Los riesgos del mundo digital para la salud de niños y jóvenes no dependen de la fuerza de voluntad de cada uno, sino de los modelos de negocio, el diseño de las plataformas y una gobernanza débil –es decir, de las reglas y la supervisión que existen–, según una nueva serie de tres artículos elaborada por 13 expertos internacionales y publicada el 4 de octubre en The Lancet.(1) Los autores piden que la salud y la seguridad en línea de niños y jóvenes sea una prioridad política mundial inmediata.
La serie, presidida por la profesora Ilona Kickbusch, del Laboratorio de Transformaciones Digitales para la Salud (DTH-Lab, Suiza), concluye que el uso problemático de los medios digitales se asocia a más riesgo de problemas de salud, aunque con evidencia de baja certeza. Los autores defienden que esa incertidumbre no debe retrasar una acción preventiva de salud pública.
Una evidencia modesta pero consistente
Para analizar el impacto de lo digital, los autores han realizado una revisión general –una revisión de revisiones ya publicadas–. Abarca a nueve millones de personas menores de 25 años en 121 revisiones y encuentra asociaciones consistentes entre el uso problemático de los medios digitales y varios efectos adversos sobre la salud de niños, adolescentes y adultos jóvenes.
El uso problemático de los medios digitales se asocia a un mayor riesgo de problemas de salud mental, de sueño y de menor actividad física
El uso problemático de los medios digitales se asocia a un mayor riesgo de problemas de salud mental, de sueño y de menor actividad física, según la revisión. Por “uso problemático” la serie no entiende las horas conectadas, sino los patrones de uso similares a la adicción. Y por medios digitales, el contenido que las personas ven, crean o comparten en línea, ya sea el propio contenido, la plataforma que lo distribuye o el dispositivo con el que se accede.
La revisión también ha identificado algunos vínculos beneficiosos. Un uso moderado de los medios digitales se asocia a un mayor bienestar, y el uso activo de videojuegos se relaciona con más bienestar y con estilos de vida más saludables.
Los autores advierten, sin embargo, de que la certeza de los hallazgos, tanto de los daños como de los beneficios, es baja. “Las asociaciones entre el uso problemático de los medios digitales y los daños a la salud identificados en nuestra revisión son modestas y se basan en evidencia de baja certeza que no puede establecer una relación de causa y efecto”, afirma Louise Holly, autora de la serie en el DTH-Lab (Reino Unido).
Mientras tanto, según Holly, “los datos más valiosos sobre cómo estas plataformas afectan realmente a los usuarios están ocultos en las empresas tecnológicas, lo que limita el escrutinio independiente y ralentiza el progreso científico”. Por eso, una de las recomendaciones clave es que los gobiernos exijan a las tecnológicas compartir datos sobre cómo sus funciones afectan a la salud con investigadores de interés público debidamente acreditados, y que ofrezcan la infraestructura legal y técnica para hacerlo posible.
Para ilustrar el posible daño a escala de población, los autores han estimado que pasar más de dos horas al día frente a las pantallas podría asociarse con la pérdida de unos 2,8 millones de años de vida saludable por depresión y 240.000 por obesidad cada año en todo el mundo. Se trata de años en buena salud que se dejarían de vivir, y los propios autores piden cautela con estas cifras.
El doctor Falk Müller-Riemenschneider, de la Universidad Nacional de Singapur, subraya que las proyecciones “pretenden ilustrar la posible magnitud del daño” y que no deben tomarse como una medida precisa, ya que la certeza de la evidencia es baja. Se necesita más investigación, añade, para estimar con exactitud los efectos en la salud de la población.
Diseñadas para captar la atención
La serie sostiene que el uso de los medios digitales está moldeado sobre todo por grandes empresas tecnológicas internacionales a las que los gobiernos han permitido autorregularse durante décadas. El resultado, según los autores, es un entorno digital en el que se favorece el crecimiento comercial por encima de la salud.
Características como el desplazamiento infinito, la reproducción automática y los feeds de recomendaciones personalizadas son decisiones de diseño deliberadas
JAY SHAW, Universidad de Toronto
“Características como el desplazamiento infinito, la reproducción automática y los feeds de recomendaciones personalizadas son decisiones de diseño deliberadas, no simplemente una cuestión de autocontrol individual”, afirma el doctor Jay Shaw, de la Universidad de Toronto (Canadá). En su opinión, la mayoría de las plataformas las diseñan las empresas “para captar la atención y recopilar datos, no para proteger la salud”.
Shaw reclama mucha más investigación sobre cómo influyen esas decisiones de diseño concretas en la forma en que las personas usan la tecnología, en lugar de limitarse a estudiar cuánto tiempo pasan en línea.
La presidenta de la serie, Ilona Kickbusch, lo resume así: “El uso de los medios digitales está ahora intrínsecamente ligado a la infancia y la vida adulta temprana. Los gobiernos han permitido que las empresas tecnológicas dicten sus propias reglas, lo que ha dado lugar a modelos de negocio diseñados para captar la atención y recopilar datos, relegando la salud a un segundo plano”.
Los autores van más allá y afirman que las tecnológicas recurren a una estrategia de defensa corporativa para retrasar, debilitar o modificar la regulación cuando surgen pruebas de que sus productos pueden ser perjudiciales para la salud.
“Las empresas tecnológicas están adoptando una estrategia bien conocida de la industria tabacalera y de los combustibles fósiles: generar dudas, desacreditar a los críticos y presentar la regulación como una amenaza a la libertad”, sostiene la profesora Barbara Prainsack, de la Universidad de Viena (Austria). Un enfoque de salud pública lo contrarresta, explica, mirando lo que la evidencia sugiere sobre el daño en toda la población y no solo lo que puede revelar un caso aislado.
“Una buena regulación no es enemiga de la innovación, sino un motor de la misma, que la canaliza hacia la seguridad y la confianza”, añade Prainsack. Y cuando la regulación falta, advierte, no significa que una tecnología carezca de control: “simplemente significa que las empresas establecen las reglas en lugar de las políticas públicas”.
Ninguna medida basta por sí sola
La serie afirma que las medidas aisladas, como los límites de edad, no bastan por sí solas para abordar el riesgo de los daños digitales a la salud. Los autores abogan, en cambio, por una acción política amplia y coordinada a nivel empresarial, nacional y global.
Las empresas tecnológicas tendrían que evaluar los nuevos productos o funciones para detectar posibles daños antes de lanzarlos
Las empresas tecnológicas tendrían que evaluar los nuevos productos o funciones para detectar posibles daños antes de lanzarlos: es la primera de las tres medidas que propone la serie. Además, deberían compartir datos sobre cómo sus funciones afectan a la salud de los usuarios con investigadores de interés público debidamente acreditados.
La segunda propuesta es un tratado de gobernanza mundial a través de la OMS que fije normas básicas para que una regulación deficiente en un país no socave el progreso en otros. La tercera es crear un organismo internacional especializado en supervisar los daños que la inteligencia artificial causa a niños y jóvenes.
La serie destaca también cómo los litigios se están consolidando como una vía para exigir responsabilidades a las tecnológicas por los daños a la salud. “Las acciones legales pueden lograr algo que la regulación a menudo no puede: obligar a las empresas a revelar documentos internos y cambiar el debate público sobre quién es responsable de los daños”, explica Kickbusch. Con todo, precisa, los litigios no sustituyen a la regulación y deben verse como una vía más de rendición de cuentas, no como la única solución.
El trabajo ha contado con un Grupo Asesor Juvenil de seis jóvenes de entre 23 y 30 años, que debatieron con los autores sobre aspectos de la experiencia vivida que la investigación no pudo identificar. Uno de sus miembros, el doctor Salman Fitrat Khan (India), sostiene que los riesgos y daños de los sistemas digitales son prevenibles.
“Con una mejor gobernanza y empoderando a la ciudadanía –especialmente a los jóvenes– para que participen en la configuración de los sistemas digitales que les rodean, el mundo en línea puede brindarnos conexión, información y oportunidades sin poner en riesgo nuestra salud”, afirma Fitrat Khan. “Los gobiernos no deberían esperar a tener pruebas ‘perfectas’ antes de actuar en favor de nuestra generación y las futuras”.
Kickbusch se muestra optimista: “Con la gobernanza adecuada, es posible un mundo digital más saludable para los jóvenes, que les permita beneficiarse de las oportunidades en línea sin un riesgo sustancial para su salud”.
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