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Bajo el hayedo más célebre de Cataluña se esconden decenas de volcanes de cuatro metros. El visitante que se adentra en la Fageda d’en Jordà se queda hechizado por su belleza, sin sospechar que el suelo que pisa es lava y que, entre las hayas, asoman cráteres.

Sumario

 

Este mágico hayedo de la comarca gerundense de La Garrotxa, que arraiga sobre lava volcánica, provoca la admiración de todo el que lo contempla. Y han sido muchos desde que lo hicieran célebre los versos que le dedicó Joan Maragall, uno de los textos más recitados de la poesía catalana.

En el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa(1), un paisaje único en la península Ibérica, se alzan cientos de pequeños relieves modelados por las coladas que emergieron de los cráteres de los volcanes Puig Jordà, Croscat o Montolivet. Las más recientes, las que guardan estos relieves, tienen unos 17.000 años. Densos bosques cubren hoy sus laderas.

 

Volcanes sin raíces: los hay en Islandia, en Estados Unidos y en Marte

 

La ermita románica de Santa Margarida se alza en el centro del cráter del volcán del mismo nombre / Foto: Josep Cano La ermita románica de Santa Margarida se alza en el centro del cráter del volcán del mismo nombre / Foto: Josep Cano

Bajo el denso follaje se oculta uno de los fenómenos más singulares del vulcanismo: los rootless volcanic cones –volcanes sin raíces–, pequeños conos coronados por un cráter sin conexión con ningún depósito de magma. Los habitantes de la comarca, que durante siglos los han usado como canteras, los llaman en catalán tossols.

Hay pocos en el mundo: fuera de estas tierras solo se los puede encontrar en Islandia y en el norte de Estados Unidos

Hay pocos en el mundo: fuera de estas tierras solo se los puede encontrar en Islandia y en el norte de Estados Unidos. "¡Y en Marte!", añade la geóloga Ona Corominas.

Son fenómenos poco estudiados: ahora los vulcanólogos Llorenç Planagumà y Xavier de Bolós y la propia Corominas los han inventariado por primera vez

Son fenómenos poco estudiados: ahora los vulcanólogos Llorenç Planagumà y Xavier de Bolós y la propia Corominas los han inventariado por primera vez en la guía Els tossols del Parc Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa(2), editada con el apoyo de la administración del parque y del Govern de la Generalitat.

 

Gotas de agua en una sartén: cómo nace un tossol

 

¿Qué es exactamente un tossol? ¿Por qué tiene forma de volcán y un cráter en la superficie sin estar conectado a una chimenea volcánica? Desde las entrañas de uno de los formados en las coladas del Puig Jordà –parcialmente explotado por las poblaciones locales para obtener material de construcción–, Corominas lo explica con una imagen de cocina.

Su proceso de formación se parece mucho a lo que sucede cuando caen gotas de agua en una sartén con aceite muy caliente: se producen múltiples microexplosiones por la evaporación del agua en el aceite

ONA COROMINAS, geóloga y coautora de la guía de los tossols

"Su proceso de formación se parece mucho a lo que sucede cuando caen gotas de agua en una sartén con aceite muy caliente: se producen múltiples microexplosiones por la evaporación del agua en el aceite", describe. Un volcán sin raíces se crea cuando una colada pasa por encima de un terreno húmedo: al entrar en contacto el agua con el magma extremadamente caliente se genera vapor, que asciende por las fracturas de la colada y provoca una pequeña explosión que le da forma de cráter.

Tienen una altura media de entre cuatro y ocho metros y están constituidos por material piroclástico, fragmentos de magma expulsados en la erupción. Sobre ellos es muy frecuente encontrar bombas: porciones de lava lanzadas por los aires que toman forma ovalada por efecto aerodinámico, bien formadas, muy compactas y bien conservadas, porque su recorrido fue corto y se solidificaron entre el mismo magma aún ardiente.

En esta zona, los volcanes son el resultado de procesos de extensión o separación de la corteza terrestre en el área conocida como el Rift intercontinental de Europa

XAVIER DE BOLÓS, vulcanólogo y coautor de la guía

"En esta zona, los volcanes son el resultado de procesos de extensión o separación de la corteza terrestre en el área conocida como el Rift intercontinental de Europa", precisa De Bolós en una de las visitas de campo al parque: un sistema de fosas tectónicas que atraviesa el continente desde el Mediterráneo hacia el centro y el norte de Europa. Antes ha explicado que "la zona volcánica tiene diferentes fallas por las que el magma ascendió a la superficie por diferencia de presión hace miles de años".

 

De la glaciación al Paleolítico: un paisaje de humedales

 

Hace 17.000 años, cuando nacieron estos pequeños volcanes, La Garrotxa era una región pantanosa, cubierta de humedales tras un periodo de glaciación

Hace 17.000 años, cuando nacieron estos pequeños volcanes, La Garrotxa era una región pantanosa, cubierta de humedales tras un periodo de glaciación. Por eso los tossols solo aparecen sobre unas pocas coladas: las más recientes y las que corrieron por terreno llano y encharcado. Sin aquella agua bajo las coladas no habría tossols: el fenómeno depende por completo de un clima que ya no existe.

Es fundamental entender el papel que jugó el cambio climático en el desarrollo de un fenómeno tan poco común

LLORENÇ PLANAGUMÀ, vulcanólogo y coautor de la guía

"Es fundamental entender el papel que jugó el cambio climático en el desarrollo de un fenómeno tan poco común", resume Planagumà. Los humanos del Paleolítico llegaron a contemplar la formación de algunos de estos relieves, como atestigua el hallazgo de restos de utensilios de piedra en las coladas volcánicas.

 

De la desamortización a la greda: siglos de cantera

 

Una artiga, terreno agrícola ganado a la arboleda y a los conos volcánicos, en el Bosc de Tosca / Foto: FFM - EA Una artiga, terreno agrícola ganado a la arboleda y a los conos volcánicos, en el Bosc de Tosca / Foto: FFM - EA

Estas formaciones no siempre fueron objeto de estudio y conservación. En 1836, la desamortización liberal del ministro Mendizábal puso en el mercado grandes lotes de tierra expropiados a las órdenes religiosas para incentivar el desarrollo agrario. La mayor parte fue a parar a manos de nobles y burgueses adinerados, y no de pequeños productores, de modo que el fracaso de la reforma impidió crear las bases de una clase media como la que emergía entonces en otros países europeos. Pero sí cambió el paisaje.

En el bosque de Tosca, muros de piedra y caminos serpentean entre los tossols. En las artigas –zonas de bosque desbrozadas para el cultivo– los campesinos aprovecharon un suelo de fertilidad excepcional, que atesora humedad y cuya ceniza volcánica contiene un elevado nivel de minerales y nutrientes.

Los pequeños relieves volcánicos suponían un obstáculo para el roturado de los campos y por ello muchos fueron modificados o directamente eliminados

Los pequeños relieves volcánicos suponían un obstáculo para el roturado de los campos y por ello muchos fueron modificados o directamente eliminados. Las rocas extraídas se acumularon en muros y bancales, y ese trabajo fue modelando el paisaje actual del bosque: un mosaico de arboledas y parcelas labradas acomodadas entre la roca volcánica.

El uso durante siglos del Croscat como cantera permite hoy contemplar sus estratos / Foto: Josep Cano El uso durante siglos del Croscat como cantera permite hoy contemplar sus estratos / Foto: Josep Cano

Con la industrialización del siglo XVIII llegaron a la comarca las primeras máquinas textiles procedentes de Francia y nació una de las industrias de hilatura más potentes de la época: indianas, gorros y medias. La demanda de mano de obra disparó la población. Solo en Olot, la capital comarcal, el incremento alcanzó en pocos años el 55%: con 9.856 habitantes se convirtió en la cuarta ciudad más poblada de Cataluña (en 2015 era la número 37).

El rápido crecimiento urbano requirió una acelerada construcción de viviendas, y se utilizó la greda, que se obtenía de los puntos de los volcanes o los tossols donde su extracción era más fácil

El rápido crecimiento urbano requirió una acelerada construcción de viviendas, y se utilizó la greda, que se obtenía de los puntos de los volcanes o los tossols donde su extracción era más fácil: una arcilla arenosa de origen volcánico, el recurso que se tenía más a mano.

 

Nombres perdidos y una protección que no llega

 

Hemos intentado identificar los nombres de cada tossol, que en la mayoría de los casos sólo conocen las personas más mayores que son del territorio y habían trabajado en el campo. Pero muchos de estos nombres se han perdido ya para siempre

LLORENÇ PLANAGUMÀ, vulcanólogo y coautor de la guía

"Hemos intentado identificar los nombres de cada tossol, que en la mayoría de los casos sólo conocen las personas más mayores que son del territorio y habían trabajado en el campo. Pero muchos de estos nombres se han perdido ya para siempre", lamenta Planagumà. Además de censar las formaciones, explica, el libro "también hace un esfuerzo en el ámbito sociológico".

El inventario tiene un objetivo muy concreto: dotar a los tossols de un mayor nivel de protección jurídica, que hoy, según Planagumà, "es actualmente bajo y no va más allá de los límites del mismo parque natural". El vulcanólogo no descarta que en un futuro no muy lejano vuelvan a verse amenazados por el crecimiento urbanístico. Por eso considera importante "tanto la identificación de cada uno de ellos como la divulgación a través de literatura científica, ya que son unas formaciones muy singulares que, si bien existen en otros lugares del planeta, no han sido objeto de un estudio a fondo".

Es un patrimonio natural muy inusual que hay que proteger y que, además, tenemos en casa

LLORENÇ PLANAGUMÀ, vulcanólogo y coautor de la guía

"Es un patrimonio natural muy inusual que hay que proteger y que, además, tenemos en casa", argumenta. Durante siglos, esos montículos solo fueron proveedores de arena y de piedra.

El visitante seguirá adentrándose en la Fageda d’en Jordà y seguirá quedándose hechizado. A su alrededor, entre las hayas, decenas de cráteres de cuatro metros esperan a que alguien los mire. Muchos ya ni siquiera tienen nombre.

Hace falta saber mirar para ver un volcán.

Referencias

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