La pérdida acelerada de hielo marino en el Ártico es una de las consecuencias más visibles del cambio climático y una de las principales amenazas para el oso polar. Sin embargo, la población de osos polares de Svalbard, en el mar de Barents, está mostrando una respuesta inesperada: mantiene una buena condición corporal y una dinámica poblacional estable pese a convivir con uno de los retrocesos de hielo más rápidos del planeta, según un estudio publicado en Scientific Reports (1).

 

Mejores reservas de grasa en un Ártico con menos hielo

 

La investigación, difundida por Phys.org, y liderada por científicos del Instituto Polar Noruego, analizó 1.188 mediciones corporales de 770 osos polares adultos recogidas entre 1992 y 2019. Durante ese periodo, el número de días sin hielo marino en la región aumentó en torno a 100 días, una cifra que en otras zonas del Ártico se ha asociado a pérdidas de peso, menor éxito reproductivo y declives poblacionales.

En Svalbard, sin embargo, los datos muestran un patrón distinto. A partir del año 2000, el índice de condición corporal, un indicador clave de las reservas de grasa y del estado general de salud de los animales, presentó una tendencia positiva. Esto sugiere que los osos no solo han evitado un deterioro físico asociado al deshielo, sino que en algunos casos han mejorado su capacidad para acumular energía, incluso en un contexto de calentamiento acelerado.

Este comportamiento se refleja también en la evolución demográfica. Los registros disponibles indican que la población se ha mantenido relativamente estable, sin descensos significativos en las últimas décadas, un resultado que contrasta con lo observado en otras regiones árticas donde la pérdida de hielo ha tenido impactos directos sobre la supervivencia y la reproducción de la especie.

 

Factores locales y advertencias de los científicos

 

Los autores del estudio subrayan que esta aparente resiliencia responde a condiciones ecológicas locales muy específicas del archipiélago de Svalbard y del mar de Barents. Entre los factores que podrían estar amortiguando los efectos del deshielo destacan la recuperación de algunas presas terrestres y marinas, como renos y morsas, cuya disponibilidad ofrece fuentes alternativas de alimento durante los periodos con menos hielo.

Asimismo, la reducción del hielo marino puede provocar una concentración de focas —principal presa del oso polar— en áreas más reducidas durante ciertas épocas del año, lo que facilita su captura mientras aún existen plataformas de hielo. A ello se suma una mayor flexibilidad en la dieta, con osos que aprovechan recursos terrestres como huevos de aves o carroña cuando el acceso al hielo es limitado.

Pese a estos resultados, los científicos advierten de que el hielo marino sigue siendo esencial para la supervivencia del oso polar a largo plazo. La caza de focas sobre el hielo proporciona la mayor parte de la energía necesaria para soportar largos periodos de ayuno y para garantizar el éxito reproductivo. Si el calentamiento global continúa y el hielo desaparece durante intervalos cada vez más prolongados, estas estrategias alternativas podrían dejar de ser suficientes.

Los investigadores también recuerdan que los resultados no deben extrapolarse al conjunto del Ártico. Existen alrededor de 20 subpoblaciones de osos polares, muchas de las cuales ya muestran reducciones de peso, menor supervivencia de las crías y descensos demográficos claramente vinculados a la pérdida de hielo marino, como ocurre en la bahía de Hudson o el mar de Beaufort.

En este contexto, el caso de Svalbard ofrece un mensaje matizado. Demuestra que algunas poblaciones pueden mostrar respuestas locales inesperadas frente al cambio climático, pero no cuestiona el riesgo global que afronta la especie. Para los autores, esta situación podría representar una ventana temporal de resistencia, no una garantía de supervivencia en un Ártico cada vez más cálido y con menos hielo.

Referencias