Los elefantes y los hipopótamos son los últimos supervivientes de un grupo que en África llegó a ser mucho más diverso: el de los megaherbívoros, animales de más de una tonelada que actúan como ingenieros de los ecosistemas. Durante décadas, su declive se ha explicado con una idea intuitiva: cuanto mayor es un animal, antes se extingue. Un nuevo trabajo la desmonta y señala una causa distinta y mucho menos evidente –apenas surgían especies nuevas que relevaran a las que iban desapareciendo–.
Así lo ha concluido un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y la Universidad de Alcalá publicado en la revista Nature Communications (1). El equipo ha reconstruido las dinámicas evolutivas de los herbívoros africanos durante los últimos 23 millones de años y ha comprobado que su pérdida de diversidad no se debió a que fueran más vulnerables a la extinción, sino a unas tasas de especiación –la aparición de nuevas especies– especialmente bajas(2).
Menos extinciones, pero también menos especies
El hallazgo invierte la explicación dominante hasta ahora. Lejos de morir antes, las tasas de extinción resultan intrínsecamente más bajas en los linajes de gran talla y en las especies mayores dentro de cada familia. Dicho de otro modo: el problema de los grandes herbívoros africanos no ha sido perder demasiados efectivos, sino no reponerlos.
Hemos comprobado que, al contrario de lo que se pensaba, las especies de mayor tamaño no se extinguieron más deprisa que las pequeñas
JUAN LÓPEZ CANTALAPIEDRA, investigador del MNCN-CSIC
“Hemos comprobado que, al contrario de lo que se pensaba, las especies de mayor tamaño no se extinguieron más deprisa que las pequeñas”, explica Juan López Cantalapiedra, investigador del MNCN-CSIC y primer firmante del trabajo. “De hecho, sus tasas de extinción fueron algo menores. La clave es que las especies de megaherbívoros originaban nuevas especies con mucha más lentitud”.
Las cifras miden ese contraste. En los momentos de máxima aridez, los animales de menos de 45 kilogramos se extinguían solo un 15 % más rápido que los de más de una tonelada, pero generaban nuevas especies a un ritmo 2,2 veces superior. La diferencia en la mortalidad era pequeña; la diferencia en la capacidad de renovarse, enorme.
El modelo ha identificado además un rasgo protector frente a la desaparición: las dentaduras de corona alta –que duran más cuando la dieta es dura y abrasiva– se asocian a una supresión de las tasas de extinción. Entre los grandes herbívoros, sin embargo, esa ventaja no ha bastado para compensar la escasez de linajes nuevos.
Un continente cada vez más seco
El punto de inflexión llegó hace unos 7,2 millones de años, cuando el clima de África empezó a volverse más seco. El cambio alteró los paisajes y los tipos de vegetación y forzó una reconfiguración de las comunidades de ungulados –los mamíferos con pezuña–. Al principio de esa fase aumentaron a la vez la aparición de especies nuevas y la desaparición de otras.
Los grandes linajes fueron perdiendo diversidad porque no aparecían suficientes especies nuevas para sustituir a las que desaparecían
ÓSCAR SANISIDRO, Universidad de Alcalá
“Los grandes linajes fueron perdiendo diversidad porque no aparecían suficientes especies nuevas para sustituir a las que desaparecían”, matiza Óscar Sanisidro, desde la Universidad de Alcalá de Henares. Esa diferencia de ritmo permitió a los herbívoros pequeños y medianos compensar mejor las pérdidas, mientras que la aridificación agravó el desequilibrio: favoreció la aparición de especies entre los ungulados de menor talla y la redujo cerca de un 20 % entre los megaherbívoros.
La cronología del proceso es reveladora. Hace 3,6 millones de años dejaron de surgir especies nuevas al mismo ritmo, mientras que las extinciones siguieron creciendo y se aceleraron al comienzo del Pleistoceno, hace 2,58 millones de años. El resultado fue una pérdida de diversidad generalizada en el conjunto de los herbívoros africanos, no solo entre los de mayor tamaño.
Gigantes perdidos antes de los humanos
Ese calendario tiene una consecuencia directa sobre una de las grandes preguntas de la paleontología: cuánta responsabilidad corresponde a nuestra especie. Los datos muestran que la pérdida de diversidad de los animales de gran talla ya era perceptible mucho antes de que existieran humanos con capacidad tecnológica para cazar animales de semejante tamaño.
Aunque la actividad humana pudo contribuir a algunas desapariciones recientes, no fue la causa principal de la pérdida generalizada de estos grandes herbívoros
IGNACIO A. LAZAGABASTER, CENIEH
“Aunque la actividad humana pudo contribuir a algunas desapariciones recientes, no fue la causa principal de la pérdida generalizada de estos grandes herbívoros”, concluye Ignacio A. Lazagabaster, investigador del CENIEH. El motor, sostiene el equipo, fue ambiental: “La expansión de ambientes abiertos, el aumento de la aridez y la reducción de la productividad de los ecosistemas transformaron las comunidades africanas durante millones de años”.
Entre los damnificados figuran criaturas hoy difíciles de imaginar. El Deinotherium, un pariente extinto de los elefantes, se distinguía por tener los colmillos curvados hacia abajo. Los Anthracotheriidae, animales relacionados con los hipopótamos, tenían en cambio un aspecto similar al de un cerdo de gran tamaño.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo ha analizado 3.327 registros fósiles correspondientes a 396 especies de hipopótamos, antílopes, jirafas y otros mamíferos herbívoros. El modelo, construido con redes neuronales, ha incorporado la masa corporal, la altura de las coronas dentales, las relaciones evolutivas entre las familias y los cambios ambientales experimentados por el continente.
El trabajo llega en un momento en que los ecosistemas actuales están gravemente empobrecidos en megaherbívoros y carecen de muchas de las funciones ecológicas que estos ingenieros del paisaje proporcionaban. Entender por qué se desmoronó su diversidad hace millones de años, señalan los autores, permite interpretar mejor las crisis biológicas que hoy afectan a los animales de gran talla.
Referencias
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