Detrás de cada respuesta de un chatbot hay centros de datos y chips que se pagan, cada vez más, con deuda. El conglomerado japonés SoftBank ha lanzado esta semana una emisión de más de 11.000 millones de dólares en bonos de alto riesgo para financiar su próximo pago a OpenAI. En Estados Unidos (EE UU), crece el debate sobre quién pagaría la factura si la apuesta por la inteligencia artificial sale mal.

Sumario

 

Según las condiciones de la emisión recogidas por Reuters, el dinero cubrirá el pago de 10.000 millones del tercer tramo de su inversión en OpenAI, previsto para el 1 de octubre. En paralelo, el Banco de Pagos Internacionales (BPI) ha calculado que las cinco mayores tecnológicas invertirán más de un billón de dólares –un millón de millones– en IA entre 2025 y 2026.

 

Una inversión que supera los ingresos

 

SoftBank es ya el mayor emisor de bonos basura del año –deuda que paga más interés porque su emisor tiene más riesgo de impago–, con casi 15.000 millones de dólares colocados en 2026, según datos de Bloomberg. El coste de asegurarse contra un impago de la compañía ha alcanzado su nivel más alto en tres años.

Si los rendimientos de la IA decepcionan, un repliegue de la inversión podría convertir el actual auge del gasto de capital en un desplome

PABLO HERNÁNDEZ DE COS, director general del BPI

“Si los rendimientos de la IA decepcionan, un repliegue de la inversión podría convertir el actual auge del gasto de capital en un desplome”, ha advertido el director general del BPI, Pablo Hernández de Cos, en un discurso en Bombay (India)(1). Según las previsiones del sector que recoge el BPI, la inversión mundial en IA pasaría de unos 500.000 millones de dólares actuales a entre 3 y 4 billones en 2030.

Según el BPI, ese dinero procede cada vez más de deuda y crédito privado –préstamos que conceden fondos de inversión fuera de la banca tradicional– y no de los beneficios de las empresas. Buena parte de esa financiación es, a su juicio, opaca e interconectada.

Las grandes tecnológicas también han recurrido a los bonos. Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle emitieron 159.000 millones de dólares en deuda corporativa en los cinco primeros meses de 2026, más de lo que habían pedido prestado en los cinco años anteriores juntos, según la firma financiera Dealogic.

El mercado ya empieza a notarlo. Según ha publicado este martes Reuters, los inversores exigen más interés a las empresas ligadas a la IA: su diferencial –el interés extra que pagan sobre la deuda pública– ronda los 115 puntos básicos (1,15 puntos porcentuales), frente a 78 en el conjunto de empresas bien calificadas. Goldman Sachs prevé un récord de 420.000 millones de dólares en emisiones de las grandes tecnológicas el próximo año, un 60 % más.

Los gestores consultados no temen impagos, sino el volumen de deuda. Según BlackRock, algunas emisiones de empresas con calificación de doble A –la nota que mide su solvencia– se están pagando casi como si fueran de triple B, algo que atribuye a la oferta y la demanda y no a la calidad crediticia.

El problema de fondo es que los ingresos no crecen al mismo ritmo. La consultora Bain & Company calculó en 2025 que, para pagar la capacidad de cálculo prevista, el sector necesitará 2 billones de dólares de ingresos anuales en 2030, y que probablemente se quedará 800.000 millones por debajo de esa cifra.

Hay casos que ilustran esa distancia. El operador británico de nube Nscale asegura a sus inversores tener 103.000 millones de dólares en contratos, cifras que una fuente ha calificado de “ilustrativas”; casi la mitad procede de un acuerdo de 45.000 millones con Anthropic. En todo 2025, la empresa ingresó unos 33 millones, una cifra más de 3.000 veces inferior.

 

Las peticiones de apoyo público

 

La hipótesis de un respaldo estatal no nace de la nada. En noviembre de 2025, la directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, planteó que el Gobierno federal ofreciera una garantía –un backstop– para abaratar la financiación de chips y centros de datos. Poco después rectificó y aseguró que la empresa no buscaba ese respaldo.

OpenAI parece estar privatizando beneficios mientras busca formas de que el público sufrague los costes de cualquier posible fracaso de su estrategia empresarial

ELIZABETH WARREN, senadora demócrata por Massachusetts

“OpenAI parece estar privatizando beneficios mientras busca formas de que el público sufrague los costes de cualquier posible fracaso de su estrategia empresarial”, escribió en enero la senadora Elizabeth Warren en una carta al consejero delegado de la compañía, Sam Altman(2).

En esa carta, Warren recordó que OpenAI había pedido a la Casa Blanca en marzo de 2025 créditos fiscales, préstamos y otros instrumentos públicos para quienes construyen infraestructura de IA. En octubre, la empresa solicitó además extender a toda la cadena de la IA un crédito fiscal pensado para los semiconductores.

Una semana antes, Warren y otros tres senadores demócratas habían pedido al Consejo de Supervisión de la Estabilidad Financiera que investigara los riesgos de más de un billón de dólares de deuda proyectada para infraestructura de IA. Advertían de que esa deuda opaca expone a bancos, aseguradoras, fondos de pensiones y pequeños inversores(3).

Los vínculos financieros entre el Estado y las empresas estratégicas ya existen en otros sectores. En 2025, la Administración Trump se quedó con cerca del 10 % de Intel y el 15 % de MP Materials, dentro de su estrategia para depender menos de China en minerales críticos y semiconductores.

La IA podría seguir ese camino. Según el Financial Times, Altman ha propuesto que las principales empresas del sector cedan un 5 % de su capital a un fondo público inspirado en el de Alaska, que reparte dividendos entre sus residentes. Con la valoración de OpenAI, esa parte rondaría los 42.600 millones de dólares. Las conversaciones están en una fase inicial y podrían requerir una ley del Congreso.

 

La carrera con China como argumento

 

El debate ha coincidido con la propuesta de Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, de ralentizar el desarrollo de los modelos más avanzados, publicada el 12 de septiembre en el ensayo We Must Pace the Frontier. Amodei la justifica por la aceleración de la IA y por el incidente de los agentes de OpenAI que atacaron Hugging Face(4). Altman y Elon Musk la han respaldado.

El alarmismo, la confrontación y la competencia despiadada solo perturbarán el proceso de gobernanza mundial de la IA y no servirán a los intereses de nadie

GUO JIAKUN, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China

“El alarmismo, la confrontación y la competencia despiadada solo perturbarán el proceso de gobernanza mundial de la IA y no servirán a los intereses de nadie”, ha respondido el portavoz de Exteriores de China, Guo Jiakun. El diario estatal Global Times ha calificado el ensayo de “manual de Guerra Fría”.

El texto de Amodei vincula el freno a la rivalidad con Pekín. Sostiene que un ritmo coordinado permitiría avanzar sin sacrificar la ventaja comercial ni el liderazgo de EE UU, propone no vender chips avanzados a China y fija como objetivo ampliar la ventaja estadounidense en los próximos tres a cinco años.

Para coordinar el ritmo entre compañías, Amodei pide además una exención antimonopolio limitada a la seguridad. Ese punto concentra las críticas. David Sacks, exasesor de IA de la Casa Blanca y copresidente del consejo de asesores científicos del presidente, ha respaldado que ambas empresas frenen por su cuenta, pero sostiene que ya forman un duopolio en la IA más avanzada.

“Dejad de fingir que hay que suspender la ley antimonopolio para que podáis formar un cártel”, ha escrito Sacks en la red social X. Un análisis de Tech Policy Press sostiene, por su parte, que las propuestas de Amodei benefician a Anthropic.

Amodei reconoce en su ensayo que su empresa ha sido acusada de catastrofismo o de buscar una regulación a su medida, y defiende haber antepuesto la prudencia al beneficio. Las advertencias, además, no proceden solo de los directivos: este mes, el investigador Jacob Coxon dimitió de Anthropic acusando a la empresa y a OpenAI de actuar sin responsabilidad.

El gobernador de Florida, Ron DeSantis, ha unido las piezas del debate: a su juicio, las grandes empresas de IA podrían usar la regulación para blindar su posición y, si fracasan, reclamar un rescate con dinero público. Por eso defiende un consenso entre partidos: las empresas de IA “nunca deberían ser rescatadas”. La demócrata Alexandria Ocasio-Cortez también se opone.

Trump, en cambio, ha rechazado el freno con el argumento de que “quien gane la IA, gana”. En agosto ya había usado a China para defender los centros de datos frente a las moratorias locales, que han afectado al menos a 75 proyectos en el primer trimestre de 2026.

El sábado, Trump fue más allá: calificó de “engaño” el temor a que la IA se convierta en una superinteligencia –un sistema que superaría a las personas en prácticamente cualquier tarea intelectual– capaz de amenazar a la humanidad, y anunció una “Fuerza de IA” inspirada en la Fuerza Espacial.

En el mismo mensaje aseguró que no frenará un sector que, a su juicio, podría llegar a suponer hasta el 25 % del PIB de EE UU.

Este martes, ante la Asamblea General de la ONU, ha ido un paso más allá: “El uso de la palabra artificial hace que la inteligencia sea falsa, hace que suene falsa, y no es falsa. En realidad es asombrosa”, ha dicho. Ha anunciado que los documentos del Gobierno usarán a partir de ahora el término “superinteligencia” –en su caso, un nuevo nombre para la IA actual, no el concepto técnico–, aunque según AP no está claro que exista una orden oficial.

Para Politico, esa prioridad estratégica complica el escenario: si ganar la carrera sigue siendo un objetivo nacional, cabría defender un apoyo federal en caso de crisis. Pero sería políticamente tóxico, con una mayoría de votantes que ve la IA como una amenaza y un creciente rechazo a los centros de datos por su consumo de agua y de energía.

El precedente existe: en 1971, el Congreso concedió a Lockheed 250 millones de dólares en garantías de préstamo –unos 1.900 millones actuales– por su importancia estratégica(5). La última posición pública de la Casa Blanca, expresada por Sacks en noviembre de 2025, es que no habrá rescate federal para la IA, y economistas como Michael Strain consideran más probable una corrección bursátil de entre el 10 y el 15 %.

 

  1. (1) Artificial intelligence, growth and financial stability: challenges for central banks. Banco de Pagos Internacionales.
  2. (2) Letter to OpenAI from Senator Warren (28 de enero de 2026). Senado de Estados Unidos.
  3. (3) Warren, Colleagues Press FSOC to Launch Probe into Financial Stability Risks of AI Debt Bubble. Comité Bancario del Senado de Estados Unidos.
  4. (4) We Must Pace the Frontier. Dario Amodei.
  5. (5) No Bailouts for Big Tech Billionaires: Policies for when the AI bubble bursts. Open Markets Institute.

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