Los sismómetros repartidos por España registraron el domingo 19 de julio las vibraciones provocadas por las celebraciones de miles de personas cuando Ferran Torres marcó el 1-0 durante la prórroga de la final del Mundial masculino de fútbol 2026, así como otros momentos destacados del partido, debido al movimiento simultáneo generado en hogares, barrios y concentraciones de aficionados.
Vibraciones en toda España
Las vibraciones del suelo fueron captadas por los aparatos de las redes del Instituto Geográfico Nacional –IGN–, del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya –ICGC– y de la Red Sísmica Educativa de Geociencias Barcelona del Consejo Superior de Investigaciones Científicas –GEO3BCN-CSIC–.
Gráfica de las vibraciones registradas durante el partido / Imagen: GEO3BCN-CSIC Los registros del IGN y del ICGC fueron procesados por Jordi Díaz, investigador de GEO3BCN-CSIC, y mostraron señales coincidentes en estaciones repartidas por diferentes puntos de la geografía española. Los sensores reflejaron así la respuesta del terreno a las celebraciones simultáneas que se produjeron durante el encuentro.
El gráfico elaborado a partir de los registros recogió la huella sísmica de las celebraciones en lugares tan distantes como Algeciras, Alcoy, Cádiz, Granada, Elda, Huelva, Granollers, Barcelona y Lleida. La amplitud y claridad de las señales variaron en función de la localización de cada sensor y de la intensidad de las celebraciones cercanas.
Los aparatos identificaron tres picos claramente diferenciados durante el desarrollo del partido. Las alteraciones aparecieron de forma simultánea en distintos sensores de la red y coincidieron con algunos de los momentos más relevantes de la final.
El primero correspondió al gol de Ferran Torres, que abrió el marcador durante la prórroga. El segundo se produjo durante la celebración de otro tanto que posteriormente fue anulado por el videoarbitraje –VAR–, mientras que la señal más intensa de la noche apareció tras el pitido final.
La mayor sacudida no se produjo, por tanto, con ninguno de los goles, sino cuando terminó el encuentro. Ese momento generó una celebración generalizada y simultánea que quedó reflejada con especial claridad en los registros obtenidos por las diferentes estaciones sísmicas.
Señales detalladas en Cataluña
En Catalunya, los datos de la Red Sísmica Educativa, también analizados por Jordi Díaz, permitieron obtener una radiografía más detallada de las vibraciones generadas por los aficionados. La distribución territorial de sus sensores facilitó la observación del fenómeno en varias localidades.
Las señales quedaron registradas de forma clara en sismómetros situados en Sabadell, Mollet del Vallès, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, Banyoles, Olot y Torroella de Montgrí. Los movimientos detectados coincidieron temporalmente con las celebraciones producidas durante los momentos decisivos de la final.
Los equipos de la Red Sísmica Educativa ya habían registrado un fenómeno similar durante el partido de semifinales contra Francia. En esa ocasión, un sismómetro situado en Sabadell captó las vibraciones provocadas por las celebraciones durante el encuentro que permitió a España clasificarse para la final.
Los picos de movimiento detectados en el subsuelo coincidieron con el primer gol de Mikel Oyarzabal, que supuso el 1-0, y con el posterior tanto de Pedro Porro, que colocó el 2-0 en el marcador. Los sensores también reflejaron una vibración de menor intensidad durante la celebración de un gol que finalmente fue anulado.
Al igual que ocurrió en la final, la mayor alteración del terreno registrada durante la semifinal se produjo después del pitido final. Ese instante certificó el pase de España a la final del Mundial 2026 y provocó una celebración simultánea que quedó recogida por el sismómetro instalado en Sabadell.
El fenómeno también se había detectado en una fase anterior del torneo. Durante el partido de octavos de final contra Portugal, un acelerómetro del IGN situado en Algeciras captó las vibraciones generadas por la celebración del gol de Mikel Merino.
Un fenómeno ya documentado
No era la primera vez que los sismómetros registraban las consecuencias de una celebración multitudinaria relacionada con el fútbol español. Durante la final de la Eurocopa 2024 contra Inglaterra, los equipos instalados en Madrid y Barcelona mostraron un patrón similar.
En aquella ocasión, las personas congregadas en la plaza de Colón de Madrid y en la plaza de Catalunya de Barcelona hicieron vibrar ambas ciudades durante los principales momentos del partido. Los sensores registraron especialmente las celebraciones de los goles de Nico Williams, en el minuto 47, y de Mikel Oyarzabal, en el minuto 86.
En Barcelona, los temblores se midieron mediante el sismómetro del ICGC situado en el Portal de l’Àngel, a menos de cien metros del lugar donde se había concentrado el público. La cercanía del aparato permitió captar con claridad las vibraciones producidas por los saltos y movimientos simultáneos de los aficionados.
En Madrid, las señales fueron registradas por el sismómetro del IGN instalado en el Real Observatorio, situado a menos de dos kilómetros de la plaza de Colón. Los datos mostraron cómo las celebraciones colectivas podían generar movimientos suficientemente intensos como para ser detectados por los instrumentos científicos.
Este tipo de registros corresponde a una sismicidad inducida por la actividad humana, de una intensidad tan reducida que resulta imperceptible en la vida cotidiana. Sin embargo, los sensores sísmicos pueden identificarla cuando muchas personas saltan, corren o se desplazan al mismo tiempo.
El fenómeno había sido documentado en varias ciudades del mundo durante eventos deportivos y conciertos multitudinarios. En esos casos, la concentración de público y la repetición simultánea de movimientos generaron señales reconocibles en los instrumentos de medición.
La particularidad de los datos recogidos durante el Mundial 2026 fue que las señales no procedieron únicamente de los estadios ni de grandes concentraciones públicas. Los registros reflejaron también las celebraciones producidas en los barrios y en los hogares desde los que miles de personas siguieron el partido.
De este modo, los sensores distribuidos por España permitieron reconstruir algunos de los momentos decisivos del torneo a partir de las vibraciones generadas por los aficionados. Los goles, las decisiones del VAR y los pitidos finales quedaron registrados en el subsuelo como una huella física de las celebraciones deportivas colectivas.
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