El mundo deberá acelerar de forma extraordinaria la eliminación de dióxido de carbono (CDR) de la atmósfera si quiere cumplir los objetivos climáticos internacionales. Así lo concluye la tercera edición del informe Estado de la Eliminación de Dióxido de Carbono (1), publicada este 2 de junio de 2026, que advierte de que los compromisos nacionales actuales son insuficientes para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C y que el déficit anual de eliminación de carbono superará los 5.000 millones de toneladas de CO₂ en 2050.

 

Un déficit creciente

 

Los autores/autoras del informe sostienen que la reducción de emisiones continúa siendo la principal herramienta para combatir el cambio climático, pero subrayan que no será suficiente por sí sola. La eliminación de dióxido de carbono será necesaria para compensar aquellas emisiones que resultan especialmente difíciles de eliminar y para contribuir a estabilizar la temperatura global mientras sigan produciéndose emisiones de gases de efecto invernadero.

Según el estudio, retrasar una década los recortes de emisiones provocaría un aumento adicional del calentamiento global de alrededor de 0,15 °C, además de incrementar considerablemente la necesidad futura de recurrir a tecnologías y prácticas de eliminación de carbono.

Para cerrar la brecha prevista de aquí a mediados de siglo, la CDR debería expandirse a una velocidad comparable o incluso superior a la registrada por algunas de las transiciones tecnológicas más rápidas de la historia reciente, como el despliegue de la energía solar fotovoltaica o la adopción masiva de vehículos eléctricos.

 

Tecnologías aún incipientes

 

Actualmente, el planeta elimina aproximadamente 2.200 millones de toneladas de CO₂ al año, aunque casi toda esa capacidad procede de soluciones basadas en la naturaleza, especialmente la restauración forestal y otras prácticas terrestres.

Las tecnologías emergentes capaces de capturar carbono mediante máquinas o procesos minerales representan todavía apenas el 0,1 % del total de las eliminaciones, aunque muestran una tasa de crecimiento cercana al 40 % anual. Entre ellas destacan la captura directa de carbono del aire con almacenamiento (DACCS) y la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS).

El informe también detecta un aumento de la actividad económica relacionada con estas soluciones. La financiación destinada a investigación, proyectos piloto y empresas emergentes vinculadas a la eliminación de carbono ha crecido durante los últimos años. Asimismo, la inversión en este sector representa ya alrededor del 3 % de toda la inversión mundial en tecnología climática y experimentó un repunte durante el último año pese a la desaceleración general de las inversiones climáticas.

Sin embargo, los investigadores/investigadoras advierten de que el desarrollo de estas tecnologías continúa siendo vulnerable. Durante los últimos años solo se ha materializado aproximadamente el 20 % de la capacidad prevista para los métodos innovadores de eliminación de carbono, una señal de las dificultades técnicas, financieras y regulatorias que afrontan muchos proyectos.

La autora principal del informe, la profesora adjunta de la Universidad de Wisconsin-Madison, Morgan Edwards, señala que el incremento de las inversiones dependerá en gran medida de las expectativas sobre la demanda futura. Según explica, la actividad actual está concentrada en un número reducido de países y enfoques tecnológicos, lo que genera una importante vulnerabilidad frente a posibles cambios regulatorios o de mercado.

Conjunto de ventiladores de captura directa de aire / Imagen: Carbon Engineering Conjunto de ventiladores de captura directa de aire / Imagen: Carbon Engineering

 

Sin una solución única

 

El informe destaca que no existe una única vía capaz de resolver el desafío climático asociado a la eliminación de carbono. Los investigadores analizan una amplia variedad de métodos cuyos costes oscilan desde menos de 10 dólares hasta más de 1.000 dólares por tonelada de CO₂ retirada.

Las estimaciones más prudentes sitúan el potencial de la mayoría de estas tecnologías y prácticas en torno a 1.000 millones de toneladas anuales, aunque persisten numerosas incertidumbres sobre su viabilidad económica, sostenibilidad ambiental y aceptación social.

Los autores subrayan que la percepción pública será un factor decisivo para el desarrollo futuro de estos proyectos. En la actualidad, gran parte de la población conoce poco las tecnologías de eliminación de carbono y su grado de aceptación dependerá de los impactos locales que generen y de cómo se distribuyan sus beneficios económicos y ambientales.

El documento identifica el periodo comprendido entre 2026 y 2030 como una ventana crítica para consolidar el sector. Edwards señala que las tecnologías innovadoras de eliminación de carbono están creciendo rápidamente, pero insiste en que deberán expandirse mucho más deprisa y demostrar simultáneamente su capacidad para capturar carbono de forma fiable y generar beneficios adicionales, como la mejora de los suelos o nuevas oportunidades económicas.

Los responsables del informe concluyen que, si las emisiones globales no disminuyen con mayor rapidez y no se desarrolla una demanda sólida y predecible para las soluciones de eliminación de carbono de alta calidad, la distancia entre los objetivos climáticos y la realidad seguirá aumentando. Esto haría que alcanzar las metas internacionales fuese cada vez más complejo y costoso durante las próximas décadas.

El informe ha sido elaborado por especialistas de la Universidad de Oxford, el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, el Instituto de Investigación Climática de Potsdam, la Universidad de Wisconsin-Madison y la Universidad de Maryland, y constituye una de las principales evaluaciones internacionales independientes sobre el estado actual de la eliminación de dióxido de carbono.

Referencias

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