El pasado mes de mayo fue el segundo mayo más cálido jamás registrado a nivel mundial, tanto en tierra como en mar, según ha informado el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), gestionado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, en un contexto de temperaturas cercanas a récords en la atmósfera y en el océano.
Calor global excepcional
En concreto, la temperatura media del aire en superficie fue de 15,81 °C, un total de 0,55 °C por encima del promedio y solo por detrás de mayo de 2024. En comparación, se situó 1,42 °C por encima de la media estimada del periodo preindustrial.
Mientras tanto, el promedio de la temperatura de la superficie del mar fue el segundo más alto registrado para ese mes, con 20,90 °C, solo por detrás de la de mayo de 2024, que alcanzó 20,93 °C.
En este marco, la superficie del Pacífico tropical registró temperaturas excepcionalmente altas, a medida que el Pacífico ecuatorial continúa su transición hacia condiciones de El Niño. De acuerdo con el organismo europeo, se espera que las condiciones de este evento, que probablemente provocaría fenómenos meteorológicos extremos a escala mundial, se desarrollen durante los próximos meses.
La responsable estratégica de clima del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, Samantha Burgess, ha comentado que mayo de 2026 “prolongó el excepcional calor global”, con temperaturas cercanas a los récords tanto en la atmósfera como en el océano.
Según Burgess, en Europa, una ola de calor inusualmente temprana e intensa demuestra lo rápido que los fenómenos climáticos extremos se están convirtiendo en la nueva normalidad en lugar de ser la excepción.
Ola de calor temprana
En lo que respecta a Europa, Copernicus ha incidido en que el continente transicionó de manera rápida entre condiciones mucho más frías de lo habitual y una de las olas de calor más intensas jamás observadas a principios de año en la parte occidental, que batió numerosos récords de temperatura para el mes.
De hecho, Francia, el Reino Unido, Irlanda y Portugal sufrieron condiciones especialmente severas. Según ha explicado el organismo europeo, los valores térmicos percibidos alcanzaron entre 35 y 40 °C en gran parte de la región.
Esos valores corresponden a condiciones de estrés térmico fuerte, por encima de 32 °C, y muy fuerte, por encima de 38 °C. Copernicus ha apuntado que es probable que la rápida transición aumentara los impactos sobre la población.
El organismo europeo ha señalado que esa transición dejó poco tiempo para que las personas se aclimataran a temperaturas mucho más altas. También ha apuntado a posibles efectos sobre los cultivos y ecosistemas durante la temporada de crecimiento, por la misma falta de tiempo para adaptarse a las nuevas condiciones térmicas.
Aunque Copernicus considera que el fenómeno fue notable, ha apuntado a que es coherente con el rápido calentamiento de Europa y con la tendencia a largo plazo hacia olas de calor más frecuentes, más intensas y que se producen antes en la temporada.
Esta lectura del organismo europeo sitúa el episodio dentro de una evolución más amplia en el continente, donde el aumento de la temperatura favorece que las olas de calor se adelanten, se intensifiquen y tengan una mayor frecuencia.
Sequía, lluvias y hielo
Por otro lado, Copernicus también ha señalado un contraste entre las condiciones secas y húmedas. Gran parte de Europa occidental, central y oriental, incluidas Italia y España, experimentó condiciones más secas de lo habitual.
Por el contrario, se produjeron inundaciones generalizadas en Turquía, Bulgaria y Moldavia, ya que algunas zonas del noroeste de Europa continental, el norte de Escandinavia, Finlandia, Turquía y la región del mar Negro registraron precipitaciones superiores a la media.
Entre otros detalles, Copernicus ha destacado que se observó un caudal fluvial superior a la media en la mayor parte de la Península Ibérica y Turquía, lo que refleja las secuelas del invierno húmedo en la Península Ibérica y las fuertes precipitaciones en Turquía.
A su vez, el organismo europeo ha resaltado que se recogió un caudal primaveral superior al promedio en varias zonas, entre ellas gran parte de la Península Ibérica. También ha destacado que España fue una de las regiones europeas que registró precipitaciones superiores a la media.
Por otra parte, Copernicus ha detallado que la extensión media del hielo marino en el Ártico en mayo fue alrededor de un 4 % inferior al promedio, por lo que se situó en el cuarto lugar entre las más bajas para este mes.
En la Antártida, la extensión mensual del hielo marino se situó aproximadamente un 9 % por debajo de la media, lo que la dejó en el séptimo lugar entre las más bajas registradas para ese mes, cerca de los valores observados en los dos últimos años.
Los datos de Copernicus reflejan así un mes marcado por temperaturas globales muy elevadas, tanto en la atmósfera como en el océano, y por señales de transición hacia condiciones de El Niño en el Pacífico ecuatorial.
El balance también deja una imagen de fuertes contrastes regionales en Europa, con sequía en amplias zonas, inundaciones en otros territorios y caudales superiores a la media en la Península Ibérica tras el invierno húmedo.
En paralelo, los registros de hielo marino en el Ártico y la Antártida se mantuvieron por debajo de la media, con valores situados entre los más bajos observados para un mes de mayo en ambas regiones polares.
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