Los patrones de las alas de las mariposas, combinados con su movimiento durante el vuelo, pueden producir ilusiones ópticas que confunden a los depredadores y dificultan que calculen correctamente su velocidad y dirección. Así lo concluye un estudio publicado el 30 de septiembre de 2026 en la revista Nature (1) por un equipo de investigación de las universidades británicas de Exeter y Essex, que plantea que este efecto visual podría constituir una estrategia defensiva extendida en la evolución de estos insectos.

Este efecto visual podría constituir una estrategia defensiva extendida en la evolución de estos insectos

 

Alas que engañan a la vista

 

Atrapar una mariposa en pleno vuelo puede resultar sorprendentemente difícil. La investigación ofrece una posible explicación: el propio aspecto de sus alas puede engañar al sistema visual de quien intenta seguirlas.

Desde hace tiempo se sabe que los animales utilizan sus colores y dibujos para evitar convertirse en presas. Algunos se camuflan con el entorno, mientras que otros exhiben colores llamativos que advierten de que son tóxicos o desagradables. También se había propuesto que las rayas y otros diseños muy contrastados podían dificultar la percepción del movimiento.

Esta última idea se conoce como motion dazzle o deslumbramiento por movimiento. Según esta hipótesis, determinados patrones visuales pueden hacer más difícil calcular con precisión la velocidad o la trayectoria de un animal en movimiento. El fenómeno se había estudiado anteriormente en animales como cebras, serpientes y lagartos, aunque las pruebas obtenidas no habían resultado concluyentes.

Los investigadores/as se fijaron en una característica que esos trabajos anteriores apenas habían tenido en cuenta: muchos animales no se desplazan como objetos rígidos. Las mariposas, por ejemplo, avanzan mientras sus alas se mueven repetidamente hacia arriba y hacia abajo.

El diseño de las alas y el aleteo trabajan conjuntamente, generando señales visuales engañosas que pueden hacer que el observador perciba un movimiento diferente del que realmente está realizando la mariposa

Ese movimiento puede ser fundamental. El estudio concluye que el diseño de las alas y el aleteo trabajan conjuntamente, generando señales visuales engañosas que pueden hacer que el observador perciba un movimiento diferente del que realmente está realizando la mariposa.

Para comprobarlo, los científicos/as recurrieron a varias estrategias. Entre ellas, grabaron a alta velocidad mariposas despegando y volando libremente y utilizaron modelos informáticos inspirados en el funcionamiento de los sistemas visuales biológicos. De esta manera analizaron cómo se percibían los dibujos de sus alas mientras los insectos estaban en movimiento.

Los resultados muestran que determinados diseños de alto contraste, especialmente algunas bandas y franjas verticales, generan señales visuales que pueden inducir a error sobre el desplazamiento del animal. En otras palabras, el depredador puede ver perfectamente a la mariposa y, aun así, equivocarse al calcular dónde estará un instante después.

 

Mariposas que evolucionan en ordenador

 

Para averiguar si este mecanismo podía tener una explicación evolutiva, el equipo recurrió además a una herramienta poco habitual: hicieron “evolucionar” mariposas digitales mediante algoritmos informáticos.

El sistema seleccionaba aquellos diseños de alas que producían mayores efectos de confusión visual. Con el paso de las generaciones simuladas, aparecieron patrones de alto contraste parecidos a los que presentan mariposas reales, lo que respalda la idea de que estas formas podrían haber sido favorecidas por la selección natural debido a su capacidad para dificultar los ataques.

Los científicos y científicas también estudiaron centenares de especies. Un análisis independiente recogido por el Science Media Centre of Japan cifra el trabajo en 397 especies europeas y 757 variantes de alas simuladas, lo que permitió comprobar que este tipo de estrategia visual no parece limitarse a unos pocos casos aislados.

Pero los investigadores quisieron ir más allá de las simulaciones y comprobar si las predicciones del modelo se traducían realmente en errores al intentar capturar una mariposa.

Para ello desarrollaron un juego en pantalla táctil en el que los participantes tenían que intentar atrapar mariposas virtuales. Los resultados mostraron que los diseños identificados por los modelos como más engañosos conseguían desplazar el punto hacia el que se dirigían los intentos de captura, proporcionando apoyo experimental a la hipótesis.

Un patrón observado en una mariposa inmóvil puede producir una percepción muy diferente cuando esas mismas alas empiezan a batirse

La clave, por tanto, no estaría simplemente en que una mariposa tenga colores muy llamativos. Es la interacción entre el dibujo de las alas y su movimiento la que genera el efecto. Un patrón observado en una mariposa inmóvil puede producir una percepción muy diferente cuando esas mismas alas empiezan a batirse.

 

Una defensa posiblemente extendida

 

Los resultados ayudan también a explicar por qué las mariposas presentan una extraordinaria diversidad de dibujos y colores. Hasta ahora, muchas de estas características se han relacionado con funciones como el camuflaje, las señales sexuales, la regulación de la temperatura, el mimetismo o las advertencias frente a posibles depredadores.

Hasta ahora, muchas de estas características se han relacionado con funciones como el camuflaje, las señales sexuales, la regulación de la temperatura, el mimetismo o las advertencias frente a posibles depredadores

La nueva investigación añade otra posibilidad que no excluye las anteriores: algunos de esos patrones podrían contribuir simultáneamente a confundir visualmente a los atacantes durante el vuelo. Una misma característica de las alas podría, por tanto, desempeñar distintas funciones.

Los autores y autoras consideran además que el fenómeno podría ir mucho más allá de las mariposas. El mismo principio podría aparecer en otros animales que combinan movimientos rápidos con zonas corporales de alto contraste, como las alas de las aves o las colas de lagartos y peces.

El trabajo no demuestra, sin embargo, que cualquier dibujo llamativo convierta automáticamente a una mariposa en una presa más difícil. Tampoco mide directamente cómo reaccionan aves depredadoras reales ante todos estos patrones en condiciones naturales. Los propios autores plantean ampliar los estudios a otros movimientos, distancias, fondos y ángulos de visión, así como analizar también la cara inferior de las alas.

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La principal aportación del estudio es mostrar que, para comprender para qué sirven los colores y dibujos de un animal, no basta con observarlo cuando está quieto. En el caso de las mariposas, el aspecto de las alas y la forma de volar parecen formar parte de un mismo mecanismo.

Así, los vistosos diseños que caracterizan a muchas especies podrían esconder algo más que una función estética, de camuflaje o de comunicación: al desplegarse y plegarse durante el vuelo, pueden crear una ilusión óptica capaz de hacer fallar el ataque de un depredador.

Referencias

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