección social, conciliación, cuidados y primera infancia.

Desde el fortalecimiento de redes de protección social (por ejemplo, prestaciones por hijo), hasta la promoción de permisos parentales equitativos y servicios de cuidado infantil accesibles, las políticas centradas en la familia se han convertido en herramientas indispensables para enfrentar megatendencias como la transformación digital, los cambios demográficos, la urbanización, la migración y el cambio climático. Aun así, persisten brechas importantes: la OIT estima que, a escala mundial, existe una diferencia media de 22,5 semanas entre la duración de los permisos retribuidos para madres y la reservada para padres, lo que dificulta la corresponsabilidad en los cuidados y puede agravar desigualdades dentro de los hogares.

Asimismo, análisis recientes de Naciones Unidas subrayan que las desigualdades siguen marcando el bienestar de las familias en todo el mundo y que los hogares de bajos ingresos, rurales, indígenas o pertenecientes a minorías, así como las familias migrantes y desplazadas, suelen verse afectados de forma desproporcionada, con impactos particulares en niñas y niños, mujeres, personas mayores y personas con discapacidad.

Las familias, especialmente en los países en desarrollo, se encuentran en el centro de los desafíos globales que marcan el siglo XXI, desde el cambio climático hasta el envejecimiento de la población. Las granjas familiares, que constituyen cerca del 80% de las explotaciones agrícolas a nivel mundial, son clave para la seguridad alimentaria y el empleo rural, pero también son vulnerables a fenómenos meteorológicos extremos que afectan con mayor dureza a los hogares de bajos ingresos.

En este contexto, las familias tienen un papel crucial no solo como víctimas, sino también como agentes de cambio: adoptar hábitos sostenibles como reducir el consumo de carne, ahorrar energía y minimizar residuos podría disminuir hasta en un 73% las emisiones relacionadas con la alimentación. Mientras tanto, el envejecimiento poblacional avanza, y para 2030 se prevé que el 12% de la población mundial tenga 65 años o más, lo que plantea nuevas exigencias para las políticas sociales y ambientales que buscan un futuro más justo y sostenible.

 

El progreso de las mujeres en un mundo cambiante

 

Las familias son diversas y, en muchos casos, un espacio de cuidado y apoyo. Sin embargo, también pueden reproducir desigualdades de género (por ejemplo, en el reparto de los cuidados, el acceso a ingresos o la toma de decisiones) y ser un entorno donde se vulneren derechos. Por eso, abordar las desigualdades en las familias implica también reforzar la autonomía y la seguridad de mujeres y niñas, con políticas que respondan a las realidades de la vida familiar.

La serie "El progreso de las mujeres en el mundo" de ONU Mujeres aporta evidencia sobre las brechas que persisten. El informe más reciente, Gender Snapshot 2025 (ONU Mujeres y UN DESA), advierte que, si la tendencia actual continúa, el mundo llegará a 2030 con 351 millones de mujeres y niñas aun viviendo en pobreza extrema. También alerta de que la desigualdad de género sigue presente en el ámbito familiar: las mujeres y las niñas dedican 2,5 veces más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, y más de 1 de cada 8 mujeres (15–49) sufrió violencia física y/o sexual por parte de una pareja actual o anterior en los últimos 12 meses (12,5%). Estas desigualdades y violencias no solo vulneran derechos: también afectan al bienestar infantil, porque condicionan la estabilidad del hogar, los recursos disponibles para la crianza y el acceso de niñas y niños a entornos seguros y de apoyo.

El programa de trabajo incluye investigaciones pioneras sobre el impacto del cambio climático en la igualdad de género, propuestas para políticas intersectoriales que garanticen una transición ecológica justa, así como estrategias de financiamiento y mecanismos de participación para los movimientos feministas.

Uno de los elementos centrales de este enfoque es el desarrollo de una herramienta global de control de políticas climáticas con perspectiva de género. Esta plataforma digital busca evaluar medidas gubernamentales en mitigación, adaptación y gestión del riesgo, con el objetivo de fortalecer la rendición de cuentas y apoyar a quienes trabajan por la justicia climática y la equidad de género en todo el mundo.

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