Cuando el mar se calienta más de la cuenta por efecto del cambio climático, los corales pierden su color y quedan blancos como un fantasma. Un equipo de científicos de Estados Unidos ha comprobado que unas sombrillas submarinas de tela, colocadas sobre corales cerebro de los Cayos de Florida, redujeron esa pérdida de color durante el verano de 2024 –el segundo con mayor estrés por calor acumulado en la zona desde 1985– e incluso devolvieron parte del tono perdido.

Sumario

 

El estudio, que ha publicado la revista Frontiers in Marine Science(1), lo firman Karen L. Neely, Kathryn A. Toth y Arelys A. Chaparro, de la Universidad Nova Southeastern, y Caroline E. Dennison y Andrew C. Baker, de la Universidad de Miami. Su conclusión principal es que la sombra redujo la pérdida de color de los corales protegidos y que podría ser una opción de bajo coste y carácter temporal para salvar ejemplares concretos.

 

La sombra frenó el blanqueamiento

 

El experimento se desarrolló en Newfound Harbor, un arrecife a menos de un kilómetro de la costa, junto a Big Pine Key, en los Cayos de Florida. El calor acumulado llegó a 10,7 en la escala de las llamadas semanas de calentamiento (DHW, por sus siglas en inglés), que suma los grados por encima del umbral de blanqueamiento y las semanas que dura ese exceso. Un valor de 4 equivale, por ejemplo, a un grado sobre el umbral durante cuatro semanas, cuando suele empezar a notarse la pérdida de color.

Las sombras revirtieron la pérdida de color de los corales, mientras que los ejemplares sin protección siguieron palideciendo hasta que bajó la temperatura

Las sombras revirtieron la pérdida de color de los corales, mientras que los ejemplares sin protección siguieron palideciendo hasta que bajó la temperatura, según describe el estudio. Ocurrió con las dos especies analizadas, Pseudodiploria clivosa y Colpophyllia natans, y las diferencias fueron estadísticamente significativas en las semanas de mayor estrés, entre 8 y 10 DHW. Las colonias ya estaban algo pálidas cuando llegaron las sombras.

El calor, sin embargo, hizo menos daño del que cabía esperar. Los corales mostraron solo una pérdida de color de leve a moderada y ninguno murió por el calor. Los investigadores lo atribuyen a que casi todos albergaban Durusdinium, un tipo de alga muy resistente al calor, probablemente adquirido tras la ola de calor sin precedentes del verano anterior.

“Las sombras revirtieron el blanqueamiento observado, pero el episodio no fue lo bastante grave como para causar mortalidad en los corales con sombra ni en los de control”, ha señalado Neely. La investigadora recuerda que incluso un blanqueamiento sin muertes puede influir en la susceptibilidad futura a enfermedades y en la capacidad reproductiva de los corales.

Esa alga, además, tiene un precio: se asocia con un menor crecimiento del coral y, posiblemente, con una mayor vulnerabilidad a las enfermedades. Por eso los autores creen que evitar el blanqueamiento en corales con otras algas sería presumiblemente aún más beneficioso, ya que así tendrían menos probabilidades de pasarse a Durusdinium.

Las biopsias de tejido, en cambio, no distinguieron entre corales con sombra y sin ella tan bien como lo hizo el color. Los autores ofrecen dos posibles explicaciones: los permisos solo autorizaban tomar muestras en los bordes de las colonias, que reciben algo de sombra natural y palidecen menos, y parte del color perdido podría deberse a una caída de la clorofila de las algas, y no a su desaparición.

 

Del desastre de 2023 al experimento

 

El origen del trabajo está en el verano de 2023, cuando las temperaturas del mar en los Cayos de Florida batieron récords. El estrés térmico acumulado duplicó el de cualquier otro año desde que hay registros por satélite, en 1985, y el blanqueamiento afectó al 100 % de los corales en la mayoría de los puntos de estudio. Fue parte del cuarto evento global de blanqueamiento de corales, que se extendió entre 2023 y 2024.

Este estudio surgió directamente de aquel evento: queríamos ofrecer una prueba de concepto de herramientas para salvar corales concretos en futuros eventos similares

KAREN NEELY, Universidad Nova Southeastern

“Este estudio surgió directamente de aquel evento: queríamos ofrecer una prueba de concepto de herramientas para salvar corales concretos en futuros eventos similares”, ha explicado Karen Neely, autora principal del trabajo, en un comunicado de Frontiers. Según recuerda, el episodio de 2023 acabó prácticamente con los corales ramificados de Florida y golpeó con dureza a los corales cerebro en algunos puntos cercanos a la costa.

En uno de esos puntos, según recoge el estudio, el 55 % de los corales vigilados sufrió la muerte parcial o total del tejido, y entre el 41 % y el 80 % de las colonias de cuatro especies de coral cerebro perdieron parte o la totalidad del suyo. Los científicos eligieron ese lugar y esos ejemplares, especialmente vulnerables, para probar su intervención en el verano de 2024.

La idea de partida es sencilla: la sombra no enfría el agua, pero reduce la radiación ultravioleta y la luz, que agravan el daño del calor. El equipo diseñó 20 sombrillas a medida, una por cada colonia protegida, y eligió otras 20 colonias parecidas, sin sombra, como grupo de control.

Cada estructura era un marco de tubos de PVC relleno de espuma para que flotara y cubierto con una malla agrícola clara que, según el fabricante, reduce la luz un 60 % sin alterar su espectro. El marco sobresalía 5 cm por cada lado del coral y quedaba sujeto con cuerdas a cuatro tornillos clavados en el fondo, a unos 50 cm del ejemplar, de modo que flotaba a unos 30 cm sobre él.

Las estructuras aguantaron todo el experimento sin deteriorarse: los 80 tornillos de anclaje siguieron firmes y se retiraron con facilidad, y las mallas apenas acumularon sedimento. Los materiales de cada una costaron unos 30 dólares estadounidenses, aunque el tiempo de barco y de personal para montarlas, colocarlas y retirarlas puede ser considerable.

Los investigadores querían instalar las sombras cuando el calor acumulado llegara a 4 DHW, pero los retrasos en los permisos lo impidieron: no pudieron colocarlas hasta el 16 y 17 de agosto, con el calor acumulado ya por encima de 7. Las retiraron durante dos tormentas tropicales y las quitaron del todo el 12 de noviembre, cuando el valor volvió a bajar a 4.

Durante ese tiempo, los buceadores visitaron las colonias al menos cada dos semanas –nueve veces entre el 16 de julio y el 12 de noviembre– y compararon el color de cada coral con una tarjeta de referencia. También tomaron una pequeña muestra de tejido de cada colonia para estudiar las algas y limpiaron las mallas con un cepillo para que el sedimento acumulado no diera sombra extra.

Las tormentas dejaron una anécdota llamativa. La tormenta tropical Helene arrastró unos 30 metros a dos colonias de C. natans, que aparecieron boca abajo, y en la de mayor tamaño apenas quedaba tejido en las crestas. Los científicos la devolvieron a su sitio y, en dos semanas, el tejido restante se había reorganizado hasta formar una capa intacta y viva.

 

Un remedio con límites claros

 

Los autores insisten en que las sombrillas no bastan para salvar un arrecife entero. Montarlas y mantenerlas exige barco y personal, lo que limita su uso a gran escala; el método encaja mejor en esfuerzos dirigidos a corales prioritarios, aunque podría ampliarse a zonas mayores.

La sombra no es una panacea para los arrecifes, y su uso exigiría decisiones difíciles sobre qué corales merece la pena salvar

KAREN NEELY, Universidad Nova Southeastern

“La sombra no es una panacea para los arrecifes, y su uso exigiría decisiones difíciles sobre qué corales merece la pena salvar”, advierte Neely, que señala el escalado como la gran limitación del estudio. “Descubrimos que era eficaz en dos especies de coral muy susceptibles, por lo que es probable que resulte útil para la mayoría de las demás, pero harían falta más estudios para confirmarlo”, añade la científica.

Neely admite también que el estrés térmico puede llegar a un punto en el que ninguna sombra ayude a un coral, aunque solo futuros experimentos permitirán definir ese límite. En este caso, los autores creen que el efecto habría sido mayor si las sombras se hubieran instalado antes, si el calor o la radiación hubieran sido más intensos o si las algas hubieran sido menos tolerantes al calor.

El estudio recoge además posibles inconvenientes. Las estructuras podrían convertirse en un estorbo para la pesca o la navegación, suponer un riesgo bajo, pero no nulo, de enredo para especies marinas o parecer poco estéticas a quienes usan el mar. Los tornillos de anclaje son poco invasivos, pero resultarían más problemáticos en arrecifes con mucha cobertura de coral y poco fondo desnudo.

Los materiales –acero inoxidable, nailon, polietileno y PVC– son muy inertes y de uso común en el mar, pero no se descartan efectos imprevistos. Tampoco se sabe qué consecuencias tendría que las sombrillas alteren el movimiento del agua y reduzcan la sedimentación alrededor de los corales.

Aun así, los autores defienden que las sombrillas son un método relativamente barato y eficaz para limitar el blanqueamiento durante una ola de calor, incluso si se instalan cuando los corales ya han empezado a palidecer. Sostienen que el rápido deterioro de los arrecifes justifica plantearse una gestión más activa para evitar que se pierdan los ejemplares que sobreviven a episodios de blanqueamiento masivo.

El blanqueamiento de los corales relacionado con el calor es probablemente la mayor amenaza para los arrecifes de todo el mundo

KAREN NEELY, Universidad Nova Southeastern

“El blanqueamiento de los corales relacionado con el calor es probablemente la mayor amenaza para los arrecifes de todo el mundo, y es absolutamente necesario abordar el cambio climático para tener alguna esperanza de que los arrecifes tal como los conocemos existan en el futuro”, ha advertido Neely. Soluciones como la sombra, añade, pueden ofrecer una protección temporal a pequeña escala.

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