En 2024, el planeta vivió su primer año con una temperatura media global por encima de 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales, y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha reconocido ahora, en un informe publicado en septiembre, que rebasar ese umbral es ya inevitable. Su nuevo documento pide centrar el esfuerzo en que el exceso, conocido como sobrepaso (en inglés, overshoot), sea lo más breve y lo menos intenso posible.
El informe, titulado Limiting Overshoot (Limitando el sobrepaso),(1) advierte de que, aunque se cumplan todos los compromisos y políticas climáticas actuales, el calentamiento alcanzará al menos 1,8 °C. No es el camino preferido, ha afirmado el informe, pero es la senda por la que ya avanza el mundo y la que obliga a prepararse. Otros informes del PNUMA ya han identificado muchas soluciones para minimizar este exceso temporal por encima de la meta.
El sobrepaso es una curva
Hablar de sobrepaso no es hablar de un momento, sino de un recorrido. El cambio de temperatura a escala global no ocurre de golpe: se desarrolla a lo largo de varias décadas. Por eso los científicos lo evalúan en periodos largos y no en años de calendario, aunque la señal de 2024 fue clara: el mundo se dirige hacia un futuro más abrasador que la meta del Acuerdo de París.
La curva del sobrepaso tiene cuatro etapas: superar el umbral de 1,5 °C, alcanzar un pico, descender y estabilizarse.
La curva del sobrepaso tiene cuatro etapas: superar el umbral de 1,5 °C, alcanzar un pico, descender y estabilizarse. Lo ideal es que ese punto máximo no pase de 2 °C. El equipo autor del informe la ha bautizado como “trayectoria de sobrepaso, punto máximo y descenso”, o simplemente “trayectoria de sobrepaso”. Y no está escrita de antemano: cada decisión y cada acción determinan su curso.
La forma de la curva es decisiva. Cuanto más corto sea el sobrepaso y más bajo el pico, menos graves serán los impactos del cambio climático. Pero el tramo de bajada, el que devolvería el termómetro a 1,5 °C o por debajo, no está garantizado: depende de las medidas de mitigación (las que reducen las emisiones) que se adopten ahora y se mantengan en el futuro. Cuanto más plana y corta sea la curva, mejor.
El Artículo 2 del Acuerdo de París(2) compromete a los países a mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C respecto a los niveles preindustriales y, preferiblemente, limitado a 1,5 °C. Pero esa cifra nunca se consideró un nivel “seguro”, así que superarla no debe significar abandonar la meta.
Riesgos que se acumulan
Rebasar el umbral no es un riesgo lejano. Ya se sufren olas de calor cada vez más severas, incendios, sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos que amenazan a las personas y a los ecosistemas. Y a partir de aquí, avisa el PNUMA, el panorama empeora.
A medida que se sobrepasen los 1,5 °C, los impactos climáticos se intensificarán de forma no lineal y se acumularán con el tiempo
A medida que se sobrepasen los 1,5 °C, los impactos climáticos se intensificarán de forma no lineal y se acumularán con el tiempo. Eso podría conducir a puntos de inflexión irreversibles, como la degeneración del bosque lluvioso amazónico, el deshielo del permafrost (el suelo helado de forma permanente) y el colapso de las capas de hielo. Además, los costes de la mitigación se dispararán, porque el mundo dependería cada vez más de retirar dióxido de carbono de la atmósfera en lugar de limitarse a reducir las emisiones.
El clima impondrá además límites a la adaptación, lo que plantea dilemas de justicia: la migración forzada, la inundación de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo y la posibilidad de que la producción mundial de alimentos disminuya un 14 % para 2050.
Por eso la prioridad inmediata sigue siendo reducir las emisiones de forma rápida y sostenida, según el PNUMA. Hablar de sobrepaso no es una alternativa a la prevención: forma parte de la preparación responsable ante un riesgo cada vez más difícil de ignorar.
“Las decisiones, la ciencia y, lo más importante, las mentalidades deben cambiar para considerar los 1,5 °C como una meta a la que nos acercaremos desde arriba más que desde abajo”, ha afirmado Mirey Atallah, líder de la Subdivisión de Adaptación y Resiliencia del PNUMA y coordinadora del informe. “Este es el punto de partida para comprender cuán imperativo es reducir masivamente las emisiones y minimizar la gravedad de la trayectoria de sobrepaso de la temperatura en la que nos encontramos”.
El informe insta además a no tratar ya la mitigación y la adaptación (prepararse para los impactos) como ámbitos separados. Hay que acelerarlas a la vez, a gran escala y de forma conectada. Alcanzar las emisiones netas cero podría bastar para detener el calentamiento, pero volver a estabilizar el clima por debajo de 1,5 °C exige llegar a emisiones netas negativas.
Ambas se necesitan mutuamente: la adaptación de hoy ayudará a conservar la capacidad de mitigar mañana, y la adaptación futura dependerá de cuánto se logre mitigar. Una mitigación insuficiente podría llevar a límites de adaptación: situaciones en las que los riesgos climáticos se vuelven tan profundos que adaptarse deja de ser una opción.
Retirar CO2 y un futuro incierto
La retirada de dióxido de carbono (CDR, por sus siglas en inglés) consiste en extraer este gas de la atmósfera y almacenarlo de forma segura. El informe reconoce que incluso las trayectorias con menor sobrepaso requieren aumentar la cantidad total que se retira. Distingue dos tipos: la CDR convencional, basada en los ecosistemas, como la forestación y la gestión de los suelos, y la CDR innovadora, que recurre a tecnologías como la captura directa del aire y a sistemas químicos.
La opción convencional es la más viable, pero requiere tierras y obligaría al mundo a replantearse cómo usa el suelo disponible
La opción convencional es la más viable, pero requiere tierras y obligaría al mundo a replantearse cómo usa el suelo disponible, sobre todo en lo relativo a la agricultura y los medios de vida. Tampoco garantiza un almacenamiento seguro: el aumento de la temperatura, la sequía y los incendios de vegetación silvestre pueden liberar el carbono guardado en bosques y paisajes.
La opción innovadora tiene otros límites. La tecnología no se ha probado a gran escala y es bastante más cara que la convencional, con costes de hasta US$ 600 por tonelada de dióxido de carbono retirada. Según el informe, para que contribuya de forma significativa a la mitigación, la cantidad que la CDR retira hoy tendría que triplicarse –o incluso cuadruplicarse– para 2050. Además, su gobernanza y su capacidad de implementación son limitadas.
Los modelos concluyen que la retirada de dióxido de carbono solo puede contribuir a revertir unas pocas décimas de grado del calentamiento global durante este siglo: una contribución crucial, pero insuficiente por sí sola. Según el informe, “no sustituye la rápida reducción de emisiones” de dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero.
¿Cómo será el mundo cuando las temperaturas bajen y el clima vuelva a estabilizarse? El informe reconoce que no se sabe. Al superar los 1,5 °C serán inevitables enormes cambios en los sistemas ecológicos y humanos, pero qué cambiará, cuándo y a qué escala son grandes incógnitas: la subida del nivel del mar, el deshielo de la criosfera (las zonas heladas del planeta), las extinciones de especies, el desplazamiento de personas, los cambios en los sistemas de alimentos y de agua y las reacciones de los gobiernos.
“La velocidad de cambio de estos sistemas es muy lenta, y muy diferenciada”, ha explicado Atallah. “El sistema climático se comporta como una enorme caldera. Reducir las emisiones disminuye la intensidad de la llama; alcanzar las emisiones netas cero deja de añadir calor al sistema. Pero el calor ya acumulado no desaparece”.
“Los océanos, las capas de hielo y los ecosistemas tardan décadas, o mucho más, en responder, y volver a reducir las temperaturas requiere algo más que simplemente cerrar el suministro de gas”, ha añadido la responsable del PNUMA. “Esto hace que el futuro sea muy difícil de predecir”.
El periodo de descenso se convierte así en una frontera científica crucial, y los autores esperan que el informe impulse nuevas investigaciones sobre cómo podría cambiar el planeta cuando las temperaturas vuelvan a bajar. La trayectoria plantea también profundas cuestiones de gobernanza y justicia: ¿quién decide qué se protege, qué se reconstruye o qué se deja atrás? ¿Qué ocurre donde se alcanzan los límites de adaptación? ¿Qué sucede con los lugares que se vuelven inhabitables? ¿Quién asume los costes?
El mensaje central del informe es reducir la magnitud de estas incertidumbres: mantener el punto máximo de sobrecalentamiento lo más bajo posible, acortar la duración del sobrepaso y actuar ahora para conservar la mayor flexibilidad posible de cara al futuro.
Cada año en que se acorta la duración del sobrepaso por encima de la meta reduce la exposición. Cada inversión en resiliencia preserva opciones para el futuro
Cada año en que se acorta la duración del sobrepaso por encima de la meta reduce la exposición. Cada inversión en resiliencia preserva opciones para el futuro. Así lo ha advertido el informe, que añade que cada fracción de grado que se evite reduce los riesgos.
Referencias
- (1) Limiting Overshoot. PNUMA.
- (2) Acuerdo de París. CMNUCC.
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