La temporada de deshielo del hielo marino del Ártico se ha alargado unos 7,4 días por década entre 1979 y 2024, principalmente porque la formación del hielo se produce cada vez más tarde en otoño, según una revisión internacional liderada por Melinda Webster, investigadora del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad de Washington, publicada el 2 de septiembre de 2026 en Nature Reviews Earth & Environment (1). El estudio analiza la transformación del hielo marino del Ártico y la Antártida durante aproximadamente los últimos 50 años y advierte de sus consecuencias para el clima y los ecosistemas polares.

El estudio analiza la transformación del hielo marino del Ártico y la Antártida durante aproximadamente los últimos 50 años y advierte de sus consecuencias para el clima y los ecosistemas polares

 

Un Ártico cada vez más cálido

 

Las investigadoras/es partieron de una realidad conocida: tanto la extensión como el espesor del hielo marino están disminuyendo, especialmente en el Ártico. Sin embargo, el nuevo trabajo amplía el análisis a otras características de la cubierta helada, entre ellas las propiedades del hielo perenne –el que consigue sobrevivir al deshielo del verano–, la nieve depositada sobre su superficie y su capacidad de reflejar la radiación solar, el albedo.

La revisión incorpora entre 15 y 20 años adicionales de datos respecto a evaluaciones anteriores para actualizar las tendencias y analizar cómo se ha transformado el hielo marino en el periodo más reciente. También compara las respuestas diferentes que están mostrando el Ártico y la Antártida frente al cambio climático y señala las principales incógnitas que deberán abordar las futuras investigaciones.

Uno de los resultados más destacados es el alargamiento de la temporada de deshielo ártico, que alcanza aproximadamente 7,4 días por década entre 1979 y 2024. El retraso en la formación del hielo durante el otoño desempeña un papel fundamental en esta tendencia.

El proceso tiene implicaciones para el sistema climático mundial debido a una propiedad fundamental del hielo marino: su elevado albedo. La superficie helada es capaz de reflejar hacia el espacio entre el 60 % y el 90 % de la luz solar, mientras que el agua oscura del océano refleja únicamente alrededor del 7 %.

Cuando desaparece parte del hielo y queda expuesto el océano, el agua absorbe una cantidad mucho mayor de energía solar, lo que aumenta su temperatura

Cuando desaparece parte del hielo y queda expuesto el océano, el agua absorbe una cantidad mucho mayor de energía solar, lo que aumenta su temperatura. Cuando llega el otoño, el océano permanece demasiado caliente para que el hielo se forme rápidamente y necesita más tiempo para liberar el calor acumulado.

Esta situación alimenta un proceso que se refuerza a sí mismo. El hielo estacional que termina formándose es más delgado y, por tanto, puede derretirse con mayor facilidad durante la primavera y el verano siguientes. De este modo, disminuye progresivamente la cubierta helada y aumenta la cantidad de energía que queda retenida dentro del sistema climático.

 

Menos nieve y hielo más fino

 

Los cambios no se limitan a la superficie cubierta por el hielo. La revisión constata también importantes transformaciones en sus propiedades físicas. Entre ellas figura una reducción media de 1,6 metros en el espesor del hielo marino invernal entre 1980 y 2023, además de una disminución de la profundidad de la nieve acumulada en primavera de alrededor de 2,5 centímetros por década entre 1954 y 2024.

La capacidad reflectante del hielo durante el verano también está disminuyendo. El estudio calcula una reducción del albedo superficial de alrededor de 0,03 por década entre 1979 y 2020, otro cambio que contribuye a aumentar la absorción de radiación solar por parte del sistema oceánico.

Estas modificaciones pueden tener importantes repercusiones para especies como osos polares y focas, que dependen de acumulaciones de nieve sobre el hielo para construir refugios y madrigueras en los que criar a sus descendientes

Según Webster, la cubierta de nieve sobre el hielo marino del Ártico se ha vuelto más fina, mientras que la propia superficie del hielo es ahora más lisa. Estas modificaciones pueden tener importantes repercusiones para especies como osos polares y focas, que dependen de acumulaciones de nieve sobre el hielo para construir refugios y madrigueras en los que criar a sus descendientes.

Las transformaciones afectan asimismo a la base de la cadena alimentaria marina. Las algas asociadas al hielo están adaptadas a condiciones de iluminación muy reducidas, pero una cubierta de nieve y hielo más fina permite que penetre una cantidad mayor de luz.

Webster explica que este incremento de la radiación puede perjudicar a unas algas acostumbradas a ambientes con muy poca luminosidad. Las alteraciones en estos organismos pueden propagarse posteriormente por toda la cadena trófica y tener consecuencias para los recursos pesqueros del Ártico y el subártico.

La transformación de un ecosistema históricamente adaptado a la presencia de hielo hacia unas condiciones con mayores superficies de océano abierto modifica así su funcionamiento habitual. Una reducción del alimento disponible en los niveles inferiores de la cadena alimentaria podría traducirse finalmente en una menor disponibilidad de peces.

 

La Antártida muestra otras tendencias

 

La Antártida es una masa continental cubierta de hielo y rodeada de océano, mientras que el Ártico es fundamentalmente un océano rodeado por continentes

La evolución de la Antártida presenta diferencias importantes respecto al Ártico. Webster recuerda que ambas regiones polares tienen configuraciones geográficas opuestas: la Antártida es una masa continental cubierta de hielo y rodeada de océano, mientras que el Ártico es fundamentalmente un océano rodeado por continentes.

Estas características hacen que los procesos dominantes y la respuesta frente a la variabilidad natural y el cambio climático provocado por las actividades humanas sean distintos. La revisión concluye que, en términos generales, las transformaciones observadas hasta ahora en el hielo marino antártico son menores que las registradas en el Ártico debido a las diferencias regionales y temporales.

Sin embargo, las/los investigadoras/es observan con preocupación la evolución reciente. Durante mucho tiempo, la cubierta de hielo marino antártico no mostraba una tendencia descendente comparable a la del Ártico, pero en los últimos cuatro años se han producido pérdidas récord, según explica Webster.

La científica señala además que obtener observaciones directas en la Antártida resulta logísticamente más complicado, mientras que las características de su sistema de hielo marino dificultan las mediciones. Comprender las causas de sus recientes cambios constituye por ello una de las prioridades de investigación identificadas en el nuevo trabajo.

La revisión coincide además con los preparativos para el quinto Año Polar Internacional, una iniciativa de observación científica coordinada destinada a mejorar el conocimiento de las regiones polares y seguir sus transformaciones ambientales. Las/los autoras/es consideran necesario reforzar la combinación de observaciones y modelos científicos para comprender mejor la evolución del hielo marino y su papel dentro del sistema climático terrestre.

 

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero

 

Ante estos cambios, Webster sostiene que la respuesta fundamental pasa por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque existen propuestas de geoingeniería destinadas a modificar determinados componentes del sistema climático, la investigadora señala que todavía hay poco consenso sobre su seguridad y utilidad.

Aunque existen propuestas de geoingeniería destinadas a modificar determinados componentes del sistema climático, la investigadora señala que todavía hay poco consenso sobre su seguridad y utilidad

La científica considera necesario que cualquier posible actuación de este tipo esté precedida por regulaciones internacionales y una investigación suficiente, elaboradas con participación de comunidades representativas. En cualquier caso, advierte de que estas intervenciones únicamente abordarían algunos síntomas y no la causa principal del problema.

Para Webster, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero continúa siendo, por tanto, la vía necesaria para actuar sobre el origen del cambio climático. Al mismo tiempo, la investigadora se muestra optimista ante el avance de la innovación científica y tecnológica orientada a conseguir esa reducción.

Referencias

 

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