Un estudio publicado el 29 de julio de 2026 en la revista científica Neurology (1) ha asociado una menor exposición al azúcar durante la gestación y los dos primeros años de vida con un riesgo hasta un 23 % inferior de desarrollar demencia en la edad adulta. La investigación, realizada por científicos de instituciones de China y Europa, analizó los historiales de 64.737 participantes del Biobanco del Reino Unido nacidos alrededor del final del racionamiento británico de azúcar, una circunstancia histórica que permitió comparar sus efectos sobre la salud cerebral décadas después.
El racionamiento como experimento natural
Los investigadores aprovecharon el final abrupto del racionamiento de azúcar en el Reino Unido, ocurrido en septiembre de 1953, como un experimento natural. Durante la Segunda Guerra Mundial y los años posteriores, el acceso de la población británica al azúcar estuvo limitado, pero el producto volvió a estar ampliamente disponible una vez concluidas las restricciones.
Esta circunstancia permitió comparar a personas sometidas a una menor disponibilidad de azúcar antes del nacimiento y durante la primera infancia con otras que nacieron después de que terminaran las restricciones. El objetivo era comprobar si la exposición al racionamiento durante distintas fases de los primeros 1.000 días desde la concepción se relacionaba con el riesgo posterior de demencia.
El equipo dividió a los participantes en varios grupos según el periodo en el que estuvieron expuestos al racionamiento: únicamente durante la gestación, durante la gestación y el primer año de vida, durante la gestación y hasta los dos años, o sin exposición al racionamiento. En total, 40.963 personas estuvieron sometidas a alguna restricción durante la etapa fetal o la primera infancia, mientras que 23.774 nacieron después de que el azúcar volviera a estar disponible sin limitaciones.
La edad media de los participantes cuando fueron incorporados al estudio era de 54,6 años y el 56,4 % eran mujeres. A partir de los historiales médicos vinculados al Biobanco del Reino Unido, los científicos determinaron qué personas habían recibido un diagnóstico de demencia durante un seguimiento de hasta 15 años.
Para identificar los casos, los autores utilizaron registros clínicos basados en la clasificación internacional de enfermedades. También estudiaron por separado la demencia por cualquier causa, la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular. En un grupo más reducido se analizaron además imágenes obtenidas mediante resonancia magnética y diferentes pruebas de función cognitiva.
Hasta un 23 % menos
Entre las 15.025 personas expuestas al racionamiento antes de nacer y durante su primer año de vida, 388 desarrollaron demencia. En el grupo de 15.256 participantes sometidos a la restricción durante la gestación y sus dos primeros años, se registraron 456 diagnósticos.
Por el contrario, entre las 23.774 personas nacidas después del racionamiento, cuando el azúcar ya estaba ampliamente disponible, se contabilizaron 504 casos de demencia. Los investigadores ajustaron los resultados teniendo en cuenta factores como la edad, el sexo, la hipertensión y la diabetes.
Después de realizar estos ajustes, la exposición al racionamiento desde la gestación hasta el primer año de vida se asoció con un 21 % menos de riesgo de demencia por cualquier causa. Cuando la restricción se prolongó desde el periodo fetal hasta los dos años, la reducción asociada alcanzó el 23 %.
Los resultados fueron similares al analizar específicamente la enfermedad de Alzheimer. La restricción durante la gestación y el primer año se relacionó con un riesgo un 23 % inferior de Alzheimer, mientras que la exposición hasta los dos años se asoció con una reducción aproximada del 28 %.
La menor exposición al azúcar también se relacionó con un retraso en la aparición de la demencia. Entre quienes estuvieron sometidos al racionamiento desde la gestación hasta los dos años, el diagnóstico de demencia por cualquier causa se produjo una media de 2,55 años más tarde.
En el caso de la enfermedad de Alzheimer, la aparición se retrasó una media de 2,87 años, mientras que la demencia vascular se diagnosticó alrededor de 2,49 años después. La información difundida por los investigadores resume este retraso en una media aproximada de 2,6 años.
Jiazhen Zheng, autora del estudio e investigadora de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong en Guangzhou, señaló que los resultados sugieren que limitar el consumo de azúcar durante las primeras etapas de la vida podría aportar beneficios duraderos para la salud cerebral.
La investigadora destacó además la posible importancia de la nutrición durante la infancia para reducir el riesgo de demencia varias décadas más tarde. No obstante, los autores subrayaron que los datos muestran una asociación estadística y no permiten afirmar que consumir menos azúcar prevenga directamente la enfermedad.
Cambios observados en el cerebro
Una parte de los participantes se sometió a pruebas de resonancia magnética cerebral. Los análisis mostraron que las personas expuestas a una menor disponibilidad de azúcar durante las primeras etapas de la vida presentaban un mayor volumen total de materia gris.
También registraban un volumen inferior de hiperintensidades de la sustancia blanca, alteraciones visibles en las imágenes cerebrales que se utilizan como indicador de daño en el tejido. Además, el estudio encontró mejores resultados en determinadas pruebas relacionadas con la velocidad de procesamiento y el razonamiento.
Los investigadores analizaron asimismo la posible influencia de algunas enfermedades metabólicas desarrolladas durante la edad adulta. Según sus cálculos, la diabetes tipo 2 y la hipertensión explicaron conjuntamente alrededor del 25,5 % de la asociación observada entre el racionamiento temprano y el riesgo de demencia.
Estos resultados apuntaron a que una parte de la relación podría estar conectada con el efecto de la alimentación inicial sobre la salud metabólica y cardiovascular posterior. Sin embargo, el estudio no estableció de forma definitiva los mecanismos biológicos responsables de las diferencias.
Los autores consideraron que limitar los azúcares añadidos durante el embarazo y la primera infancia podría constituir una medida beneficiosa para las familias y las comunidades. Al mismo tiempo, reclamaron nuevas investigaciones que permitan comprender mejor cómo estas exposiciones tempranas influyen en el cerebro y orientar futuras estrategias de salud pública.
La principal limitación del trabajo fue su carácter observacional y retrospectivo. La investigación se basó en un acontecimiento histórico y en registros médicos posteriores, en lugar de realizar un seguimiento controlado de la alimentación de los participantes desde su nacimiento.
Por este motivo, los científicos insistieron en que los resultados no demuestran una relación directa de causa y efecto. Otros factores vinculados al racionamiento o a las condiciones de vida de aquella época también podrían haber influido en la salud de los participantes.
Aun con estas limitaciones, el estudio concluyó que la restricción de azúcar durante los primeros 1.000 días de vida se asoció con un menor riesgo de demencia, una aparición más tardía de la enfermedad y unos indicadores más favorables de salud cerebral en la edad adulta.
Referencias
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