Sostiene el aventurero Santiago Sánchez que cuidar el medio ambiente es lo mínimo que debemos hacer en este lugar llamado mundo. Una suerte de peaje moral por disfrutar de la naturaleza. Cuenta en EcoAvant.com que hace dos años, durante su primer gran viaje –de Alcalá de Henares a Arabia Saudita en bicicleta–, su empeño en proteger el entorno fue también un modo de vida.

Abría una bolsa de basura y la iba llenando de residuos que encontraba alrededor de un pueblo. Luego me presentaba en el ayuntamiento o en un bar y cambiaba ese trabajo solidario por el hospedaje o un plato de comida. Era mi forma de ayudar”, recuerda Sánchez con emoción.

El 1 de enero de 2020 amanecí en el desierto de Wadi Rum en Jordania y mi agradecimiento fue recoger todos los residuos. Los recogía por mí, pero sobre todo por los que venían detrás

SANTIAGO SÁNCHEZ, aventurero y amante del medio ambiente

“El 1 de enero de 2020 amanecí en el desierto de Wadi Rum en Jordania y mi agradecimiento fue recoger todos los residuos. Los recogía por mí, pero sobre todo por los que venían detrás”, prosigue. “Me parece injusto que el que venga detrás vea esa habitación llena de mierda. Porque era mi habitación en la Tierra y recogerla era el alquiler que yo pagaba”.

Y porque, sin duda, “hay que concienciar a las personas”, zanja quien estuvo colaborando en orfanatos, hospitales y ONG durante aquella epopeya tan particular.

Así se lo agradece y reconoce el músico Dani Martin, –el que fuera vocalista de El Canto del Loco– que con afecto le reconoce que "en el mundo hay gente buena, solidaria" y con "voluntad por ayudar".

Un año de ruta –de Madrid a Qatar– demostrando que “quien quiere, puede”, contagiando empatía, sonriendo, soñando despierto, retirando desperdicios del ecosistema y plantando árboles a su paso

Ahora, en 2022 Santiago Sánchez ha emprendido un nuevo hito en medio de una gran expectación: llegar a Qatar haciéndose, como buen caminante, camino al andar. Un año de ruta –de Madrid a Qatar– demostrando que “quien quiere, puede”, contagiando empatía, sonriendo, soñando despierto, retirando desperdicios del ecosistema y plantando árboles a su paso. Un paso firme como la cadena de favores que trenza en cada viaje.

Imagen de la convocatoria de salida del 8 de enero Imagen de la convocatoria de salida del 8 de enero

 

 

¿Quién es Santiago Sánchez para el propio Santiago Sánchez?

Es otra persona totalmente diferente al que era antes de viajar. Un chico que vive y se desvive por los demás. Me gusta que todo esté bien. Un loco tatuado a quien, cada vez que sueña, le gusta perseguir los sueños. La vida pasa y hay que transformar las pequeñas cosas en grandes: ese café por la mañana, esa conversación con un amigo… Los momentos vividos son dobles cuando los recuerdas. Ahora soy otra persona. Un Santiago que tiene mucho con poco.

 

¿Eras diferente antes del viaje y de tu contacto tan directo con la naturaleza?

Antes era diferente, un chaval rebelde. Conocí ciertas cosas muy pronto.

Era una persona materialista y, a día de hoy, no quiero nada. Viajo con cuatro camisetas e invertiré mi tiempo en otras cosas

Era una persona materialista y, a día de hoy, no quiero nada. Viajo con cuatro camisetas e invertiré mi tiempo en otras cosas. En resumen, haré como en el viaje anterior, que hice una maleta con la ropa que no usaba y se la di a gente que la necesitaba. Tenía una sudadera que llevaba tres años en el armario y la di. Así soy. No me hace falta nada material. El cambio es brutal y por eso lo quiero contar.

Santiago Sánchez en la frontera de Italia en su primer viaje en bici en octubre de 2019 Santiago Sánchez en la frontera de Italia en su primer viaje en bici en octubre de 2019

 

¿Cómo fue ese Rubicón personal?

Cambié en el primer momento en que salí de la zona de confort. Cuando no sabía lo que iba a comer ni dónde dormir. Dicen que la felicidad no puede ser plena si no es compartida. Y yo he llegado a llorar solo de felicidad. Por ejemplo, en Turquía, haciéndome un café, viendo el atardecer. No me hacía falta nada ni nadie. Fue perderme para encontrarme conmigo mismo. Solo con la mirada me entendía con la gente. Mira, Jorge, creo y confío en la cadena de favores.

 

¿Y cómo surge toda esta sed de aventuras y solidaridad, Santiago?

Hoy creo que todo lo bueno que haces vuelve multiplicado. En mi casa han dormido cien personas de treinta países diferentes estos meses. (Santiago nos atiende días antes del viaje, ultimando detalles.) La gente a mí me ha dado una ducha, un desayuno… Me han hospedado en todas las partes del mundo y sin hablar el mismo idioma.

Te decía que creo en la cadena de favores. Cuando nos despidamos de esta charla, molaría que llamases a alguien y le contaras la experiencia como aliento para alegrarle el día, para ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Yo antes veía siempre el lado malo, cuando era más joven… Y ahora me levanto feliz, con una sonrisa; me levanto y canto. ¡Salúdame no porque sea viernes, sino también porque es lunes!

¿Momentos viajeros? Viajé a Sudamérica en 2018, había viajado mucho con mi equipo de fútbol y con el boxeo. Luego llegó la aventura de Arabia en 2019. No sé. ¡Que no te lo cuenten! ¡Ve a los sitios! He dormido en casa de un palestino, me han invitado a tomar té en una casa de Jordania, en otra de Jerusalén, en Irán, uno de los países donde mejor me han tratado de los más de 80 que conozco.

Cuando llegué a Arabia, vi un partido de fútbol y en una reunión con futbolistas me invitaron a volverme a España con ellos en el avión. Pero me volví en la bici

Ah, tengo una anécdota: cuando llegué a Arabia, vi un partido de fútbol (Santiago es aficionado del Real Madrid) y en una reunión con futbolistas me invitaron a volverme a España con ellos en el avión. Pero me volví en la bici. Lo prefería. Me había dado tanto el viaje de ida que decidí seguirlo así. ¡Con lo fácil que habría sido volver en avión! Al final, hay que escuchar a todos, pero decidir tú.

Santiago Sánchez en el campo de Refugiagos de Polikastro, Grecia en septiembre de 2020 Santiago Sánchez en el campo de Refugiagos de Polikastro, Grecia en septiembre de 2020

 

Estamos en EcoAvant.com y nos consta que tu objetivo en estos viajes es compartir un mensaje medioambiental…

Sí, sí. Sobre el medio ambiente, en el primer viaje fue la manera de sostener el propio viaje. Abría una bolsa de basura y la iba llenando de residuos que encontraba alrededor de un pueblo. Luego me presentaba en el ayuntamiento o en un bar y cambiaba ese trabajo solidario por el hospedaje o un plato de comida. Era mi forma de ayudar. El 1 de enero de 2020 amanecí en el desierto de Wadi Rum en Jordania y mi agradecimiento fue recoger todos los residuos.

Hace falta más conciencia. Con que uno mismo lo haga, que cada uno se lleve una bolsita cuando vaya al monte o a la playa y recoja las cosas o lo intente, ¡habremos avanzado!

Los recogía por mí, pero sobre todo por los que venían detrás. Me parece injusto que el que venga detrás vea esa habitación llena de mierda. Porque era mi habitación en la Tierra y recogerla era el alquiler que yo pagaba. Hay que concienciar a las personas. Donde más me sorprendí fue en la frontera entre Bulgaria y Turquía porque por ahí van ciento cincuenta mil transportistas y aquello era un río de basura. Hace falta más conciencia. Con que uno mismo lo haga, que cada uno se lleve una bolsita cuando vaya al monte o a la playa y recoja las cosas o lo intente, ¡habremos avanzado!

 

Vas con tu carro andando de Madrid a Qatar este 2022… Casi 7.000 kilómetros. ¿Por qué este reto?

El objetivo es el viaje, el camino, el primer y segundo paso. Las sonrisas. Porque mis viajes no los mido en kilómetros, sino en las familias que conocí, en los corazones. Y ahora, de Madrid a Qatar no son 7000 kilómetros, sino la gente, las historias. El viaje lo mido en corazones, no en kilómetros. Yo no quiero fama para echarme medallas, sino para que veas que, si se quiere, se puede. Quien quiere, puede. Cuando luego me escribe gente para preguntarme si pueden venir a casa durante su viaje por España, les doy las llaves tal cual.

Algunos me decían siempre: “¿Estás loco?”. Loco es quien no hace nada por él ni por los demás. Al final, cuando tú señalas a alguien por ser diferente o tener las zapatillas sucias, no debes olvidar que tres dedos de tu mano señalan hacia ti. Tienes que superarte sin pisar a nadie. Esa es mi reflexión. Y mi mentalidad hoy es que soy del mundo. ¡Me han acogido en Grecia varios meses! Sé hablar turco. No puedo odiar a nadie. Me han dado el té, me han dejado dormir… Estoy en el mundo y nunca me he perdido. Si me preguntas por qué lo hago, te respondo que por qué no. ¿Dónde está el error en hacer caso a mi corazón? Si hubiera hecho caso a todos, hoy no habría hecho lo que he hecho.

 

¿Y cómo haces para que te acojan aquí y allá, Santiago?

En el otro gran viaje antes de este que empiezo, el de Arabia, iba pedaleando con mi bicicleta y la gente veía que no quería hacer el mal. Una sonrisa, el pulgar arriba: ese es un lenguaje que se entiende bien. Y así terminaba quedándome en casas de gente. En Grecia me pilló la pandemia y me fui a lo alto de una montaña, pero una familia que conocí me acogió y yo hasta les cuidaba el bebé. Luego estuve en un campo de refugiados… Muchas historias.

 

Tienes vivencias para hacer unas memorias genuinas. Y enhorabuena por tu empatía y solidaridad. ¿Qué llevas en el viaje, cómo vas?

Llevo lo mínimo. En mi carro. Camisetas… suelo llevar del gimnasio de mi amigo, no son camisetas de marca, sino prendas normales y corrientes, de algodón. Llevo cuatro. Llevo un hornillo para calentarme la leche y cocinar, un saco de dormir, un colchoncito plegable, una ducha portátil negra para que se caliente el agua; y calculo el agua que voy a gastar porque es un bien de todos. Es el líquido número uno. Y llevo todo con el carrito que ves, Jorge. ¡Tener mucho es un problema! El que tiene muchas casas tiene miedo de perderlas. Voy a simplificar la vida.

 

Y la complejidad de la naturaleza, paradójicamente, entra en juego y ayuda a simplificar la vida… Nos cambia el ánimo, inspira, es salud. ¿Qué paisajes te fascinan, Santiago?

¡Sí! ¡Y mi segunda casa es la montaña! Mi padre es de Santander y mi madre de La Alcarria. A veces, me voy a dormir a las zonas de la montaña. Ese tiempo lo empeño en meditar, escribir, llenar mi alma. Porque así, estando yo bien, puedo transmitir lo mejor de mí a quien está a mi lado. Y también empleo tiempo de mi día recogiendo los residuos. Hago una foto del antes y el después para inspirar y motivar a la gente que lo vea en mis redes. Esas son las fotos que demuestro a mis amigos.

Me llevo los residuos hasta un punto de reciclaje. Intento ayudar cuidando y mostrando la naturaleza

Me llevo los residuos hasta un punto de reciclaje. Intento ayudar cuidando y mostrando la naturaleza. ¿Paisajes? Me encanta ir al norte, que es el lugar donde me crié. Es el sitio de mi recreo. Hay lugares donde voy –como la zona del Sardinero, la ruta del Faro del Caballo, donde suelo ir en invierno cuando no hay nadie; apago el teléfono y me dan paz. Del gran viaje anterior, me quedo con el amanecer en el desierto de Wadi Rum en Jordania o los atardeceres en la playa de Turquía.

Cañón de arena en el desierto Wadi Rum en el Jordán / Foto: Pablo Jiménez - Pixabay Cañón de arena en el desierto Wadi Rum en el Jordán / Foto: Pablo Jiménez - Pixabay

 

Ese objetivo medioambiental, compartir aprendizajes del viaje… son claves. ¿Pero cómo te preparas para poder caminar cada día y llegar a buen puerto?

Estos días he ido caminando a mi trabajo en Azuqueca de Henares. Otra veces me voy con mi carro al campo y cocino, leo, escribo. En el entorno de Alcalá, entre Alcalá y La Alcarria. En el viaje anterior lo hice igual. Y, luego, todo viaje comienza con un primer paso. Yo miro día a día. Hoy, mañana. Dejo que fluya.

 

¿Y cómo comes a lo largo de estas experiencias tan imprevisibles?

Es sencillo. En todos los lugares hay comida y bebida. En este viaje –de Madrid a Qatar andando– voy a intentar no comprar agua porque ¡imagínate! Necesito tres o cinco litros diarios. Unos dos euros al día por trescientos y pico días son 700 euros. Iré pillando agua de fuentes o gasolineras. Y si preguntas si me puedo gastar lo que quiera, pues sí porque vivimos en Occidente. Pero puedo vivir siendo más minimalista y comprar arroz, pasta, tomate. Y cocinar yo. Y gastar 2 euros literalmente y ser feliz. Y otros días donde me ha diluviado, entro en un “Hostel” a bañarme y gastarme 20 ó 50 euros. Pero notas cómo se puede vivir con poco. Sigo aprendiendo constantemente.

 

Y, aparte de recoger residuos por el camino, vas a plantar más de mil árboles. ¿Cómo es esta otra iniciativa medioambiental?

Mira, en el viaje de vuelta en bici desde Arabia iba parando en invernaderos, me echaban cables, me ayudaban para desayunar y dormir. Había quien me daba dinero incluso. En mis redes hacía fotos del antes y el después, como te digo. Y planté más de cien árboles en ese viaje de vuelta. ¿Cómo? Iba a tiendas que vendían árboles y contaba el objetivo… Y en España ya tengo varios lugares donde plantar árboles en esta nueva aventura.

En este viaje plantaré más de mil árboles. Será una manera de dar un poco de oxígeno a este planeta que vive en la rueda del hámster. ¡Vivimos tan deprisa! ¡Nos han acelerado hasta el whatsapp!

En este viaje plantaré más de mil árboles. Será una manera de dar un poco de oxígeno a este planeta que vive en la rueda del hámster. ¡Vivimos tan deprisa! ¡Nos han acelerado hasta el whatsapp! Y con este viaje a la velocidad de caminar voy a demostrar que se puede parar. Doy al botoncito de la pausa. Voy a abrir los brazos al cielo, a darme cuenta de que estoy vivo. Aquí abro un paréntesis y me salgo de este mundo tan loco y contaminado.

Santiago Sánchez junto a un joven en el campo de Refugiagos de Polikastro de Grecia en septiembre de 2020 Santiago Sánchez junto a un joven en el campo de Refugiagos de Polikastro de Grecia en septiembre de 2020

 

Siempre dices que “quien quiere, puede”. Y que se puede con lo  mínimo…

Si se quiere, se puede. Es una frase hecha, pero lo he comprobado. Lo imposible solo cuesta un poquito más. Si piensas en algo, ya tienes la mitad del trabajo en el bolsillo. El viaje son muchos días, muchos kilómetros, unos 16 de media. La peor lucha es la mental. El ser humano es el único animal que sufre las cosas antes de que sucedan. Y hay cosas que, si suceden, no está en tus manos cambiarlas. Hay que disfrutar el momento. Estoy hablando de corazón. Quien quiere, puede.

 

Santiago, gracias por la confianza. ¿Alguna vez pensaste en claudicar?

A ver, como tal, no hubo momentos de tirar la toalla. Sí que el principio del viaje en bici fue de locos, agotado y dolorido de montar en la bici. Dudé. Pero me llegaba un mensaje y me decían: “Tienes hospedaje, vente”; y se iba formando la cadena de favores. Y ya era imposible abandonar esto: por mí y por todo lo que iba a venir.

 

Al final, esa satisfacción, el ansia de vivir y compartir es el motor, supongo…

Sí. El premio del viaje. Creo que mi trofeo será el largo y bonito camino que he recorrido y poder abrir los brazos al cielo y dar gracias por haber tenido brazos, piernas, salud y tiempo para llegar. La excusa inicial es ir al Mundial de Qatar, pero lo importante es el camino. Y si veo un partido de la selección, mejor.

Pero mi idea no es hacerme la foto, sino hacer lo que quiero y siento. Lo importante es el camino, transmitir e inspirar a otras personas a superarse y ser mejores personas. Los valores más importantes del ser humano son gratuitos. Para alguien de Afganistán que ha perdido todo y para el español que lo tiene todo. El orden, la limpieza, la puntualidad, el respeto. Si sumas estos valores, todo es imparable. Pobre no es el que no tiene dinero: es el que no tiene valores.

 

¿Qué te dicen a tu alrededor ante el nuevo desafío?

En el primer viaje todo eran barreras. Pero gracias a esos “Noes” me dieron el empujón. Ahora es distinto. Miedo quizá tengamos todos, pero al superarlos he clavado la bandera en la cumbre.

Y de cara a esta aventura nueva, quiero dar valor a mi palabra. Que me crean. Que cuando me siente a cenar con unos amigos y diga: “Me voy a Qatar caminando, me crean”

Y de cara a esta aventura nueva, quiero dar valor a mi palabra. Que me crean. Que cuando me siente a cenar con unos amigos y diga: “Me voy a Qatar caminando, me crean”. Así lo he hecho. El ser humano puede explicar algo con diez palabras, pero siempre usa más de las necesarias. Hay que escuchar más y hablar menos. El poder de las palabras. El que es sabio lo es porque estuvo escuchando a gente más  sabia. Y el idioma más importante de mi viaje han sido los gestos, las sonrisas, las miradas, el pulgar arriba.

 

Mención especial al apoyo del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes (Madrid) y algunas entidades y personas…

San Sebastián de los Reyes es un antes y un después. Soy Santiago, voy caminando, soy yo el que habla de forma transparente y por eso me va bien, creo. La concejal de Medio Ambiente de Sanse, Patricia Hernández, creyó en mí y cuando acabé mi viaje anterior me vi contando mi historia en Sanse. Y tengo muchos patrocinadores, como una empresa de reciclaje que es Regusa en Guadalajara; y muchos más. Y en un colegio en Marchamalo será la primera plantación de un árbol. Doy gracias a todos.

(El viaje de Santiago Sánchez, precisamente, arrancó desde San Sebastián de los Reyes, Madrid, el pasado 8 de enero de 2022 con un acto institucional en el campo de fútbol de la U.D. Sanse. Casi 7.000 km y 15 países aguardan camino a Qatar.)

 

Das gracias a todos y un mensaje siempre inspirador…

Cierra el puño fuerte y mira adelante. Para atrás no mires ni para coger impulso. Da las gracias, no cultives el odio. La vida es un día menos. Hay trabajos agotadores, preocupaciones sin fin. Preocupa más el qué dirán que el qué se siente. Hay que luchar y subir el listón. Hay gente que se compra el reloj, pero no tiene tiempo. Vive, respira. Recuerda que cuidar la naturaleza es el alquiler que pagamos por nuestro espacio en la Tierra. Los árboles solo nos dan el oxígeno que necesitamos para vivir…

¡Qué pena que no den wifi porque los cuidaríamos mejor! Me parece injusto descuidar la naturaleza. Mi trueque será cuidar la naturaleza. Cuando tú ves una tela de araña, eso es un hogar. Cuando cortas una rama de un árbol, le duele. El árbol manda energía a la Madre Tierra –la Pachamama– y al cabo de unos segundos en un bosque se oirá a los árboles. La naturaleza es bella y hay que cuidarla.

 

Curiosidad final: ¿ves una película o un libro con esta experiencia?

Me han ofrecido muchas cosas de la aventura anterior. Y a la vuelta de Qatar intentaré hacer algo bonito que sume. De momento, estoy centrado en este viaje, en este sueño. El viaje me ha puesto la vida patas arriba. Si sueñas y lo persigues, te pondrá todo patas arriba, pero valdrá la pena.

 

¡Muchas gracias, Santiago! Feliz viaje, salud y los mejores deseos.

 

Nota: En la cuenta de Instagram de Santiago Sánchez Cogedor se puede seguir esta aventura personal. De Madrid a Qatar andando. Un viaje con valores.