La Amazonia suroccidental podría enfrentarse a un escenario de estrés hídrico cada vez más grave durante las próximas décadas si las emisiones globales de gases de efecto invernadero continúan creciendo. Así lo concluye un estudio publicado en la revista International Journal of Climatology (1), que analiza cómo evolucionará el llamado déficit hídrico acumulado en esta región clave del bosque amazónico hasta el año 2100.

La investigación está liderada por Débora J. Dutra, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE), junto a científicos de instituciones como el Met Office Hadley Centre del Reino Unido, la Universidad de Exeter, el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM) y el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA.

 

¿Qué mide el estudio?

 

El equipo de investigación analizó la evolución del denominado déficit hídrico acumulado (CWD, por sus siglas en inglés), un indicador que permite evaluar cuánta agua falta en un ecosistema a medida que transcurre la estación seca. Cuanto mayor es este déficit, más dificultades tienen los ecosistemas para mantener su funcionamiento normal.

El bosque amazónico depende de un delicado equilibrio entre las lluvias, la humedad del suelo y la evaporación

En el caso de la Amazonia, este indicador resulta especialmente relevante porque el bosque depende de un delicado equilibrio entre las lluvias, la humedad del suelo y la evaporación. Cuando ese equilibrio se rompe durante periodos prolongados, aumentan los riesgos para la vegetación, la biodiversidad y los ciclos naturales del agua.

Para realizar sus proyecciones, el equipo utilizó modelos climáticos de última generación incluidos en el programa internacional CMIP6, empleado también por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Los científicos/as evaluaron primero qué modelos reproducían mejor las condiciones observadas entre 1985 y 2024 y posteriormente proyectaron su evolución bajo distintos escenarios de emisiones.

 

Sequías más severas

 

Los resultados muestran diferencias muy claras según el nivel futuro de emisiones.

En el escenario más favorable, denominado SSP1-2.6, asociado a una reducción significativa de emisiones, los cambios en el déficit hídrico serían relativamente limitados. Sin embargo, los escenarios intermedios y altos —SSP3-7.0 y SSP5-8.5— presentan un panorama mucho más preocupante.

Según el estudio, bajo el escenario de emisiones más elevadas, los déficits de agua durante la estación seca podrían superar los 150 milímetros entre julio y septiembre, intensificando notablemente las condiciones de sequía en amplias zonas de la Amazonia suroccidental.

Las/os autoras/es detectan además una tendencia progresiva hacia un mayor agotamiento de los recursos hídricos a lo largo del siglo, con tasas de deterioro que podrían alcanzar 21 milímetros por mes hacia finales de siglo en los escenarios más cálidos.

 

Riesgos para el bosque

 

La Amazonia desempeña un papel fundamental en la regulación climática regional y global. Además de albergar una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta, actúa como un importante sumidero de carbono, absorbiendo parte del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas.

Los investigadores/as advierten de que un incremento persistente del déficit hídrico puede traducirse en periodos más largos de escasez de agua, afectando tanto a los ecosistemas forestales como a las poblaciones humanas que dependen de ellos.

El estudio señala que los cambios observados no se limitan a una reducción gradual de las lluvias. También aparecen indicios de una creciente inestabilidad hidrológica, con alteraciones en los patrones estacionales y un aumento de fenómenos que no responden a las variaciones climáticas habituales.

Mediante técnicas estadísticas de descomposición temporal, el equipo identificó posibles rupturas estructurales en el comportamiento climático de la región a partir de aproximadamente 2040 en el escenario SSP3-7.0 y después de 2050 en el escenario SSP5-8.5. Estos cambios sugieren que el sistema podría entrar en nuevas condiciones climáticas diferentes a las observadas históricamente.

 

Señales de inestabilidad

 

Otro de los hallazgos destacados es el incremento de la variabilidad residual observada en las simulaciones. En términos sencillos, esto significa que las anomalías climáticas extremas podrían hacerse más frecuentes y menos predecibles.

Los autores/as explican que las señales de estacionalidad también se amplifican en los escenarios de mayores emisiones, reflejando una mayor diferencia entre los periodos húmedos y secos del año. Esta situación podría agravar los impactos de las sequías, especialmente durante los meses tradicionalmente más secos.

El estudio subraya que la Amazonia ya se encuentra expuesta a múltiples presiones relacionadas con el calentamiento global. Entre ellas figuran el aumento de las temperaturas, la modificación de los patrones de precipitación y una mayor frecuencia de fenómenos extremos como las sequías prolongadas.

Según los investigadores/as, comprender la evolución futura del déficit hídrico resulta esencial para anticipar la vulnerabilidad de los ecosistemas amazónicos y diseñar estrategias de adaptación eficaces.

En sus conclusiones, el equipo destaca que la selección rigurosa de los modelos climáticos es fundamental para mejorar la fiabilidad de las proyecciones y apoyar tanto las políticas de adaptación climática como las estrategias de conservación forestal.

Referencias

 

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