Las investigaciones en curso sobre el impacto de la búsqueda de alimento en vertederos sobre las poblaciones de cigüeñas blancas han revelado resultados preliminares que sugieren una compensación entre la disponibilidad de alimento durante todo el año y el aumento de riesgos derivados del estrés y el daño al ADN. El proyecto, presentado en la conferencia de la Sociedad de Biología Experimental en Florencia, Italia, analiza cómo la producción mundial de residuos y la urbanización humana están modificando los hábitos alimenticios de la fauna silvestre y pueden tener consecuencias a largo plazo para su salud y supervivencia.

 

Residuos como alimento

 

«La creciente producción mundial de residuos está creando nuevas oportunidades de alimentación para la fauna silvestre», afirma Anustup Bandyopadhyay, estudiante de doctorado en la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, Austria. Sin embargo, advierte de que los efectos de alimentarse de estos residuos «aún se debaten» y siguen siendo «algo ambiguos», precisamente porque pueden combinar beneficios inmediatos con costes fisiológicos menos visibles.

El proyecto reúne a investigadores de Austria, Alemania y Polonia y se centra en una población de cigüeñas blancasCiconia ciconia– que migra desde Polonia hasta África cada verano y regresa cada primavera para reproducirse. Esta población permite examinar cómo distintas estrategias de alimentación pueden traducirse en diferencias en el crecimiento, el balance energético y la condición fisiológica de las aves.

Las cigüeñas blancas se alimentan en vertederos de Europa Occidental desde la década de 1980, pero este comportamiento sigue siendo relativamente reciente en Europa del Este. Según Bandyopadhyay, en Polonia se ha vuelto más común durante la última década, con algunos individuos que dependen de los vertederos, mientras que la mayoría todavía se alimenta de presas naturales.

Esa coexistencia de comportamientos ofrece a los investigadores un sistema de estudio especialmente útil. En una misma población pueden compararse individuos que recurren a una fuente de alimento humana, abundante y previsible, con otros que mantienen una dieta basada en recursos naturales. A partir de esa comparación, el equipo busca comprender qué ocurre cuando la fauna silvestre incorpora de forma habitual los residuos humanos a su alimentación.

 

Beneficios y riesgos

 

Cuando las cigüeñas blancas se alimentan en los vertederos, ingieren una mezcla de desechos humanos que incluye carne, pequeños insectos, roedores y lombrices. Pero junto a esos recursos también pueden ingerir materiales sólidos como plásticos, cables, vidrio y metales pesados nocivos, lo que introduce un posible riesgo para su salud.

Los vertederos resultan atractivos porque proporcionan una fuente de alimento fiable, fácil de obtener y disponible durante todo el año. «Pueden dedicar menos tiempo a buscar alimento y, potencialmente, canalizar ese tiempo y energía hacia otras actividades, como la reproducción», explica Bandyopadhyay. Esta ventaja puede ser especialmente relevante durante la temporada de cría, cuando las necesidades energéticas de los polluelos aumentan de forma considerable.

Los socios polacos del proyecto han observado que las cigüeñas blancas utilizan los vertederos principalmente a mitad de la temporada de cría, coincidiendo con el momento en el que las necesidades alimenticias de los polluelos alcanzan su punto máximo. En ese contexto, una fuente de alimento abundante y cercana puede aumentar las reservas energéticas de los adultos y facilitar el aporte de comida a las crías.

Sin embargo, el proyecto destaca que esa disponibilidad no implica necesariamente una mejora neta de la condición de las aves. La baja calidad nutricional de los residuos y la posible mayor exposición a contaminantes derivados de la búsqueda de alimento en los vertederos pueden estar afectando tanto a su fisiología como a su comportamiento.

Para medir estos efectos, Bandyopadhyay utiliza varias técnicas. Entre ellas figuran inmunoensayos enzimáticos para analizar hormonas, ensayos colorimétricos para evaluar el estrés oxidativo y respirometría de alta resolución para estudiar el metabolismo mitocondrial. En conjunto, estas herramientas permiten seguir el desarrollo y la aptitud de cigüeñas jóvenes que crecen en condiciones nutricionales diferentes.

Junto con sus colaboradores en Polonia y Alemania, el investigador emplea también mediciones corporales y seguimiento de alta resolución para comprender mejor el impacto de la alimentación en vertederos sobre los rasgos de la historia de vida, el comportamiento migratorio y los costes energéticos de buscar alimento en distintos hábitats.

Los resultados preliminares de los colaboradores polacos muestran que los animales que se alimentan en vertederos tienden a presentar mayor masa corporal y mayores reservas de energía que aquellos que se alimentan de presas naturales. Este dato sugiere que la disponibilidad de residuos puede ofrecer una ventaja inmediata en términos de energía acumulada.

No obstante, esos mismos resultados apuntan a un coste relevante: los investigadores han encontrado evidencias de daño en el ADN asociado a dietas basadas en vertederos. Además, ese daño aparece mucho antes de lo que esperaban. «Esperábamos observar daños en el ADN relacionados con la dieta al final de la etapa de polluelo, pero en cambio observamos que estas diferencias aparecen a una edad muy temprana, cuando las aves tienen apenas una semana de vida», señala Bandyopadhyay.

 

Cambios en la migración

 

Además de afectar la fisiología de las cigüeñas, la disponibilidad de alimento en los vertederos podría empezar a influir en sus comportamientos migratorios, como ya se ha observado en otras poblaciones. El propio Bandyopadhyay recuerda que las cigüeñas blancas de la Península Ibérica han pasado de ser totalmente migratorias a parcialmente migratorias, o incluso sedentarias.

Ese cambio, según explica, se debe en gran medida a las condiciones climáticas favorables y, sobre todo, a la disponibilidad de alimento en los vertederos. La existencia de recursos durante todo el año puede reducir la necesidad de realizar desplazamientos largos y modificar patrones migratorios que hasta ahora formaban parte del ciclo vital de la especie.

El proyecto plantea así una cuestión central sobre la relación entre urbanización, residuos y vida silvestre. Los vertederos pueden actuar como una fuente constante de alimento y favorecer ventajas aparentes, como una mayor masa corporal o reservas energéticas superiores. Pero al mismo tiempo pueden exponer a las aves a contaminantes, materiales no alimenticios y estrés fisiológico, con efectos que podrían manifestarse desde etapas muy tempranas del desarrollo.

Estos resultados preliminares permiten entender cómo la actividad humana está alterando rápidamente los hábitos alimenticios de especies silvestres y cómo esas nuevas oportunidades pueden implicar compensaciones complejas entre supervivencia inmediata, salud y comportamiento a largo plazo. En el caso de la cigüeña blanca, la alimentación en vertederos aparece como un fenómeno en expansión en algunas zonas de Europa, pero sus efectos finales siguen bajo investigación.

El proyecto está financiado por el Fondo Austriaco para la Ciencia –FWF– y cuenta con la participación de Anustup Bandyopadhyay, Nitya Triveillot, Atharva Andhare, Joanna T. Białas, Marcin Tobółka, Andrea Flack y Valeria Marasco. Las instituciones implicadas son la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, la Universidad de Ciencias de la Vida de Poznań y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, en Constanza, Alemania.

Añadir EcoAvant.com como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora