La malaria retrocede y el dengue avanza, aunque las dos enfermedades transmitidas por mosquitos responden a un mismo clima que se calienta. Una revisión de la literatura científica –es decir, un análisis de los estudios ya publicados– ha examinado esa paradoja y ha identificado factores ajenos al clima que ayudan a explicarla, además de las medidas necesarias para frenar la carga de ambas enfermedades en un planeta cada vez más cálido.

Sumario

 

Investigadores de la Universidad de Monash han publicado el 2 de octubre en la revista Science Advances(1) una revisión que examina los factores ecológicos, epidemiológicos y socioeconómicos que influyen en la transmisión de la malaria y el dengue. El trabajo, liderado por el doctor Toby Cumming, concluye que las medidas de prevención –el control de vectores (es decir, de los mosquitos que transmiten la enfermedad), la vacunación y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento global– son críticas para contrarrestar la creciente carga de las enfermedades transmitidas por mosquitos en un clima cambiante.

 

Dos enfermedades, un mismo clima

 

La malaria es una enfermedad grave que puede poner en peligro la vida. La causa un parásito que normalmente llega a las personas a través de la picadura de hembras infectadas de mosquitos Anopheles. El dengue, en cambio, lo provoca un virus que se transmite por la picadura de hembras infectadas de mosquitos Aedes. Entre las dos suman una carga enorme: en todo el mundo se registran cerca de 300 millones de casos de malaria y casi 400 millones de infecciones de dengue cada año.

A medida que el cambio climático aumenta las temperaturas y altera los patrones de lluvia, se amplían las zonas con condiciones climáticas

TOBY CUMMING, Universidad de Monash

“A medida que el cambio climático aumenta las temperaturas y altera los patrones de lluvia, se amplían las zonas con condiciones climáticas en las que pueden proliferar las poblaciones de mosquitos Anopheles y Aedes”, ha explicado el investigador principal, el doctor Toby Cumming, miembro del programa de investigación de la Iniciativa de Salud y Clima de la Escuela de Salud Pública y Medicina Preventiva de Monash. En otras palabras, el calentamiento abre nuevos territorios a los insectos que transmiten ambas enfermedades. Para Cumming, entender bien qué factores impulsan la transmisión es la clave para identificar respuestas de salud pública eficaces.

Aunque la influencia de estos factores climáticos es compleja, los autores señalan que tienen efectos parecidos en la transmisión de la malaria y del dengue. Las relaciones no son lineales –es decir, un mismo cambio de temperatura o de lluvia no produce siempre el mismo efecto–, los efectos varían con las estaciones y existe una variabilidad local considerable. Dicho de otro modo, lo que ocurre en un lugar no se puede trasladar sin más a otro.

Y, sin embargo, las dos enfermedades no han seguido el mismo camino. “Durante el último siglo, en un período de calentamiento innegable, las tasas de malaria han disminuido mientras que las de dengue han aumentado”, ha recordado Cumming. Con el mismo clima de fondo, una enfermedad ha retrocedido y la otra se ha expandido: esa es la paradoja que la revisión intenta resolver.

 

Qué explica caminos opuestos

 

Para entender esa divergencia, los investigadores ponen el foco en los factores no climáticos. En el caso de la malaria, las intervenciones para controlar a los mosquitos y las terapias con fármacos han propiciado importantes avances en la reducción de su transmisión. Es decir, se ha actuado tanto sobre los insectos que propagan la enfermedad como sobre el tratamiento de quienes la padecen.

La creciente urbanización ha favorecido a los mosquitos Aedes y, por lo tanto, la propagación del dengue, para el cual no existen tratamientos disponibles

La creciente urbanización ha favorecido a los mosquitos Aedes y, por lo tanto, la propagación del dengue, para el cual no existen tratamientos disponibles. Así lo destacan los investigadores, que atribuyen a este factor –y no solo al termómetro– parte de la trayectoria ascendente de la enfermedad. Frente a una malaria que cuenta con herramientas de control y con terapias, el dengue carece de tratamientos.

Es decir, el clima es solo una parte de la explicación. Las dos enfermedades comparten el mismo telón de fondo climático, pero su rumbo depende también de lo que se hace para combatirlas y de cómo cambian los entornos en los que conviven las personas y los mosquitos. Por eso, los autores insisten en mirar más allá de la meteorología para decidir qué medidas de salud pública tienen más posibilidades de funcionar.

 

Prevención coordinada, sin complacencia

 

El doctor Cumming ha hecho hincapié en que no hay lugar para la autocomplacencia. Aunque la malaria está en declive a largo plazo, su incidencia mundial ha aumentado un 8,5 por ciento en la última década. Es decir, que una enfermedad retroceda en el largo plazo no impide que repunte en un periodo más corto.

Tanto la reciente evolución de la malaria como el rápido aumento de los casos de dengue son motivo de grave preocupación

TOBY CUMMING, Universidad de Monash

“Tanto la reciente evolución de la malaria como el rápido aumento de los casos de dengue son motivo de grave preocupación, y debemos intensificar nuestros esfuerzos de prevención y control”, ha afirmado Cumming. El mensaje del investigador es claro: hay que reforzar la prevención y el control de las dos enfermedades, tanto la que retrocede como la que se dispara.

Para el dengue están surgiendo nuevas intervenciones preventivas, entre ellas las vacunas y estrategias innovadoras de control de vectores. Una de ellas consiste en introducir en las poblaciones de mosquitos Aedes la bacteria Wolbachia, que reduce la capacidad de los insectos para transmitir el dengue. Esta estrategia ha sido desarrollada por el Programa Mundial contra el Mosquito, un grupo de empresas sin fines de lucro propiedad de la Universidad de Monash.

“En definitiva, nuestra investigación refuerza la necesidad de un enfoque coordinado que abarque intervenciones para abordar los numerosos factores climáticos y no climáticos que contribuyen a la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos”, ha concluido el investigador. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, controlar a los mosquitos y vacunar son, según el trabajo, piezas de una misma respuesta ante un desafío sanitario global.

 

Añadir EcoAvant.com como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora