La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó este jueves, 24 de septiembre, por aclamación una declaración sobre el aumento del nivel del mar, en la que advierte de que sus riesgos “acumulativos, graves e irreversibles” exigen una mayor cooperación internacional y una acción urgente y coordinada. El texto se aprobó en el segmento de alto nivel del 81º periodo de sesiones, tras un proceso de negociación prolongado e intenso.
La declaración busca mejorar la información sobre los riesgos, reforzar la adaptación y la financiación y proteger a las comunidades más expuestas, y respalda además una presunción a favor de la continuidad de los Estados que pierdan parte de su territorio por la subida del mar.
“El aumento del nivel del mar va mucho más allá del medio ambiente. Es un multiplicador de amenazas, que golpea economías, comercio, infraestructuras y sistemas alimentarios”, afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres.
Guterres recordó que alrededor de 770 millones de personas –casi una décima parte de la humanidad– viven a menos de cinco metros por encima de la línea de pleamar. “Para ellos, cada centímetro cuenta. Sin una adaptación y una mitigación significativas, se prevé que los riesgos a los que se enfrentan las ciudades y comunidades costeras se multipliquen al menos por diez de aquí a 2100”, advirtió.
Según los datos recogidos por Noticias ONU, el nivel del mar alcanzó en 2024 un máximo histórico y su ritmo de aumento se ha más que duplicado, al pasar de unos 2,1 milímetros anuales entre 1993 y 2002 a 4,7 milímetros entre 2015 y 2024.
El calentamiento de los océanos y el deshielo impulsan esta subida a largo plazo, que se ha acelerado desde el inicio de las mediciones por satélite en 1993. A finales de 2025, el nivel medio global del mar era unos 11 centímetros más alto que en enero de 1993, según el informe sobre el Estado del Clima Mundial 2025 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Más datos para anticipar riesgos
Frente al aumento del nivel del mar, la declaración subraya la necesidad de reforzar la reducción del riesgo de desastres y de construir resiliencia mediante una mayor disponibilidad de datos, evaluaciones de riesgo, sistemas de alerta temprana y planificación y adaptación a largo plazo.
El texto establece que la acción de adaptación y mitigación, “basada en la mejor ciencia y conocimientos disponibles”, es esencial. Además, expresa el compromiso de reforzar la observación científica coordinada, la recopilación y el intercambio de datos, así como el Sistema Mundial de Observación de los Océanos y el Sistema Mundial de Observación del Nivel del Mar.
“Tomamos nota con agradecimiento de la coordinación esencial de los datos relacionados con el aumento del nivel del mar que proporcionan los organismos especializados de la ONU, en particular la Organización Meteorológica Mundial y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO. Pedimos mejores herramientas para la coherencia y la utilización de los datos a fin de superar las limitaciones de capacidad”, recoge la declaración.
Ante el agravamiento de riesgos costeros como las mareas de tempestad y las inundaciones costeras, el documento subraya la importancia de la inversión y la preparación. “Mejoraremos la acción anticipatoria, los sistemas de alerta temprana multirriesgo, los sistemas de información climática e integraremos las evaluaciones de todos los riesgos en los marcos de planificación y toma de decisiones, según proceda”, señala.
Puertos, hospitales, sistemas de agua y energía, transportes y telecomunicaciones tendrán que planificarse teniendo en cuenta cómo puede cambiar el nivel del mar durante las próximas décadas. La protección y restauración de manglares, arrecifes de coral y humedales forma parte también de las medidas señaladas, por su capacidad para reforzar la resiliencia frente a inundaciones y tormentas.
La declaración pide asimismo aumentar la financiación pública y privada para los países en desarrollo, especialmente los pequeños Estados insulares y los países menos adelantados. También reclama que los recursos lleguen de manera más rápida y previsible y que acceder a los fondos internacionales sea menos complicado.
Estados que pierden territorio
Una de las cuestiones más delicadas del texto, acordado tras varios meses de negociaciones intergubernamentales desde finales de 2025, es qué ocurre con un país que pierde parte de su territorio. Los Estados afirman que esa pérdida no significa necesariamente que deje de existir.
El documento respalda una presunción a favor de la continuidad de esos Estados, incluidos su soberanía, sus derechos y responsabilidades y su pertenencia a Naciones Unidas. Con ello busca dar mayor certeza a países como las pequeñas islas del Pacífico.
Algo parecido ocurre con las zonas marítimas. Aunque una costa cambie físicamente, las ya establecidas conforme a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar pueden mantenerse, afirma la declaración. Esas zonas están directamente vinculadas a los derechos que los Estados ejercen sobre el océano y sus recursos.
Las consecuencias de la subida del mar no se limitan a la pérdida física de tierra, sino que también pueden salinizar tierras agrícolas y fuentes de agua dulce, aumentar las inundaciones y la erosión y afectar a la pesca, el turismo y el transporte. El texto pide incorporar estos riesgos a la planificación del desarrollo y a las políticas de protección social.
Para las comunidades a las que permanecer en el mismo lugar les resulte cada vez más difícil, la declaración señala que deben apoyarse las decisiones voluntarias de las personas afectadas y que cualquier traslado debe hacerse con dignidad. Si implica cruzar una frontera, tendrá que acordarse con los Estados correspondientes y respetar el derecho internacional.
El texto pide también proteger, preservar y documentar el patrimonio cultural que la subida del mar puede dejar inaccesible o destruir, como tierras tradicionales, cementerios, lugares sagrados, sitios arqueológicos y paisajes costeros.
Un texto sin carácter vinculante
La declaración no es un tratado y, por sí sola, no crea nuevas obligaciones jurídicas comparables a las de un acuerdo internacional vinculante. Sus dimensiones jurídicas se apoyan en normas ya existentes del derecho internacional, incluida la Convención sobre el Derecho del Mar.
El documento toma nota, además, de la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia sobre las obligaciones de los Estados frente al cambio climático y del trabajo de la Comisión de Derecho Internacional sobre el aumento del nivel del mar.
Guterres celebró la adopción del documento, aunque dejó claro que el siguiente paso será llevarlo a la práctica. “El aumento del nivel del mar se mide en milímetros. Pero su costo se mide en millones de vidas destrozadas, comunidades desarraigadas y futuros robados”, afirmó.
La OMM ha acogido con satisfacción la declaración. “Comprender cómo está cambiando el nivel del mar, y lo que esto significa a escala local, depende de observaciones sostenidas –incluidos mareógrafos, satélites, el contenido de calor del océano, los cambios en la criosfera y en el agua terrestre y las mediciones del movimiento vertical del terreno–, junto con las observaciones meteorológicas necesarias para predecir tormentas e inundaciones costeras”, señaló en un comunicado remitido a la sesión de alto nivel.
“Sin embargo, persisten importantes lagunas, en particular en los océanos, en los pequeños Estados insulares en desarrollo y en otras regiones costeras vulnerables. No son simplemente lagunas en el conocimiento científico. Son lagunas en nuestra capacidad colectiva para evaluar el riesgo, prepararnos y tomar decisiones informadas”, advirtió el organismo.
El aumento del nivel del mar es uno de los indicadores climáticos clave que sigue la comunidad de la OMM, cuya coordinación, junto a la de otros organismos especializados de la ONU, reconoce la declaración.
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